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Líderes de protestas en Colombia rechazan actos vandálicos mientras la movilización continúa

Ciudadanos se enfrentan a las autoridades en una tensa jornada de disturbios en la capital colombiana. 22 de noviembre de 2019.
Ciudadanos se enfrentan a las autoridades en una tensa jornada de disturbios en la capital colombiana. 22 de noviembre de 2019. Mauricio Dueñas Castañeda / EFE

A pesar de que el país amaneció en relativa calma tras la jornada de las multitudinarias protestas del jueves 21 de noviembre, este viernes se presentaron múltiples enfrentamientos, saqueos y daños a propiedades públicas y privadas en varias ciudades, actos rechazados por los líderes del paro.

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Colombia vive una nueva jornada de tensión tras las protestas del jueves, 21 de noviembre. En ciudades como Bogotá y Cali, se han registrado múltiples actos vandálicos, lo que ha desembocado en enfrentamientos con las autoridades.

Frente a ello, el Comité Nacional de Paro, que convocó la huelga del jueves, confirmó su apoyo a las manifestaciones cívicas, pero condenó los actos vandálicos que se han presentado. Los líderes que conforman el Comité solicitaron una reunión de urgencia con el presidente Iván Duque para discutir las medidas del llamado 'paquetazo' que impulsa el Ejecutivo y que incluye proyectos de reforma laboral y pensional.

Además, convocaron un nuevo "cacerolazo", como el que tuvo lugar la noche anterior, para las horas de la tarde y resaltaron que "el Gobierno se equivocó al decir que no había razones para marchar. Rechazamos los hechos violentos de la Policía. Nos declaramos en Estado de alerta y que el Congreso y el partido de Gobierno estigmaticen al pueblo. Seguiremos manifestándonos pacíficamente".

No obstante, los hechos de este viernes incluyen saqueos a supermercados en el sur de Bogotá, bloqueos al sistema de transporte, graves daño a varias estaciones, el robo de un vehículo de transporte público y daños a propiedades privadas. En algunos puntos, incluso vándalos irrumpieron en viviendas, rompieron puertas y causaron destrozos.

La plaza de Bolívar, donde se encontraban cientos de manifestantes que protestaban pacíficamente y que iba a ser epicentro del más reciente cacerolazo, fue evacuada por las autoridades con el uso de gases lacrimógenos.

Los hechos violentos en Bogotá, que ya habían llevado a las autoridades a decretar ley seca desde el mediodía del viernes, hicieron que las autoridades locales declararan toque de queda en toda la ciudad desde las 21:00.

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El eco del metal se empezó a escuchar en Bogotá antes de las 8 de la noche, hora local, cuando muchos grupos de la manifestación ya se habían dispersado. Las ollas seguían sonando en la capital y en otras ciudades como Medellín, bastión del partido de Gobierno, cuando el presidente Iván Duque se dirigió al país para decir: “los estamos escuchando”. 

Para el grueso de los colombianos, el gesto de salir por la ventana a golpear un olla era inédito. La improvisada queja se escuchó incluso en barrios de clase media en Medellín y Bogotá. Muchos también salieron con sus sartenes a las calles y volvieron a marchar hacia el centro de la capital.

Mientras tanto, el presidente aplaudió la labor de las autoridades y reconoció que el espíritu del paro nacional fue principalmente pacífico. “Los estudiantes, los trabajadores, los artistas, y la gran mayoría de personas que se movilizaron lo hicieron con la intención legítima de hacer sentir su voz. Y los escuchamos”, dijo el presidente en medio de un discurso que no anunció medidas concretas para responder a las protestas.

Un discurso sobre seguridad y orden público que no abordó los temas de la protesta

La movilización de este jueves 21 de noviembre fue convocada en los primeros días del mes, luego de que se conociera la muerte de al menos 18 niños en un bombardeo en el departamento de Caquetá, sur del país. Los menores habrían sido víctimas de reclutamiento forzado por parte de grupos ilegales en esta región, tradicionalmente controlada por las guerrillas. Inicialmente, el Gobierno había presentado el operativo como un éxito.

Con el paso de los días y la presión del Congreso, el entonces ministro de Defensa, Guillermo Botero, renunció a su cargo. Pero eso no disminuyó los ánimos y el descontento contra el Ejecutivo.

