Saltar al contenido principal

Los desafíos que enfrenta el entrante Gobierno de Alberto Fernández en Argentina

El presidente de Argentina, Alberto Fernández, toma posesión junto a la nueva vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, después de que jurara como máxima autoridad ejecutiva y política de Argentina, en Buenos Aires, el 10 de diciembre de 2019.
El presidente de Argentina, Alberto Fernández, toma posesión junto a la nueva vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, después de que jurara como máxima autoridad ejecutiva y política de Argentina, en Buenos Aires, el 10 de diciembre de 2019. Agustin Marcarian / Reuters
10 min

Este 10 de diciembre comienza el mandato de Alberto Fernández, nuevo presidente de Argentina. Su administración se enfrentará con no pocos desafíos. Estos son algunos de ellos.

Anuncios

La última medición oficial, del primer semestre de 2018, determinó que la pobreza está por encima del 35%. Y de acuerdo con lo calculado por el Observatorio de Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, en el tercer trimestre la cifra trepó a 40,8%. La inflación está en torno al 50% anual, el desempleo por encima del 10%.

La economía no crece, la industria trabaja con una baja porción de su capacidad instalada, el sector inmobiliario vive uno de sus peores años.

Y sobre el país pesa la espada de Damocles de la deuda, con vencimientos de decenas de miles de millones de dólares en la primera mitad de 2020 y, aunque el Banco Central recuperó algo de reservas en divisas desde las elecciones primarias, tras la imposición de un fuerte cepo a la compra de dólares, no es suficiente.

Es por eso que una de las primeras medidas del gobierno de Fernández será buscar un reperfilamiento de la deuda con los acreedores externos, tarea que estará en manos de su ministro de Economía, Martín Guzmán, experto en deuda soberana, académico argentino en la universidad de Columbia, en Nueva York, discípulo del premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz.

Según señalaba Guzmán en una presentación que preparó para un encuentro que sobre el tema organizó en Ginebra, Suiza, hace poco menos de un mes, durante 2020 y 2021 los tenedores privados de deuda Argentina no deberían recibir ningún pago, extendiendo los vencimientos de intereses y capital más allá de esos años.

De ese modo, Argentina dispondría de fondos para destinar a proyectos de desarrollo. Guzmán tampoco cree que el país deba recibir más dinero del Fondo Monetario Internacional, que aún tiene pendiente desembolsar unos US$11.000 millones de los US$57.000 que le otorgó a la nación durante el gobierno de Macri, a menos que ese dinero se utilice para inversiones productivas y no para el pago a acreedores privados.

La negociación con el FMI, dijo Fernández al anunciar su gabinete el viernes pasado, ya comenzó: "Con el FMI estamos trabajando, es un trabajo que debe hacerse silenciosamente". 

Por otra parte, para inyectar dinero en la economía, se espera un anuncio de aumentos a jubilados, pensionados y beneficiarios de planes sociales, así como empleados del Estado y algún tipo de bono para trabajadores del sector privado. También tiene en carpeta la introducción de una Tarjeta Alimentaria, para que los sectores de menores ingresos puedan comprar alimentos con dinero cargado en ese plástico.

Es posible que para financiar cualquier inyección de dinero apele a algún tipo de nueva presión impositiva, especialmente sobre el sector exportador agropecuario. Por la falta de acceso a crédito esa es una de las opciones, mientras que la otra es imprimir dinero, lo que llevaría a un incremento de la inflación.

Para Fernández, la prioridad es reducir la pobreza.

"Lo que sí es sólido es el compromiso nuestro es que el 41% de esos pobres que hay en Argentina van a ser nuestro primer centro de atención", dijo Fernández. "Si va a haber un privilegiado en la Argentina va a ser ese hombre, esa mujer, que ha caído en la pobreza".

