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Resumen 2019

El lastre de Brasil, México y Argentina para la economía latinoamericana en el 2019

Un obrero trabaja en una obra en construcción en Buenos Aires, Argentina.
Un obrero trabaja en una obra en construcción en Buenos Aires, Argentina. Juan Ignacio Roncoroni / EFE

Una lenta recuperación en Brasil, la fuerte desaceleración en México y una Argentina en recesión; tres escenarios que ejemplifican los retos económicos de una región que no encuentra la senda del crecimiento, sin importar la orilla ideológica desde la que se gobierne.

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Termina un año -y una década- con cifras desalentadoras para América Latina y el Caribe. Poco a poco, los cálculos moderadamente optimistas que se hicieron al comienzo del 2019 dieron paso a la realidad de una región que sigue siendo incapaz de superar antiguos problemas: pobreza, informalidad, corrupción y desigualdad. 

Aunque preveía turbulencias en el contexto internacional, la Cepal estimaba que la economía regional crecería un 1,7%. Sin embargo, fue reduciendo esa proyección hasta llegar a un 0,1%, (según la previsión de noviembre), un crecimiento casi nulo.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) también rebajó su pronóstico de crecimiento de Latinoamérica al 0,2% para el 2019. Según este organismo, algunos factores externos tales como "el lento crecimiento mundial, los precios moderados de las materias primas y los flujos de capitales volátiles", afectan las perspectivas de crecimiento económico de la región.

En lo que respecta a la pobreza, los indicadores regionales vienen en aumento desde el 2015. La Cepal prevé que en el 2019 el número de personas en situación de pobreza aumente a 191 millones, "de los cuales 72 millones estarían en la pobreza extrema". Gran parte de este resultado se debe, según el organismo, a los incrementos en Brasil y Venezuela. 

Previsión de crecimiento para las tres principales economías de América Latina
Previsión de crecimiento para las tres principales economías de América Latina CEPAL, noviembre 2019

Ya en septiembre, cuando se esperaba un crecimiento económico del 0,5% para Latinoamérica y el Caribe, la tasa de desempleo regional era de 8%, la más alta en una década según la Oficina de Coordinación para el Desarrollo de la ONU (UNDCO) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Dichos organismos advirtieron que el pobre desempeño de la economía regional impediría luchar contra la informalidad, "que afecta al 50% de los ocupados en la región, alrededor de 140 millones de personas".

Detrás de estas cifras y promedios, la situación de cada país en "la región más desigual del mundo" es diferente. Mientras Venezuela sigue sumida en una crisis que impacta a todos sus vecinos, otros países afrontan protestas sociales e inestabilidad política. Las tres economías más grandes de Latinoamérica (Brasil, México y Argentina) se enfrentan a distintos escenarios que reflejan algunos de los problemas y retos endémicos de la región. 

Brasil: una recuperación a paso de tortuga

De "excesivamente lenta" califica el economista Ramón García Fernández, coordinador del curso de economía de la Universidad Federal de ABC, la recuperación económica de Brasil después de la crisis que vivió ese país entre el 2014 y el 2016. Las previsiones de crecimiento para el 2019 de la novena economía del mundo están entre 0,8% y 0,9%. La efectividad de las políticas de corte neoliberal del presidente Jair Bolsonaro, que asumió en enero, aún está por verse. 

"Esencialmente, la inversión en Brasil está muy baja y eso arrastra a toda la economía", afirmó García Fernández en entrevista con France 24. "El sector privado no invierte y el sector público, con los cortes hechos por el Gobierno, no consigue impulsar la actividad. Además, la pésima imagen internacional del Gobierno Bolsonaro ciertamente no ayuda a atraer inversiones". 

Como le explicó a este medio Sandro Maskio, profesor de Economía de la Universidad metodista de Sao Paulo, son múltiples los factores que explican la lenta recuperación de la economía brasileña. En el contexto actual, las familias tienen poca capacidad para aumentar el consumo, "el sector productivo tiene una alta capacidad ociosa y los empresarios tienen un bajo grado de confianza para aprovechar los fuertes flujos de inversión y el impulso productivo, especialmente porque la demanda interna es débil".

