Saltar al contenido principal

Las protestas en Chile y Colombia desploman la popularidad de sus presidentes

Manifestantes ondean una bandera chilena y otra colombiana durante el tercer paro nacional en Bogotá el 4 de diciembre de 2019
Manifestantes ondean una bandera chilena y otra colombiana durante el tercer paro nacional en Bogotá el 4 de diciembre de 2019 Luisa Gonzalez / Reuters

Mientras Chile se acerca a los dos meses de manifestaciones continuas, Colombia acaba de entrar a su segunda semana de movilizaciones. Y aunque hay varios reclamos en común, un punto se une con cifras: la aprobación de ambos presidentes, Sebastián Piñera e Iván Duque, roza mínimos históricos.

Anuncios

Malas noticias para los Gobiernos de Chile y Colombia: el rechazo a sus líderes, el presidente Sebastián Piñera e Iván Duque respectivamente, se extiende entre la población. Los dos países latinoamericanos atraviesan fuertes movilizaciones que, a pesar de tener una intensidad y duración diferentes, comparten motivos y reivindicaciones que ponen en jaque las autoridades políticas.

La última encuesta de Gallup Poll (Invamer), publicada el pasado 4 de diciembre, concluye que solo el 24% de colombianos aprueba la gestión de Iván Duque. Es el número más bajo registrado por un presidente en la historia de Colombia: el 70% de la población rechaza el liderazgo del mandatario. La encuesta se hizo durante los primeros diez días de protestas, que empezaron el 21 de noviembre.

En el caso de Piñera, la cifra es aún más baja. El sondeo Plaza Pública Cadem, emitido el 2 de diciembre, asegura que el 82% de la sociedad chilena desaprueba la gestión del presidente, que tiene una popularidad solo del 10%. También es la peor cifra obtenida por un mandatario desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet en 1990. 

Duque es un presidente primerizo, de escasa trayectoria política y solo 16 meses en el poder. Piñera es un rostro conocido, que ya había sido presidente entre 2010 y 2014 y volvió a ganar las elecciones en 2018. A ninguno de los dos les está jugando a favor la novedad o la experiencia para hacer frente a las protestas sociales y la sociedad está juzgando claramente como insuficientes sus respuestas ante las crisis respectivas. 

Varios chilenos se manifiestan para dar respaldo a los que perdieron ojos durante las movilizaciones en Santiago el 12 de noviembre de 2019.
Varios chilenos se manifiestan para dar respaldo a los que perdieron ojos durante las movilizaciones en Santiago el 12 de noviembre de 2019. Ivan Alvarado / Reuters

Además, ambos gobiernos acumulan denuncias por uso excesivo de la fuerza de los cuerpos de seguridad. En Colombia, los agentes antidisturbios del ESMAD están en el punto de mira de los movimientos sociales después de que un agente asesinara a un estudiante que se manifestaba en Bogotá por un disparo a la cabeza con un artefacto supuestamente no letal.

En Chile, donde las víctimas mortales se elevan a 25, se investigan cinco muertes presuntamente por culpa de la fuerza pública, mientras que al menos 230 personas han sufrido lesiones oculares durante las protestas. Organizaciones como Human Rights Watch denunció  violaciones de los derechos humanos en el país por parte de agentes del Estado. 

Iván Duque no alarga la mano a las organizaciones sociales

La aprobación de Duque ya estaba en horas bajas antes de empezar las protestas y había alcanzado el 26%, solo dos puntos más que la cifra actual. Y es que la mala imagen del presidente no es solo una consecuencia de las movilizaciones del paro nacional, sino que también es una de las causas. Dos semanas antes de la primera jornada de huelga salía a la luz que el Ejército había matado a al menos ocho menores de edad en un bombardeo contra un campamento de disidencias de las FARC, lo que supuso un terremoto para el Ejecutivo y se cobró el cargo del entonces ministro de Defensa, Guillermo Botero. 

De hecho, sobre su figura se han centrado varias de las reivindicaciones de las protestas: no aprobar la reforma tributaria, evitar prácticas como el fracking, aumentar el presupuesto de salud y educación e implementar el Acuerdo de Paz, entre otros. Sin embargo, los gestos de Duque hasta ahora hacia un diálogo con las organizaciones sociales han sido más bien pocos. 

El presidente colombiano, Iván Duque, habla al país desde Bogotá tras las primeras movilizaciones del paro nacional, el 22 de noviembre de 2019
El presidente colombiano, Iván Duque, habla al país desde Bogotá tras las primeras movilizaciones del paro nacional, el 22 de noviembre de 2019 Presidencia de Colombia vía Reuters

La tercera jornada de paro nacional el pasado 4 de diciembre se convocó precisamente para reclamar una negociación con el presidente. Hasta ahora, Duque ha ofrecido un diálogo con representación de organizaciones sociales pero también con los gremios empresariales, o bien sentarse en la mesa solo con los convocantes del paro a cambio de que estos levanten toda forma de protestas. Ninguna de las dos opciones convenció a los organizadores del paro.

Colombia ya cumple dos semanas de movilizaciones, un hecho inédito en un país donde la política estuvo atravesada por el conflicto armado durante décadas. El Centro Nacional de Consultoría determinó que el 55% de los colombianos ven el paro como algo positivo y el 71% se declaran esperanzados por las oportunidades de mejoras sociales que comporta. Sin embargo, un 60% de los encuestados dijeron querer "volver a la normalidad". 

En Chile, Sebastián Piñera no dimite

Si las marchas en Colombia han sido mayoritariamente pacíficas y hasta festivas, en Chile la virulencia de las protestas no disminuye 50 días después de su inicio. Su primer damnificado: Piñera, que ha aceptado múltiples reivindicaciones por parte de los manifestantes menos la de su renuncia. 

Las marchas, que empezaron por el aumento del precio del transporte público pero terminaron como una masiva impugnación al status quo chileno, mantienen un amplio apoyo. La misma encuesta del 2 de diciembre registró un 67% de aprobación a las movilizaciones. Concretamente, un 89% de los encuestados respaldaban los "caceroleos" mientras que un 58% apoyaba las huelgas generales. 

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, da un discurso durante una ceremonia de cambio de gabinete, el 28 de octubre del 2019 en el palacio de La Moneda, en Santiago (Chile).
El presidente de Chile, Sebastián Piñera, da un discurso durante una ceremonia de cambio de gabinete, el 28 de octubre del 2019 en el palacio de La Moneda, en Santiago (Chile). Elvis González / EFE

La respuesta de Piñera empezó siendo gasolina al fuego de las protestas: decretó el estado de emergencia y militarizó las calles durante varios días. Sin embargo, con el paso del tiempo, empezó aceptando algunas de las demandas de la calle y derogó la subida de precio del transporte público, por ejemplo.

Sin duda, el gran logro de las movilizaciones fue lograr el compromiso del presidente con un proceso constituyente para sustituir la Carta Magna actual, heredera de la dictadura de Pinochet. El Congreso chileno aprobó un plebiscito con sufragio universal para que los chilenos decidan en abril si quieren una nueva Constitución y para elegir el mecanismo de redacción del nuevo documento. 

Sin embargo, ninguno de los gestos de Piñera han servido para aplacar los ánimos de una movilización social que sigue en las calles y que ahora pide una cosa más sin titubeos: su renuncia. 

Con EFE y medios locales

Boletines de noticiasSuscríbase para recibir los boletines de France 24

Página no encontrada

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.