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Análisis

Colombia: el sonido de la cacerola en una protesta social inédita

La gente participa en una protesta masiva mientras continúa el paro nacional en Bogotá, Colombia, 27 de noviembre de 2019.
La gente participa en una protesta masiva mientras continúa el paro nacional en Bogotá, Colombia, 27 de noviembre de 2019. Carlos Jasso / Reuters

Una multitud de quejas contra el Gobierno de Iván Duque, marchas que no mueren en un día, toques de queda y cacerolazos; la inconformidad ciudadana se toma las calles como nunca antes en el país sudamericano. ¿Qué está pasando en Colombia?

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‘Somos la generación que no tiene nada que perder; ni empleo, ni salud, ni educación, ¿qué miedo vamos a tener?’ Esta es la frase que se repite, se replica y se modifica con toques de humor o crudeza en los carteles que muestran muchos de los jóvenes manifestantes en Colombia, que este 27 de noviembre cumplieron siete días protestando.

Esta consigna expresa el sentimiento que ha llevado a que la protesta que comenzó el 21 de noviembre sea diferente a las anteriores. Un sistema de salud deficiente, condiciones de empleo cada vez más precarias y políticas del Gobierno de Iván Duque que, de acuerdo con organizaciones estudiantiles, constituyen un incumplimiento a los acuerdos logrados el pasado 14 de diciembre, son algunas de las quejas.

Sin embargo, la protesta va mucho más allá. El Comité Nacional del Paro, del que hacen parte sindicatos, estudiantes y otras organizaciones sociales, resumió sus quejas en lo que ha llamado 'El paquetazo de Duque': la reforma tributaria, los proyectos de reforma pensional y laboral, la creación de un 'holding financiero' que agrupe a todas las empresas en las que el Gobierno tiene participación y una sobretasa a la energía aplicada a la industria y los hogares de los estratos medio- altos y altos. Según el Comité, se trata de reformas neoliberales promovidas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial.


Los colombianos que han salido a marchar también protestan por el aumento de asesinatos de líderes sociales e indígenas durante el Gobierno Duque y por la falta de compromiso en la implementación del Acuerdo de Paz que firmó el expresidente Juan Manuel Santos en 2016.  Las acciones militares del Gobierno, -como el ataque a un campamento de disidencias de la exguerrilla de las FARC, en el que murieron al menos 8 menores de edad-, y el regreso de políticas que recuerdan los 'falsos positivos' del gobierno de Álvaro Uribe, son otra razón para protestar.

Por su parte, los ambientalistas se han movilizado para rechazar el regreso de las aspersiones aéreas con glifosato, la caza de tiburones, la inacción frente al aumento de la deforestación y el cambio de opinión del presidente Duque frente al uso del fracking.

Y si los reclamos contra el Gobierno se acumulan, al Congreso no le va mejor. De los siete proyectos de ley que hacían parte de la consulta anticorrupción que tuvo más votos que Duque (11.645.000 frente a 10.398.689), tres se han hundido, otros tantos están en trámite y solo uno ha sido aprobado. Otro argumento de los colombianos para tomarse las calles.

Desigualdad, desempleo y una clase media que se cansó de “solo sobrevivir”

Para Néstor Rosania, director ejecutivo del Centro de estudios en Seguridad y Paz, una de las razones que explica la continuidad de la protesta es que este "ha sido un paro generalizado". No se trata de un solo sector que protesta mientras el resto del país observa, "la gente está cansada de solo sobrevivir".

Según le dijo Rosania a France 24, "aquí hay un conglomerado nacional donde cada uno tiene una serie de peticiones. Ya ni siquiera representa a una ideología, ha salido gente que ni siquiera tiene una vida política activa. No responde a un partido o líder político, sino que es un movimiento ciudadano, de identidades".