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, espera una recuperación económica con la aplicación de diversas leyes, entre ellas, la reforma de pensiones aprobada por el Senado.
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, espera una recuperación económica con la aplicación de diversas leyes, entre ellas, la reforma de pensiones aprobada por el Senado. Adriano Machado / Reuters

En cuanto al actual Gobierno, señala Maskio, si bien está afrontando "el principal problema macroeconómico del país, que es la crisis fiscal", adoptando una "plataforma reformista", su discurso es el de que se trata de un problema que puede resolverse rápidamente, "lo que no es posible".

Pero además, como le dijo a France 24 Gilberto Braga, profesor del Instituto Brasilero de Mercados de Capitales (Ibmec), en Río de Janeiro, Bolsonaro no ha sido hábil para tramitar las reformas económicas. "Ha cambiado varias veces a sus interlocutores, pensando que los grandes temas de interés general estarían por encima de los asuntos partidistas, algo que no sucedió. La agenda económica tardó mucho en avanzar". 

Por otra parte, es inevitable remitirse a la inestabilidad política y los problemas de corrupción que han golpeado a Brasil. "La victoria del presidente Bolsonaro fue en gran parte el resultado de un voto de protesta contra las políticas populistas de gobiernos anteriores, y contra el uso de la maquinaria pública para intereses privados", afirmó Maskio. 

Según el economista Carlos Stempniewski, "Brasil viene de un período de 20 años durante el cual se ignoraron todas las reglas de manejo cuidadoso de los recursos públicos". Stempniewski enumeró los lastres que carga la economía del gigante sudamericano: Un enorme gasto público, inversiones entregadas a los "amigos del gobierno", la falta de apoyo para el desarrollo de la industria y un mal manejo de los territorios amazónicos, son algunos de los problemas que cita el analista. "No es posible corregir tantos años de desgobierno en 12 meses, esta es una tarea de una década. El Gobierno ha hecho todo lo posible, a pesar de las presiones de los que antes detentaban el poder".

Datos oficiales exhiben una lenta recuperación de Brasil
Datos oficiales exhiben una lenta recuperación de Brasil IBGE

No obstante, Stempniewski se muestra optimista de cara al próximo año. Considera que el 2020 será "un año de reanudación de las actividades anestesiadas en las últimas dos décadas". El economista prevé una baja inflación, tasas de interés estables, la reactivación de la construcción y el trámite de la reforma tributaria. 

Otros analistas consultados por France 24 no ven un panorama tan auspicioso, y afirman que la recuperación seguirá siendo lenta. Para García Fernández, una "expansión modesta del consumo" puede impulsar un crecimiento de entre el 1,5% y el 2%. Sin embargo, considera preocupante el factor externo: "El saldo comercial viene cayendo y no creo que la devaluación del real sea suficiente para revertir la situación en un país en el que hasta la industria depende fuertemente de las importaciones".

Sandro Maskio señala que Brasil afronta una situación laboral compleja, ya que mientras el 11,8% de la población está desempleada, "a los empresarios les resulta difícil encontrar mano de obra calificada". Además, asegura que el crecimiento económico que se ha registrado en los últimos trimestres ha estado acompañado por una caída de la productividad. "Es decir, estamos creciendo poco y con una productividad reducida. Esto no es sostenible a medio y largo plazo".

México: ¿cuáles son las reglas del juego?

Muy alejada de la realidad se ve hoy, un año después de que Andrés Manuel López Obrador asumiera la presidencia de México, su promesa de que la economía crecería al 4% anual durante su gobierno. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la variación del PIB en los primeros nueve meses del año, en términos acumulados, fue del 0,0%. La previsión de crecimiento de la Cepal para México en el 2019 es de 0,2%. 

