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La cacería política de Luis Lacalle Pou

Luis Lacalle Pou en Montevideo, Uruguay, el 30 de noviembre de 2019.
Luis Lacalle Pou en Montevideo, Uruguay, el 30 de noviembre de 2019. Mariana Greif / Reuters

Tras la victoria electoral que le otorgó su elección como presidente de Uruguay, se alza una historia marcada por el surf, los cargos públicos y la caza de jabalíes. Este derechista acérrimo promete un gobierno basado en la "alternancia", la justicia y la lucha contra la pobreza. 

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En la vida de Luis Alberto Lacalle Pou hay tres obsesiones: la política, el surf y la caza. Pero, tal como caza jabalíes, caza electores. Acecha oportunidades de conquista y les lanza sus dardos diplomáticos hasta controlarlos, sin ceder ni un solo paso. Y fue justo esa la destreza que lo llevó a acariciar su más codiciado triunfo, ganar la Presidencia de Uruguay.

Aunque solo tomará posesión de su anhelado rol hasta el primer día de marzo de 2020, tanto él como muchos lo celebraron con banderas y aplausos en medio de una concentración que tiñó las calles de Montevideo de un apaciguador tono celeste. Pese a ello, son muchas las reacciones que rodean la elección de este férreo derechista de 46 años, la cual representa el fin de los tres lustros que ya sumaban los uruguayos entregados al izquierdismo.

Ama las camisas blancas. Suele combinarlas con jeans y, una que otra vez, las intercala con otras azules, como la bandera de su país. Sus críticos lo tildan de acomodado, de niño rico, pero cuando sube a un escenario de campaña se transforma. Se pasea de extremo a extremo empuñando el micrófono, su arma de combate, ese elemento que no soltó hasta no conseguir la meta de la elección y que asegura no abandonará hasta la muerte, como la mayoría de los políticos de la región.

Un grupo de simpatizantes de Lacalle Pou en Maldonado, Uruguay, el 19 de noviembre de 2019.
Un grupo de simpatizantes de Lacalle Pou en Maldonado, Uruguay, el 19 de noviembre de 2019. Mariana Greif / Reuters

En su tierra natal lo llaman "El surfista". Estudió en las mejores escuelas y, desde niño, nadó en un mar de privilegios, pero fue sobre las olas reales, las de sus costas favoritas, donde se sumergió en la pasión deportiva que practica cada vez que tiene tiempo. 

Con su padre, Luis Alberto Lacalle de Herrera, comparte no solo sangre, nombre y apellido, sino también la línea conservadora que lo ubica como el polo opuesto a su predecesor, Tabaré Vázquez. En medio de un entorno machista, su madre, Julia Pou, logró ser senadora, camino que su hijo decidió seguir al pie de la letra al convertirse igualmente en senador, diputado y hasta presidente de la Cámara de Representantes.

Ha sido padre tres veces. Afirma que los motores de su vida son ellos: Violeta, Manuel y Luis. Abandera el Partido Nacional y es el segundo de tres hermanos. Atravesó la adolescencia, su época más difícil, entre las alocuciones presidenciales de su padre, quien subió al poder cuando él tenía solo 16 años.

Este 30 de noviembre, ante de los ojos de Uruguay, de sus críticos y del mundo, vio llegar la escena que más esperó, el momento de agradecer a quienes confiaron en él y le dieron la estrecha ventaja que lo impulsó a vencer en segunda vuelta a Daniel Martínez, del partido Frente Amplio, el bastión del exmandatario José Mujica.

A los actos de celebración de su escogencia, este abogado de profesión, que asegura ser un biólogo frustrado, llegó con una línea clara: la de buscar el fortalecimiento político regional “sin importar la ideología”. Sin titubear, indicó que lo que estos comicios desmostraron es que debe ser más importante el diálogo que el miedo si de verdad se quiere sacar de la vulnerabilidad a los más pobres y no "hacer gárgaras con la pobreza". 

Con EFE, AFP, Reuters y medios locales
 

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