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Las protestas se mantienen en Irak y terminan con el incendio de un consulado iraní

Manifestantes queman el consulado de irán en la ciudad de Nayaf este 27 de noviembre de 2019
Manifestantes queman el consulado de irán en la ciudad de Nayaf este 27 de noviembre de 2019 Reuters

En la ciudad de Nayaf, donde sucedió el incendio, se decretó el toque de queda. Las protestas se mantienen desde el 1 de octubre y se dirigen principalmente contra un Gobierno que tiene el apoyo de Irán.

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Entre llamas: así terminó la jornada de protestas que se vivió en Irak este 27 de noviembre. Grupos de manifestantes entraron e incendiaron el consulado iraní de la ciudad de Nayaf, una población a unas dos horas al sur de la capital, Bagdad. 

Es una de las expresiones más claras del sentimiento anti-iraní que cuaja entre los manifestantes desde que empezaron las protestas a principios de octubre. Los iraquíes salieron a las calles sobre todo en Bagdad y en las ciudades del sur del país, donde vive la población chiíta en una nación de mayoría sunita. 

El incendio no dejó ninguna víctima, ya que los trabajadores del consulado fueron evacuados antes de que los manifestantes entraran al edificio. A raíz del incidente, las autoridades locales decretaron el toque de queda en toda la ciudad. También establecieron que el día siguiente sea festivo.

Las protestas, principalmente motivadas por la corrupción de la clase dirigente y el Gobierno iraquí, pronto cumplirán dos meses. El índice de percepción de la corrupción de Transparencia Internacional sitúa a Irak en el lugar 168 de 180 países. 

El rechazo a las injerencias de Irán se extendió

Sin embargo, las protestas antigubernamentales también han ido adquiriendo un sentimiento contra Irán, el país vecino, a raíz de la cercanía entre el Gobierno de la república islámica e Irak. Muchos manifestantes consideran que Irán interfiere demasiado en los asuntos internos del país. 

De hecho, los iraquíes que salen a la calle culpan a Irán y a otras potencias extranjeras de bloquear el camino hacia la recuperación económica que anhelan desde que Irak venció al Estado Islámico en 2017. El fin de ese conflicto alimentó las esperanzas de la población de volver a prosperar.

Manifestantes acompañan el funeral de uno de los jóvenes que murió durante las protestas en Kerbala, Irak, el 27 de noviembre de 2019
Manifestantes acompañan el funeral de uno de los jóvenes que murió durante las protestas en Kerbala, Irak, el 27 de noviembre de 2019 Abdullah Dhiaa al-Deen / Reuters

Las protestas han agrupado a gente de distintos grupos religiosos, algo inaudito en un país normalmente dividido entre sunitas y chiitas. Sin embargo, los más jóvenes parecen dejar atrás estas diferencias para señalar a la clase dominante chiíta que ha ocupado el poder desde que los Estados Unidos provocaron la caída de Saddam Hussein en 2003. 

En la última jornada, las fuerzas de seguridad que intentan contener las protestas mataron a dos personas en Kerbala, cerca de Nayaf, donde se incendió el consulado, y en Bagdad, donde murieron dos manifestantes más. Desde el inicio de las movilizaciones, que pronto cumplirán dos meses, han muerto alrededor de 350 personas. 

El Gobierno ha impulsado algunas reformas económicas: el primer ministro iraquí, Adel Abdul Mahdi, prometió reformar su Gabinete y anunció cambios en materia de pensiones, normas anticorrupción y reglas electorales. Sin embargo, para muchos no es suficiente. "Estas reformas son solo palabras. Queremos acciones. Ya hemos tenido 16 años de palabras sin acciones. Nos han robado durante 16 años". Así hablaba a la agencia Reuters, Alia, una estudiante de 23 años.

Otro manifestante, Ali Nasser, desempleado, explicó que "empezaron pidiendo el fin de la corrupción". "Pero después de que el Gobierno empezara a matar a manifestantes pacíficos, no nos iremos antes de que la clase dirigente corrupta caiga". 

Con Reuters y EFE

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