Según dijo a este medio José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC) de México, hay tres factores principales que explican la debilidad actual de la economía. El primero es que ya desde la administración anterior se venía observando una desaceleración industrial. El segundo es que el Gobierno de AMLO "decidió frenar la inversión y con ello lo que acabó implicando fue una disminución del crecimiento. Tercero, que en la industria de Estados Unidos, que es la que influye sobre México, se observa también una desaceleración, sobre todo en sectores como el automotriz".

Para Valeria Moy, directora general de 'México: ¿cómo vamos?', si bien el factor externo no ayuda, "en su mayoría esta desaceleración está hecha en casa". Como le explicó la economista a este medio, el cambio de gobierno trajo mucha incertidumbre, y es esa incertidumbre el factor que más está incidiendo en el estancamiento de la economía. Una incertidumbre que no se generó por el traspaso de poder en sí, sino por decisiones que tomó el ahora presidente, incluso antes de que comenzara su administración. Es el caso de la cancelación del aeropuerto de la Ciudad de México en Texcoco, que se llevó a cabo luego de una consulta ciudadana de cuatro días. 

Para Moy, este hecho supuso una ruptura de la confianza. "Fue una forma de tomar decisiones, más allá del aeropuerto, con un profundo desapego al Estado de Derecho, fue (decir) no me importa los contratos que haya, no me importa lo que se deba, no me importa el dinero que voy a tirar a la basura; no me importa si esta obra de infraestructura iba a cambiar las perspectivas de crecimiento del país".

El caso del aeropuerto no fue el único que, según Moy, mostró el irrespeto del Gobierno de AMLO por las reglas de juego. Poco después de la cancelación de la obra, la suspensión de las subastas de energía eléctrica también mermó la confianza, pues "había empresas que estaban invirtiendo de forma importante en el país". La disputa del Gobierno mexicano con empresas de Estados Unidos y Canadá por la construcción de una red de gasoductos aprobada durante la administración de Enrique Peña Nieto fue una muestra más de un accionar errático por parte de la administración AMLO. 

Tanto De la Cruz como Moy consideran que la reciente firma del nuevo Tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, el T-MEC, implicará un impulso necesario y positivo para la economía mexicana, aunque insuficiente. Según De la Cruz, "el tratado puede dar certidumbre en la inversión a mediano y largo plazo a sectores estratégicos como el automotriz, el energético y la economía digital. Sin embargo, me parece que en el corto plazo no va a ser el factor de reactivación económica, se requieren otros elementos para que eso ocurra".

Representantes de Canadá, México y Estados Unidos (en ese orden) muestran los documentos firmados que pactan un nuevo acuerdo comercial en la región.
Representantes de Canadá, México y Estados Unidos (en ese orden) muestran los documentos firmados que pactan un nuevo acuerdo comercial en la región. Henry Romero / Reuters

En ese mismo sentido, Moy señala que "para poder generar crecimiento económico sostenido en el largo plazo no basta con el comercio. México necesita invertir en infraestructura, en capital humano, en educación, en salud. México no se puede olvidar de hacer su chamba (trabajo) y no puede dejarle todo al TLC porque eso hizo con el tratado inicial y lo que vemos es que evidentemente los tratados de libre comercio no resuelven todos los problemas". 

Si bien el panorama para el 2020 es un poco mejor, las perspectivas de crecimiento son muy modestas. Para De la Cruz, este no pasará del 1% dados los recortes del Gobierno para el próximo año en inversión física y la influencia de la desaceleración industrial en Estados Unidos. Como señala Valeria Moy, "las perspectivas serán mejores que el 0% pero tampoco irán mucho más allá del 1 o del 1,2%; muy lejos de esos crecimientos del 2,5% (promedio anual durante el gobierno de Peña Nieto) que, si bien a mí me siguen pareciendo bajísimos para una economía como la mexicana, pues hoy suenan casi que aspiracionales".

Argentina: una economía en recesión y muchas preguntas hacia el futuro

El final del 2019 coincidió con el final del gobierno de Mauricio Macri, que llegó a la Casa Rosada tras 13 años de mandato de los Kirchner. Con todas sus promesas incumplidas, el empresario y político de derecha dejó a Argentina más pobre y endeudada, y les devolvió el poder a los peronistas. Alberto Fernández, junto a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, tiene el enorme reto de reactivar una economía que se contrajo un 2,5% en 2018 y que se contraerá un 3% en 2019, según las previsiones de la Cepal. 

