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El nuevo país que no quiere nacer en Europa del este

La gente participa en una manifestación contra los acuerdos de integración entre Belarús y Rusia, en Minsk, en Belarús, el 7 de diciembre de 2019.
La gente participa en una manifestación contra los acuerdos de integración entre Belarús y Rusia, en Minsk, en Belarús, el 7 de diciembre de 2019. Yauhen Yerchak / Reuters
Texto por: Xavier Colás
6 min

Mientras en varias partes del mundo se convocan a movilizaciones por la independencia de algunos territorios que claman autonomía, en Minsk protestan contra una mayor integración entre Belarús y Rusia, una fusión que corresponde a un antiguo proyecto.

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En las calles de Cataluña grupos ciudadanos independentistas piden separarse de España. En Reino Unido la victoria de Boris Johnson ha lanzado a los nacionalistas escoceses a pedir un segundo referendo para escindirse. Pero en un país del este de Europa se producen estos días movilizaciones con un motivo diferente: quedarse como están. Cientos de manifestantes han protestado estos días en Minsk contra una mayor integración entre Belarús (Bielorrusia) y Rusia. Durante la movilización, algunos se enfrentaron a los agentes del edificio del Gobierno. Los manifestantes coreaban consignas de "no a la integración" o "Belarús es Europa".

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha ayudado a apuntalar en el poder al presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, en los últimos 25 años con préstamos y subsidios energéticos. Pero Moscú comenzó a reducir esta ayuda el año pasado, lo que llevó a Lukashenko a acusar a Rusia de tratar de intimidar a su país para que se sume a la unión, un proyecto que lleva dos décadas sobre la mesa.

Moscú y Minsk tratan este mes de recuperar ese espíritu de unidad. En la calle algunos temen que una mayor relación con Rusia recorte su independencia. Fusionar estos dos países es un proyecto viejo, pero la teoría ha corrido más que la práctica.

La cumbre entre Putin y Lukashenko, ni para atrás ni para adelante

Hace una semana se produjo el último intento de acercar posiciones. Las conversaciones entre los presidentes ruso y bielorruso en Sochi para una integración más estrecha de los dos países acabaron en un punto muerto que ha decepcionado a los que pujaban por la unión y no ha dejado tranquilos a los que en Minsk recelan del 'abrazo' de Moscú.

El tratado sobre la creación de la Unión de Belarús y Rusia fue rubricado en 1997. Lukashenko anunció las perspectivas de la introducción de la moneda única en 2004, pero el proyecto se retrasó una y otra vez. Legislación, Parlamento conjunto y Gobierno deberían ya ser los mismos, pero el proyecto languideció hasta quedar aparcado en 2011.

La llegada al Kremlin de Dimitri Medvedev, que ocupó el puesto de Putin entre 2008 y 2012, no ayudó al proyecto por las malas relaciones de él y su equipo con Lukashenko y su entorno. 

El presidente ruso, Vladimir Putin, pronuncia un discurso durante una sesión del Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF), Rusia, el 7 de junio de 2019.
El presidente ruso, Vladimir Putin, pronuncia un discurso durante una sesión del Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF), Rusia, el 7 de junio de 2019. Maxim Shemetov / Reuters

El regreso de Putin en 2012 abrió expectativas de algún avance. Pero el desamor volvió con la guerra en el país vecino: en 2014, cuando Alexander Lukashenko defendió la integridad territorial de Ucrania y no reconoció la anexión de la península de Crimea por parte de la Federación de Rusia. Fiel a su papel de equilibrista entre Moscú y Bruselas, logró que le fuesen levantadas las sanciones económicas que pesaban sobre su país. Pero al mismo tiempo Minsk fue la anfitriona de las conversaciones de paz con las que se Rusia volvió a asomar por la escena internacional, en un esfuerzo urgente por contener la sangría de vidas ucranianas que estaba provocando el conflicto en 2015.

Lukashenko es el líder más veterano de Europa, y ya ha anunciado que se presentará a los comicios de 2020. Para calmar los ánimos, el veterano líder ha prometido no firmar ningún documento que socave la soberanía del país, a pesar de la presión económica de Rusia. Pero al mismo tiempo avisó de que el proyecto común para ahondar en la integración entre las partes se encuentra en la "fase final”.

El presidente de la República de Belarus, Alexander Lukashenko indicó en una rueda de prensa integrará su país con Rusia si hay una amenaza a su soberanía. La afirmación la hizo después de votar en las elecciones parlamentarias de su país, dejando en evidencia el distanciamiento entre Minsk y Moscú, aliados históricos. Minsk, Belarus. 17 de noviembre de 2019.
El presidente de la República de Belarus, Alexander Lukashenko indicó en una rueda de prensa integrará su país con Rusia si hay una amenaza a su soberanía. La afirmación la hizo después de votar en las elecciones parlamentarias de su país, dejando en evidencia el distanciamiento entre Minsk y Moscú, aliados históricos. Minsk, Belarus. 17 de noviembre de 2019. Vasily Fedosenko / Reuters


Para Putin, Belarús es un buen aliado y un eficaz Estado tapón con la frontera europea, donde la OTAN es una presencia molesta. Para Lukashenko Rusia es el "hermano mayor", fuente de subvenciones aunque a cambio de controlar importantes resortes del país, como la empresa Beltransgas, responsable del tránsito de gas por Belarús. A Lukashenko la UE lo etiquetó como "el último dictador de Europa", pero la guerra de Ucrania que siguió al derrocamiento popular de Victor Yanukovich ha aparcado la idea de democratizar esta última reliquia soviética. Los riesgos de desenlace violento, como se ha visto, son muy altos.

Para Maxim Samorukov, analista del centro Carnegie de Moscú, "Rusia necesita que Belarús y Lukashenko sirvan de ejemplo atractivo para otros gobernantes postsoviéticos de lo beneficiosa que puede ser la integración con Rusia". Tiene pocas utilidades más, aunque se hable de hermandad eslava o su función de "Estado tapón". Al fin y al cabo Belarús es "una nación pequeña y pobre de solo nueve millones de personas, en la que apenas vale la pena derrochar miles de millones del Kremlin durante décadas".

El apoyo a una fusión total con Rusia no tiene el suficiente apoyo entre la ciudadanía 

El mandato actual de Putin termina en 2024 y la Constitución requiere que abandone el Kremlin. Sin embargo, algunos críticos han especulado que podría tratar de eludir el límite constitucional para servir más de dos mandatos consecutivos y retener el poder convirtiéndose en jefe de un Estado unificado ruso y bielorruso. El Kremlin lo niega y Putin no ha dejado claro qué pasa con los planes para unir a Rusia y Belarús.

El próximo 20 de diciembre habrá una nueva reunión. Pero la opinión pública está cada vez más en contra. Hace dos décadas, casi un tercio de los bielorrusos apoyaban una fusión total con Rusia. Para 2016 el porcentaje había caído a un escaso 10%.

La idea original era crear una sociedad política y económicamente integrada que pudiese potenciar la proyección de ambos Estados a nivel internacional, lograr la unificación de la legislación y elegir un Parlamento conjunto. Ahora se aborda proyecto a proyecto, tarifa a tarifa. Incluso se habló de un escudo, una bandera y un himno común. Pero el propio Lukashenko, siempre atento a los sondeos, ha vuelto a empujar el proyecto hasta el fondo del cajón.

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