Su equipo de ministros cuenta, precisamente, con carteras de Desarrollo Productivo, a cargo del economista Matías Kulfas, que se prevé se concentre en estrategias para el crecimiento y la distribución del ingreso; de Desarrollo Social, de Desarrollo Territorial y Hábitat, todos orientados, de uno u otro modo, a esos objetivos. 

Fernández dijo que tiene en mente enviar al legislativo un proyecto para la conformación de un Concejo Económico Social, organismo autónomo, y que exceda el mandato de un solo presidente, con el objetivo de trabajar en políticas de Estado para el desarrollo.

Ese cree que debe ser el espacio para que entre empresarios, trabajadores, sindicatos y Estado se negocien salarios y precios, algo clave a la hora de equilibrar ingresos, consumo e inflación.

Relaciones internacionales

El contexto internacional no es especialmente favorable en el inicio del gobierno de Fernández. Por un lado está la guerra comercial entre Estados Unidos y China, en un contexto defensivo del país norteamericano, que acaba de reestablecer aranceles para el acero y el aluminio argentinos (y brasileños).

La relación con Estados Unidos no solo es importante por cuestiones comerciales, sino por su capacidad de influir en el FMI, con quien Argentina debe avanzar en una nueva negociación de su deuda.

Y en China aparece un posible socio comercial que por un lado compre productos primarios argentinos y siga invirtiendo en el país, como ha hecho, por ejemplo, en proyectos de energía o minería.

Este 9 de diciembre, de hecho, Fernández se reunió con el vicepresidente del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional de China, Arken Imirbaki, enviado especial del presidente Xi Jinping, quien le entregó una carta manuscrita de Xi Jinping y lo invitó a visitar China.

Por otro lado, en Brasil, principal socio comercial de Argentina y primer destino de sus exportaciones, gobierna Jair Bolsonaro, con quien Fernández tiene pocos, sino ningún, criterio político, económico y social común. Más aún, el presidente argentino es cercano al exmandatario brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva, lo que lo pone aún a mayor distancia de Bolsonaro, quien a su vez ha criticado abiertamente la elección de Fernández como presidente.

Sumado a eso, Uruguay acaba de elegir un gobierno de centroderecha, en Bolivia Evo Morales debió renunciar y el gobierno interino también es de derecha, mientras Chile vive momentos de agitación contra el gobierno de Sebastián Piñera.

El presidente Alberto Fernández, junto a Felipe Solá, su canciller designado. Buenos Aires, Argentina, 9 de noviembre de 2019.
El presidente Alberto Fernández, junto a Felipe Solá, su canciller designado. Buenos Aires, Argentina, 9 de noviembre de 2019. Agustín Marcarian / Reuters

Para navegar estas turbulentas aguas de relaciones exteriores, Fernández nombró como Canciller a Felip Solá, exgobernador de la provincia de Buenos Aires, exsecretario de Agricultura e histórico hombre del peronismo.

Al nombrarlo en el acto de presentación de su gabinete, Fernández, dijo que pretende "que exprese nuestra posición en el mundo con lógicas políticas antes que con lógicas diplomáticas". 

Y que pretende que ponga el foco en el comercio exterior.

Además de eso, uno de los desafíos que deberá encarar es cómo posicionarse frente a la situación de Venezuela y a la histórica demanda sobre las Malvinas/ Falklands que Argentina mantiene con el Reino Unido.

Tensiones potenciales al interior de la coalición de gobierno

La coalición Frente de Todos tiene en su interior a peronistas clásicos, peronistas más de derecha, peronistas más de izquierda, y kirchneristas de diferente grado de cercanía con el presidente entrante, además de otros sectores políticos más vinculados con movimientos sociales o de izquierda.

A la coalición han brindado su apoyo personas fuertes de la política nacional y de las provincias, especialmente los gobernadores, y también ha recibido el respaldo de los sindicatos.

Todos estos actores, que hasta el momento aparecen unificados, tienen intereses comunes pero, también algunos contrapuestos. Y dependerá de la capacidad de Fernández de mantener a todos conformes, y también de la suerte y las circunstancias, que esa gran alianza no se resquebraje y, si lo hace, que al hacerlo no afecte seriamente la gobernabilidad.

