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Los privilegios fiscales de los futbolistas, un debate en Bélgica

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Bruselas (AFP)

Bélgica quiere aumentar las cotizaciones de los futbolistas: los privilegios fiscales de los deportistas, en particular de las estrellas del balón, están en el punto de mira de los partidos políticos del país un año después del sismo judicial y económico que sacudió al fútbol belga.

¿Fue el 'Footballgate', un vasto escándalo de comisiones ilegales y de partidos amañados destapado por la policía lo que irritó al mundo de la política? La réplica, en todo caso, puede estar a la altura del sismo de octubre de 2018.

"No es defendible que deportistas bien pagados coticen menos a la seguridad social que las mujeres de la limpieza", lanzó el diputado liberal Egbert Lachaert.

"Nuestra propuesta es muy simple: suprimir íntegramente las ventajas fiscales y parafiscales de los deportistas", insistió en la misma línea su colega Joris Vandenbroucke, encargado del caso por parte de los socialistas.

El objeto del debate: la rebaja a los deportistas profesionales belgas en sus cotizaciones a la seguridad social. Gracias a ese sistema, su contribución mensual no pasa de los 900 euros, mientras que el resto de contribuyentes belgas paga el 38% (25% de cargas patronales y 13% de cargas salariales).

La rebaja tiene cada vez más críticos, con el salario anual medio de los futbolistas activos en Bélgica en 211.000 euros brutos, según el despacho Deloitte.

Este privilegio fiscal se debe a que "las carreras deportivas profesionales son relativamente cortas", explica Stijn Baert, profesor de economía del trabajo en la Universidad de Gante.

Pero para él, "el argumento no se sostiene: muchos futbolistas tienen una red interesante", susceptible de garantizarles un empleo una vez cuelguen las botas.

De ahí la voluntad de reformar el sistema, que encontró un amplio eco entre los partidos flamencos. Liberales, socialistas, conservadores, cristiano-demócratas, y ecologistas quieren legislar sobre la cuestión.

Algunos piden una supresión total del régimen actual, y otros un ajuste.

- 'Que formen un gobierno' -

En la región francófona, la iniciativa tiene por el momento menos peso. El PS, el mayor partido valón, "no tomó posición sobre el sujeto", y entre los liberales "el dosier está siendo analizado".

La reacción del mundo del fútbol belga, principal interesado, no se hizo esperar.

"Que ellos formen primero un gobierno", se mofó el presidente del Gante, en el periódico Het Nieuwsblad, mientras que el país espera la formación de un nuevo ejecutivo desde las elecciones de mayo.

La Liga Belga, por su parte, teme que su campeonato pierda competitividad respecto a las demás ligas.

"Somos octavos en la clasificación UEFA, primeros en la clasificación FIFA (de selecciones): es una buena situación, también debida al régimen" fiscal, argumenta la Pro League. "No sería deseable que las decisiones de hoy catapultasen al fútbol belga diez años atrás", añade.

- '¿El final para algunos equipos?' -

Y los otros deportes también se preocupan. Sin estar fontalmente opuestos a un ajuste del régimen fiscal, varios actores del ciclismo, el baloncesto o el voleibol belga se han puesto en guardia contra las consecuencias de una reforma demasiado radical para las disciplinas menos mediáticas.

Un cambio brutal del sistema actual podría "sonar a un final para algunos equipos", alertó a la televisión flamenca Jos Smets, director de la Federación Belga de Ciclsimo.

Varios partidos políticos han previsto mecanismos de compensación. Los socialistas quieren continuar subvencionando a las disciplinas más modestas, mientras que otros partidos optan por instaurar cotizaciones proporcionales a los salarios.

Habida cuenta del consenso político en torno a la necesidad de reformar el régimen fiscal, la cuestión no es tanto saber si las nuevas reglas serán adoptadas, sino cuándo.

El diputado conservador Wim Van der Donckt desearía ver la reforma aprobada "antes del inicio" de la próxima temporada (la liga 2020-2021 comenzará el 24 de julio).

Queda por hacerse con el voto de los diputados francófonos. "Siento que en el Parlamento se formó un gran movimiento para atacar esas ventajas", señala el socialista Joris Vandenbroucke.

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