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El Sahel, en el centro del desafío del cambio climático

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Niamey (AFP)

A los ingentes desafíos que ya enfrenta el Sahel, como la pobreza, la presión demográfica o la violencia yihadista, se suma su vulnerabilidad al cambio climático.

Lluvias torrenciales, sequías y tierras deterioradas. Las perturbaciones vinculadas al clima son ya visibles en esta región subsahariana donde las temperaturas aumentan 1,5 veces más deprisa que en el resto del mundo.

- Clima más extremo -

En los años 1970 y hasta finales del siglo XX, esta región sufría las peores sequías del planeta.

Últimamente ha llovido más reverdeciendo zonas tradicionalmente secas, pero los científicos advierten de una especie de "vuelta a lo normal".

Ahora llueve en un año, en promedio, más que hace 30 años, explica a la AFP Gérémy Panthou, climatólogo de la Universidad francesa de Grenoble Alpes, que colabora con el observatorio Amma-Catch meteorológico en Africa occidental.

"Sin embargo, se observa un fuerte aumento de las precipitaciones extremas: las tormentas son más violentas y las sequías más severas", dice Panthou.

Estos fenómenos extremos se suman a la sobreexplotación de las tierras (cultivos, tala de árboles para leña...) que han alterado los ecosistemas y generan escorrentías en suelos incapaces de absorber el agua.

El resultado es que se multiplican las catástrofes, como las crecidas excepcionales del río Níger, que en 2012 dejó decenas de muertos y varios centenares de miles de desplazados.

Desde entonces, el escenario se repite regularmente. Desde hace tres meses, Bamako (Malí), Diffa (Níger) o Bangui (Centroáfrica) han sufrido inundaciones con consecuencias dramáticas para la población.

Otro efecto del calentamiento es la erosión costera, que cada año aumenta entre uno y dos metros Sengal y Yibuti y entre "veinte y treinta metros por año en el golfo de Guinea", según un informe alarmante de 17 países susaharianos en febrero.

- Crisis alimentarias y migración -

En el Sahel, dos de cada tres habitantes viven de la agricultura y de la ganadería pese a que la inmensa mayoría de tierras cultivadas carecen de sistema de riego.

El grupo intergubernamental de expertos sobre la evolución del clima (GIEC) prevé una disminución del 20% de las cosechas por década desde ahora y hasta el fin del siglo XXI en algunas zonas subsaharianas.

Aunque ya las crisis son crónicas. Entre junio y agosto de 2019, unos 9,7 millones de personas sufrían inseguridad alimentaria severa en Africa occidental, según la FAO.

Además de las inundaciones que obligan a los afectados a huir de sus viviendas, las sequías repetidas han provocado un éxodo rural masivo, aunque la cifra de "refugiados climáticos" es difícil de establecer.

En Níger, "miles de ganaderos que han visto sus rebaños diezmados por las constantes sequías, se han ido del campo a la ciudad", dice preocupado Hassan Baka, un responsable de Aren, el principal sindicato de ganaderos del país.

A finales de septiembre, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, manifestó su pesimismo ante el cóctel explosivo de pobreza, mala gobernanza, cambio climático y presión demográfica que "alimenta a los extremismos violentos".

La población del Sahel se multiplicará por seis para llegar a los 540 millones de aquí a 2100, según las proyecciones de la ONU.

"La escasez de recursos naturales exacerba las tensiones", recordó Guterres, citando los enfrentamientos por la tierra que protagonizan ganaderos y agricultores en Nigeria, y que dejaron centenares de muertos en 2018.

- Plan de urgencia -

En esta situación, 17 países del Sahel adoptaron en febrero un plan de inversiones climático de 350.000 millones de euros (unos 400.000 millones de dólares) para el periodo 2019-2030.

Como es urgente, el plan prevé también un programa prioritario evaluado en 1.300 millones de dólares para poner en marcha proyectos que permitan "limitar" las emisiones de gases de efecto invernadero y a las poblaciones "adaptarse al cambio climático".

Sin embargo, la población subsahariana ha mostrado una gran capacidad de adaptación.

Tras el desecamiento del lago Tchad, que ha perdido el 90% de su superficie en 40 años, muchos pescadores han empezado a cultivar las tierras fértiles que ha dejado la retirada del agua o a repoblar árboles, que han reverdecido el paisaje, recuerda David Cleary, responsable de agricultura de la ONG estadounidense The Nature Conservancy.

"Se suele presentar al Sahel como una causa perdida, pero está viviendo una evolución importante y muestra cómo podría ser el futuro más brillante", explicó a la AFP.

"Si el Sahel lo puede hacer, es muy alentador".

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