De acuerdo con Marc Hoffstetter, economista y profesor de la Universidad de los Andes, "parte del descontento que hay tiene que ver con las exigencias de servicios y bienes estatales por parte de una creciente clase media que ya no está satisfecha con el transporte, las carreteras, la salud y la educación que teníamos hace un tiempo".

En ese sentido, considera que la reforma tributaria que impulsa el Gobierno de Duque está mal orientada. "Con el recaudo que tiene el gobierno colombiano es muy difícil satisfacer esas nuevas exigencias de la clase media que ha crecido tanto. Entonces, una reforma tributaria que en últimas lo que hace es reducir los impuestos no va a ayudar", señaló en entrevista para este medio.
 

Cientos de personas participan de una concentración en la Plaza de Bolívar, este miércoles 27 de noviembre en Bogotá.
Cientos de personas participan de una concentración en la Plaza de Bolívar, este miércoles 27 de noviembre en Bogotá. Juan Zarama Perini / EFE


La reforma tributaria tampoco estaría haciendo mucho por mejorar la distribución del ingreso y por ende combatir la desigualdad, una tarea pendiente en Colombia. "Hacemos muy poco vía impuestos y muy poco vía transferencias del Estado para mejorar ese resultado, somos de los países que menos hacen en esa categoría. Eso ciertamente no es solo culpa de este gobierno, aunque el hecho de que las reformas tributarias, la que aprobaron el año pasado y la que están tratando de aprobar este año se hayan enfocado sobre todo en reducirle los impuestos a las empresas, pues señala un esfuerzo que no es coherente con mejorar esos indicadores", explica Hofstetter.

Para César Ferrari, profesor de economía de la Universidad Javeriana, el malestar por esa desigualdad está latente en las protestas. No solo en las de Colombia, sino también en el resto de Latinoamérica. Se trata de la región más desigual del mundo, en donde los niveles de crecimiento se pueden considerar "mediocres" en comparación, por ejemplo, de los de Asia. En entrevista con France 24, Ferrari destacó que el de Colombia no ha sido "un crecimiento inclusivo, ni lo suficientemente grande como para que la gente lo perciba".

Además de esa desigualdad estructural, las protestas se dan en medio de una coyuntura difícil para el mercado laboral. Según le explicó Ferrari a este medio, si se suman las tasas de desempleo y subempleo, resulta que "casi un 40% de la población no tiene ningún tipo de ingresos o, si tiene, son muy precarios".

Protestar por el derecho a protestar

"Solo los que ya habían nacido en 1953 habían sido testigos de una movilización ciudadana contra un Gobierno de la magnitud de la que hubo el pasado jueves (21 de noviembre) en Colombia", afirma el abogado constitucionalista Héctor Riveros, en una columna publicada por 'La Silla Vacía'.

La última gran movilización ciudadana se había dado en febrero del 2008, cuando los colombianos salieron a las calles para mostrar su rechazo a la guerrilla de las FARC. Ese cambio, de protestar contra un grupo armado a marchar para exigirle más al gobierno, fue destacado por el expresidente Juan Manuel Santos en un raro pronunciamiento vía Twitter:

 


Por primera vez en Colombia, la protesta generalizada ha durado más de un día. El temor que se vivió durante las noches en las que se decretaron toques de queda, (en Cali el 21 y en Bogotá el 22), debido a la circulación de videos y fotos de "vándalos" irrumpiendo en conjuntos residenciales, no apagó las protestas. Desde sus casas primero, y luego en las calles, los manifestantes aprendieron a "caceroliar". Toques de queda y cacerolas para protestar, cosas que la mayoría de los colombianos no había vivido antes.

Aunque hacía parte de las demandas iniciales, con el paso de los días la protesta por el derecho a protestar ha cobrado mayor relevancia. La muerte de Dilan Cruz ha reavivado el fuego y fue uno de los argumentos del Comité Nacional del Paro para convocar a una nueva movilización nacional el 27 de noviembre.

