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Colombia: segunda jornada de protestas contra el Gobierno en noche de toque de queda

Un manifestante golpea una olla durante una protesta en el segundo día de una huelga nacional, en Bogotá, Colombia, el 22 de noviembre de 2019.
Un manifestante golpea una olla durante una protesta en el segundo día de una huelga nacional, en Bogotá, Colombia, el 22 de noviembre de 2019. Luisa González / Reuters

Miles de colombianos salieron a protestar pacíficamente con cacerolazos contra el gobierno de Iván Duque por segundo día consecutivo el 22 de noviembre. En acciones separadas de la protesta ciudadana, grupos de encapuchados protagonizaron saqueos y actos vandálicos y las autoridades decretaron el toque de queda, una medida que no se tomaba hace 42 años.

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La capital de Colombia vivió dos situaciones opuestas la noche del 22 de noviembre. Por un lado, miles de ciudadanos se manifestaron de manera pacífica por segundo día consecutivo con cacerolazos en distintas partes de la ciudad contra el gobierno del presidente, el conservador Iván Duque. Por otro lado, en varios puntos de la ciudad tuvieron lugar saqueos y actos de vandalismo protagonizados por grupos de encapuchados.

El día terminó con el presidente Duque y el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, decretaron el toque de queda, una drástica decisión, criticada como exagerada por opositores del gobierno y que no se tomaba desde el paro cívico nacional de 1977.

Uno de los manifestantes que continuó el Paro Nacional con un cacerolazo en la noche del 21 de noviembre de 2019 en Bogotá, Colombia.
Uno de los manifestantes que continuó el Paro Nacional con un cacerolazo en la noche del 21 de noviembre de 2019 en Bogotá, Colombia. Luisa González / Reuters

Sin embargo, miles de personas desafiaron el toque de queda para continuar expresando pacíficamente su descontento. En la plaza de Bolívar, donde se concentró por segundo día consecutivo una manifestación contra el mandatario, miles de manifestantes se negaron a abandonar el recinto cuando el reloj indicó, a las 9 de la noche, que iniciaba el toque de queda. En otros puntos de la capital colombiana, ocurría algo similar, con la gente haciendo sonar sus cacerolas.

Las protestas contra el Ejecutivo iniciaron el 21 de noviembre con masivas movilizaciones que en su mayoría se desarrollaron de forma pacífica, aunque al final de la jornada se produjeron choques de algunos manifestantes contra policías. Sin embargo, ese mismo día, en la noche, un histórico cacerolazo (Colombia no tiene tradición de este tipo de protesta, común en otras latitudes) se tomó las calles en rechazo de la violencia, algo que se repitió la noche siguiente, el viernes 22.

"Estoy aquí por la misma razón por la que todos los colombianos están aquí. Estamos cansados ​​del presidente Duque y estamos cansados ​​de (Álvaro) Uribe (expresidente y líder del partido de gobierno). Son un par de mentirosos. Nunca hacen lo que van a hacer. Es el peor gobierno desde que tengo memoria ", dijo uno de los manifestantes.

Los motivos del descontento son tan variados como quienes participan en la protesta: sindicatos, estudiantes, colectivos indígenas, feministas, campesinos... Rechazan las políticas sociales y económicas del mandatario, que contemplan reformas a las pensiones y a las normas laborales, pero también, las malas prácticas ambientales, la venta de empresas estatales, el fracking o la precarización de la educación. 

Una noche de temor e incertidumbre en la capital colombiana como no se veía en décadas

Mientras continuaban las protestas pacíficas, una ola de miedo difundida principalmente por las redes sociales, se apoderaba de Bogotá. Después de que durante la jornada se produjeran actos vandálicos y saqueos en distintas partes de la ciudad, al caer la noche las autoridades empezaron a recibir llamadas sobre presuntos intentos de asaltos a conjuntos residenciales en varias zonas del oeste y el norte de la capital. Por ello, vecinos de diferentes sectores de la ciudad formaron grupos de defensa en condominios y edificios para evitar ser víctimas de saqueos.

"Aquí estamos como cien personas haciendo vigilancia porque son cuatro las torres del conjunto", dijo a la agencia de noticias EFE Mario Riveros, habitante de un condominio de apartamentos en el barrio de Mazurén.

Militares patrullan por una calle de Bogotá durante un toque de queda en la ciudad. Bogotá, Colombia, el 22 de noviembre de 2019.
Militares patrullan por una calle de Bogotá durante un toque de queda en la ciudad. Bogotá, Colombia, el 22 de noviembre de 2019. Luisa González / Reuters

Los vecinos se armaron con cuchillos, palos, extintores de fuego y todo lo que pudiera servir para espantar a posibles invasores. En algunos barrios, como el de Mazurén, los habitantes dijeron haber escuchado disparos y en otros se activaron las sirenas de emergencia para cuando haya movimientos sospechosos. 

Las autoridades decidieron decretar el toque de queda, de 9 de la noche a 6 de la mañana del sábado. Sin embargo, horas después de haber iniciado, el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, restó importancia a las denuncias de intentos de saqueos en conjuntos residenciales. Dijo que la casi totalidad de las llamadas de denuncia no tenía un fundamento real,  habló de "una campaña orquestada" para "generar terror entre los ciudadanos", e invitó a la ciudadanía a "mantener la calma".

Críticos del gobierno que participaron en la jornada de protesta, como la representante del Partido Verde, Juanita Goebertus, calificaron la medida como exagerada:

El portal digital La Silla Vacía, por su parte, tituló: “Toque de queda: Duque y Peñalosa metieron saqueo y cacerola en la misma bolsa”, señalando: “El efecto entre los manifestantes, según lo visto anoche en los cacerolazos y las reacciones de líderes afines al paro, fue una sensación de que Duque privilegia la mano dura sobre el diálogo, a pesar de que ayer mismo anunció que la semana entrante convocará a una “conversación nacional”.

El caso es que Colombia, no solo su capital, entra en un terreno incierto y el presidente Duque enfrenta su mayor desafío en el año y tres meses que lleva de gobierno. Las protestas son alentadas por una multiplicidad de reivindicaciones y en ellas participan tanto sectores organizados de la sociedad, como los sindicatos, los movimientos indígenas y estudiantiles, como ciudadanos comunes y grupos informales, que han convergido todos en su indignación contra el mandatario del partido Centro Democrático, liderado por el expresidente Álvaro Uribe. 

Los organizadores del paro nacional del jueves 21 están preparando un pliego de reivindicaciones y han pedido suspender el trámite de una reforma tributaria que cursa en el Congreso, como lesiva a los intereses de la gente. No es claro si el presidente Duque se reunirá con ellos a partir del miércoles, ni cómo piensa el gobierno adelantar la “conversación nacional” que el mandatario anunció en una segunda alocución televisada la noche del viernes 22.

Lo único claro por ahora es que Colombia puede estar entrando en el camino de manifestaciones masivas de descontento contra los gobiernos de centro derecha que han emprendido países como Chile o Ecuador. Aún es pronto para decir si las manifestaciones de esta semana van a tener continuidad, pero es claro que las jornadas de protesta del 21 y el 22 de noviembre marcan un antes y un después en el país andino.

 

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