Para este jueves, las causas de la movilización se habían multiplicado. En las calles se estaba rechazando la posibilidad de una reforma pensional y laboral, los estudiantes y profesores estaban pidiendo más atención y presupuesto; para reivindicar su autonomía, grupos indígenas marcharon con una larga bandera roja y verde, distintiva del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), una de las agrupaciones indígenas más grande del país.

Muchos de estos grupos llegaron pacíficamente hasta la Plaza de Bolívar, donde coinciden los principales poderes del país. Pero un grupo de manifestantes arremetió contra la Alcaldía, y los uniformados del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) respondieron con gases lacrimógenos que en pocos minutos vaciaron la plaza en la que había personas de todas las edades. 

La vicepresidenta Marta Lucía Ramírez también afirmó que la violencia vino de una minoría.

En distintos puntos del país se siguieron registrando choques y movilizaciones pacíficas en el marco del paro nacional. Algunos hechos más violentos ocurrieron en Cali, una importante ciudad al suroccidente del país, donde hubo saqueos a negocios en distintos puntos de la ciudad. Allí se decretó el toque de queda y como en otras ciudades de Colombia, todavía no se calcula el monto de los daños.

En Bogotá, por ahora, las autoridades cuentan 64 estaciones del sistema de transporte con daños. En la mañana de este viernes 22 de noviembre, el Ministerio de Defensa reportó que tres personas murieron en medio de las manifestaciones.

“Garantizamos y garantizaremos la seguridad para los que marcharon”, dijo el presidente Duque al cierre de un discurso que también inició enfocado en los detalles sobre el “orden público”. “Y el pueblo colombiano puede tener la seguridad y la tranquilidad de que no permitiremos que ningún vándalo, que ningún violento amedrente a la sociedad”.

El presidente dijo que escuchó a los manifestantes, pero no aclaró qué escuchó

En general, el paro fue convocado como un gesto de rechazo al Gobierno de derecha. En las calles muchos pidieron que se retome el camino para implementar el acuerdo de paz, firmado con la exguerrilla de las FARC en 2016, durante el Gobierno de Juan Manuel Santos. Los quince meses de administración de Duque, en contraste, han sido distantes con el proceso. 

En marzo, el presidente objetó la ley que fijaba el funcionamiento de la Justicia Especial para la Paz (JEP), el mecanismo de justicia transicional diseñado en el acuerdo para procesar los crímenes cometidos en el marco del conflicto. El Congreso y la Corte Constitucional presionaron a Duque a firmar la aprobación de la ley, pero la puja marcó un punto de quiebre entre el legado del presidente Santos y su sucesor. 

En este año y tres meses del Gobierno Duque también se han multiplicado los asesinatos a excombatientes de las FARC que se habían acogido al acuerdo. En paralelo, algunos desmovilizados volvieron a las armas, entre ellos alias Jesús Santrich y alias Iván Márquez, dos de los líderes guerrilleros que hicieron parte de la mesa de negociación en La Habana, Cuba.

Por otro lado, a Rodrigo Londoño, quien hoy lidera el partido FARC, se le vio marchar en Medellín, ciudad de natal de Álvaro Uribe, expresidente y padrino político de Duque. Este episodio, sumado al resonar de cacerolas en la noche, dejaron la sensación de un descontento creciente, incluso en algunos sectores conservadores. 

“Personas de todo el espectro marcharon y espero que nuestro presidente entienda que tiene que tomar las riendas del país y darnos un camino seguro y esperanza para los jóvenes”, dijo a Reuters Pablo Merchán, un jubilado de 65 años que votó por Duque el año pasado. “Él ha estado en el cargo por más de un año y no ha hecho nada”.

Por ahora, es incierto si habrá una respuesta concreta del Gobierno a las múltiples quejas de los ciudadanos. Pero uno de los grupos que convocó a la huelga busca una reunión de urgencia con el presidente Duque. “El Comité Nacional de Paro solicita de manera inmediata una reunión con el Presidente Iván Duque, que debata las motivaciones y razones de este paro: contra el paquetazo de medidas regresivas en materia económica, social, laboral y ambiental, por la vida, la paz y los derechos humanos.”

La Central Unitaria de Trabajadores, uno de los grupos que citó a la protesta, llamó a “toda la ciudadanía a estar prestos a desarrollar nuevas acciones en la calle si el Gobierno nacional mantiene la desatención a los reclamos”.

 

Con Reuters

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