El primer error de Macri, según los analistas consultados por France 24, fue aplicar reformas gradualistas para atacar el problema del déficit fiscal y reducir el gasto público. Aprovechando su buena imagen en el exterior y el momento de los mercados, Macri hizo uso del financiamiento externo para suavizar el impacto de los ajustes que implementó en un principio.

"Pero eso se terminó cuando el mercado bajó el pulgar el año pasado, lo que hizo que esos ajustes ya no pudieran ser compensados. Y eso hizo que la gente sintiera el impacto y fue de mayor magnitud que cualquier ajuste del gobierno de Cristina", le explicó a France 24 Martín Vauthier, economista y director de EcoGo.

"Se intentó un gradualismo que terminó siendo un no ajuste y luego un ajuste de shock", afirma Vauthier. Un shock que para los argentinos se tradujo en la caída del salario real, el aumento desmedido de los servicios públicos y una moneda depreciada. Para solucionar los problemas, el gobierno optó por acudir al Fondo Monetario Internacional, que le prestó a Argentina unos 57.000 millones de dólares. 

Un electorado desencantado y con hambre mostró en agosto de este año, cuando se celebraron las primarias en Argentina, que no le daría más oportunidades al gobierno de Macri. A las condiciones económicas ya desfavorables se sumó la incertidumbre con respecto al rumbo que le daría a la economía el peronista Alberto Fernández. La bolsa de Buenos Aires se desplomó y el peso cayó más del 30%. 

Miles de argentinos protestaron en las calles de Buenos Aires contra el préstamo 'Stand by' del FMI a la nación
Miles de argentinos protestaron en las calles de Buenos Aires contra el préstamo 'Stand by' del FMI a la nación Fabián Mattiazzi / EFE

"Lo que estamos viendo estos últimos meses, y particularmente desde el resultado de la elección primaria en agosto, es básicamente un nuevo salto en el tipo de cambio, un riesgo país que dejó afuera de los mercados a la Argentina y una caída en la demanda de pesos por parte de la población muy significativa, que llevó también a una aceleración de la inflación", señala Vauthier.

Datos oficiales revelan el crecimiento de la pobreza en Argentina
Datos oficiales revelan el crecimiento de la pobreza en Argentina Indec

Para el economista, bajar el riesgo país "porque esto determina la tasa de financiamiento en dólares" y recuperar la demanda de pesos son condiciones necesarias para reactivar la economía de Argentina. "La emisión monetaria que va a tener que hacer el Banco Central en estas semanas para financiar el déficit fiscal de diciembre y que probablemente tenga que seguir haciendo en 2020, si la demanda no logra absorber esos pesos, se terminan trasladando o bien a inflación, o bien a brecha cambiaria".

Por ahora, todos los ojos están puestos en el plan económico que presente el Gobierno de Alberto Fernández y en las alternativas que ofrezca para renegociar la deuda con el FMI. "Ya se iniciaron las negociaciones con el FMI y estamos empezando el diálogo con los acreedores", fueron las palabras del nuevo ministro de Economía, Martín Guzmán, durante la presentación del equipo económico del gobierno peronista. 

Alejandro Chafuen, director general internacional del Acton Institute, dice ser "muy pesimista" sobre el futuro de Argentina. "Con algunas variantes (Alberto Fernández) va a aplicar las mismas fórmulas populistas de los Kirchner. Van a tratar de aparentar que son más moderados para atraer inversiones, para traer plata para cumplir con sus promesas".

Para Vauthier, "es importante en los primeros meses despejar la incertidumbre vinculada a la deuda y lograr presentar un programa fiscal y monetario que sea consistente". Y es que, por ahora, la única certeza con respecto a la economía argentina es que el país tendrá que pagar, entre 2022 y 2023, "casi 40 mil millones de dólares al FMI".

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