Por ahora, en la distribución de los cargos del gabinete, una primera medida de la distribución del poder y la capacidad de incidir, se ve un equilibrio entre todos los actores. Pero los gabinetes pueden cambiar y las alianzas de poder también.

Tampoco está claro hasta qué grado la expresidenta Cristina Fernández, hoy vicepresidenta de Alberto Fernández, mueve los hilos del poder. Fue ella la que lo designó a él como el presidente de su vicepresidencia. Y son de ella la mayoría de los votos que llevaron a Fernández a la Casa Rosada. Y ella tendrá fuerte injerencia sobre el Senado y Diputados, con importantes bloques de legisladores que le responden.

Pero él es el presidente y en un sistema como el argentino, eso de por sí da un enorme poder. Además de que en sus dichos, ambos han dejado en insistido en que los roles están claros.

Relación con la Justicia y los medios

Entre otras cosas por las causas que han debido enfrentar –muchas siguen abiertas– exfuncionarios del gobierno de Cristina Fernández, y la propia expresidenta, que Alberto Fernández considera parte de una persecución iniciada durante el gobierno de Mauricio Macri, es que el presidente insiste en que se haga "una revisión seria y definitiva para que la Justicia funcione correctamente".

Espera, entonces, que la ministra designada en el área, Marcela Losardo, lleve adelante ese proyecto, una iniciativa que seguramente despierte roces con sectores de la Justicia, si es que logra avanzar en él.

Por otra parte, en el ámbito cercano al presidente se habla del concepto de "lawfare", que es una suerte de combinación de acciones en tribunales con lo que consideran campañas mediáticas para atacar a una figura. Es, dicen, lo que ha ocurrido con Dilma Rousseff o Lula Da Silva en Brasil, y lo que ocurre con Cristina Fernández en Argentina.

En ese señalamiento insisten en que los medios (que es la forma que utilizan para llamar a ciertos medios con los que Cristina Fernández estuvo enfrentada durante su gobierno, como el Grupo Clarín, por ejemplo) juegan un rol clave e ilegítimo.

Si las tensiones grandes medios-gobierno escalan a lo largo del mandato de Fernández, existe el riesgo de que se vuelva, por ejemplo, a un escenario de polarización de los discursos que organizan el debate político nacional.

Debate sobre el aborto

Aunque aparece defendiendo la idea, al menos, de despenalización, cabe recordar que algunos miembros de su alianza son refractarios a esa idea, entre ellos legisladores que en 2018 votaron contra la legalización de la práctica.

Por otra parte, hay todo un sector del peronismo que tiene raíces y una profunda fe católica, lo que implica que tanto en las bases como en los cuadros dirigentes habrá sectores que resistan cambios en la normativa.

 
Incluyendo al papa Francisco y los sacerdotes cercanos a él que están en Argentina, como el propio arzobispo de La Plata, Víctor Manuel Fernández, quien tras las declaraciones del presidente semanas atrás salió a decirle al presidente: Yo le escuché decir, antes de las elecciones, que no consideraba que este tema fuera una prioridad o una urgencia, que dividía al país y que había que analizarlo bien y con tiempo". Dijo, además, que muchos lo votaron confiando en esas palabras.

En principio, el ministro de Salud designado por Alberto Fernández, Ginés González García, ya dijo que prevé hacer cumplir el protocolo previsto para los casos de aborto no punible, para los que en el país persisten barreras de acceso.

Y si el presidente cumple con impulsar un proyecto de ley, volverán las marchas y activismo de lado y lado. Y como en su coalición no todos piensan igual, es posible que ese debate afecte la estabilidad de ese espacio político y fuerce su reconfiguración.

Boletín de noticiasSuscríbase para recibir los boletines de France 24

Página no encontrada

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.