Como mostraron varias grabaciones que se difundieron en redes sociales, el estudiante recibió el impacto directo de un arma que utiliza la policía antidisturbios para dispersar a las personas. Luego de dos días en estado crítico, Cruz murió. Los organizadores del paro incluyeron entre sus exigencias al gobierno el desmonte de este escuadrón antidisturbios.

Manifestantes sostienen pancartas que reclaman por la muerte del estudiante Dilan Cruz mientras la gente se congregaba frente al hospital de San Ignacio, donde el joven manifestante fue herido de muerte por el escuadrón especial antidisturbios (ESMAD) en Bogotá, Colombia, el 25 de noviembre de 2019.
Manifestantes sostienen pancartas que reclaman por la muerte del estudiante Dilan Cruz mientras la gente se congregaba frente al hospital de San Ignacio, donde el joven manifestante fue herido de muerte por el escuadrón especial antidisturbios (ESMAD) en Bogotá, Colombia, el 25 de noviembre de 2019. Luisa Gonzalez / Reuters


La falta de claridad del gobierno, un ingrediente más de la manifestación

Mientras los jóvenes se toman las calles y se convierten en los grandes impulsadores de la protesta que ha vivido Colombia en los últimos días, el presidente más joven en la historia del país parece estar desconectado de esa realidad. Según explica Riveros, "Duque escogió representar el viejo mundo, no el de los millennials o centennials que son el 80% de los centenares de miles que marcharon el pasado jueves".

Para Rosania, fue un acierto que el mandatario diferenciara desde el principio la marcha pacífica de los actos violentos. Sin embargo, coincide con los demás analistas consultados en resaltar la falta de claridad de su mensaje. "Le falta claridad en el discurso sobre hacia dónde vamos, y la gente se lo está cobrando". Una falencia que no se ha evidenciado solo durante los días de la protesta, sino también en los precedentes.

Mientras Duque aseguraba que no iban a presentarse reformas laborales o pensionales, miembros de su partido, el Centro Democrático, proponían implementar el pago por horas para los jóvenes y o el pago inferior al salario mínimo para los recién egresados. Según Rosania, esos mensajes caldearon el ambiente.

"¿Hay una relación fisurada entre el partido de gobierno y el Gobierno? ¿O lo que está pasando es que las reformas no necesariamente las presentan en bloque, sino que pasan como artículos? son temas muy sensibles que pasan por debajo de la mesa", señala el analista.

El expresidente colombiano (2002-2010) y actual senador Álvaro Uribe habla con la prensa junto al candidato presidencial Iván Duque, en Bogotá el 11 de marzo de 2018.
El expresidente colombiano (2002-2010) y actual senador Álvaro Uribe habla con la prensa junto al candidato presidencial Iván Duque, en Bogotá el 11 de marzo de 2018. Raúl Arboleda / AFP

Ya en medio de las protestas, el presidente se demoró en tomar medidas concretas y, luego de anunciar la “gran conversación nacional” para discutir acerca de temas como el empleo, la educación y la lucha contra la corrupción, sus primeros interlocutores fueron los gremios empresariales, quienes no hacen parte de las protestas. Además, el domingo firmó el decreto para crear el Grupo Financiero Estatal Bicentenario, el ‘holding’ financiero al que se oponen los manifestantes.

Al mismo tiempo, el presidente añadió un componente social a la reforma tributaria que cursa trámite en el Congreso. Entre las medidas que anunció el 26 de noviembre se encuentran la devolución del 100% del IVA a las personas más vulnerables, tres días sin IVA al año y la reducción gradual de los pagos a la salud por parte de los pensionados que reciben menos de un salario mínimo.

Sin embargo, esto no fue suficiente para detener el llamado a paro para el 27 de noviembre. Los organizadores se mantienen firmes en sus peticiones, firmes los jóvenes en las calles, fortalecidos por el resultado inédito de esta protesta. Mientras tanto, el presidente da giros inesperados que no permiten predecir el rumbo que tomará su conversación nacional ni el fin de la marcha que comenzó el 21N.

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