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Resumen 2019

Enemigos íntimos: la cercana rivalidad entre los hombres más poderosos del mundo

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo ruso Vladimir Putin en Helsinki, Finlandia, el 16 de julio de 2018.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo ruso Vladimir Putin en Helsinki, Finlandia, el 16 de julio de 2018. Brendan Smialowski / AFP

Donald Trump admira a Vladimir Putin. Una amistad que, sin embargo, termina en el punto en el que empieza una rivalidad histórica entre Estados Unidos y Rusia por la hegemonía mundial. Desde la caída de la URSS, Estados Unidos domina el mapa, pero algunas decisiones de Trump han empujado a que Putin recupere terreno en el último año.

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"Con usted señor presidente, todos los caminos conducen a Putin", fueron las palabras que la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, dirigió, a principios de noviembre, a Donald Trump. 

No es casualidad: desde la postulación del empresario a las elecciones presidenciales de 2016, la comparación entre ambos mandatarios ha sido constante. Y no solo por el 'Rusiagate', la trama que investigaba el fiscal especial Robert Mueller y que relacionaba la victoria de Trump con la injerencia rusa; también por la admiración que ha mostrado constantemente el presidente estadounidense por el líder ruso. 

Por ejemplo, en el último G20, celebrado el 28 de junio en Osaka (Japón), Trump no dudó en hablar de la buena sintonía que mantiene con Putin: "Hemos mantenido reuniones excelentes. Hemos tenido una muy, muy buena relación (...) Y esperamos pasar un buen rato juntos. Cosas muy positivas van a salir de la relación".

Una intimidad que, sin embargo, no cambia la enemistad histórica entre las dos potencias mundiales por el control de la hegemonía internacional. Estados Unidos ganó la batalla con el fin de la URSS; una victoria que debilitó a Rusia... hasta que llegó Putin, en 1999, con el objetivo de recuperar la autoestima del país y situarlo como referencia mundial.

Sin capacidad militar suficiente para enfrentar la hegemonía de Estados Unidos, Putin ha aprovechado los errores de Trump y la estrategia del estadounidense de apartarse de las "ridículas guerras sin fin". Una actitud que ha permitido que en el último año Rusia se resitúe en el mapa geopolítico en zonas como Medio Oriente, Ucrania o América Latina.

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. France 24

Un error de Donald Trump aprovechado por Putin cambia las cargas en Medio Oriente: Estados Unidos fue el gran aliado de los kurdos, con los que consiguió acabar con el grupo Estado Islámico (EI) en marzo de 2019. Sin embargo, meses después, a Trump no le importó deshacerse de la alianza y retirarse de la frontera entre Siria y Turquía, dejando solos a los kurdos, que fueron expulsados por Ankara después de que Recep Tayyip Erdogan estableciera un perímetro de seguridad en la frontera del norte de Siria, con el objetivo de reubicar los tres millones de refugiados que hay en su país.

"Los kurdos no se explican lo que ha hecho el presidente de Estados Unidos. Ellos se sienten apuñalados por la espalda, pero es que incluso desde el Pentágono se cuestionan qué aliados pueden buscar después de lo que ha hecho Trump: ¿cómo se van a presentar al resto del mundo en el tablero geopolítico como un aliado confiable?", explica desde el norte de Siria, el periodista y especialista en Medio Oriente, Karlos Zurutuza, que además añade que no es solo la retirada lo que demuestra la "traición", sino la incomprensibilidad de los actos posteriores: "Después de la retirada, Trump pidió a los kurdos que fuesen a proteger complejos petrolíferos que ni siquiera estaban en territorio kurdo, sino árabe".

Mapa de la frontera entre Siria y Turquía, donde Estados Unidos retiró las tropas y Rusia aprovechó para ocupar la zona.
Mapa de la frontera entre Siria y Turquía, donde Estados Unidos retiró las tropas y Rusia aprovechó para ocupar la zona. France 24

Por su parte, Vladimir Putin ha aprovechado esta retirada y se ha establecido en la frontera junto a Turquía, uno de sus grandes aliados. La alianza, además de la que tiene con Siria, produce dudas entre unos kurdos a quienes también se han acercado: "Los kurdos siempre han tocado todas las puertas: desde Estados Unidos, pasando por la Unión Europea o Rusia. De hecho, han estado reunidos varias veces en Moscú, presentando su proyecto para establecerse en la zona. Un plan que desde Rusia se veía con buenos ojos, pero a la hora de la verdad nunca se ha materializado a nivel político", añade Zurutuza a este medio.

Esta ambivalencia predomina en la geopolítica que se aplica en Medio Oriente. Para Zurutuza, tanto Putin como Trump, y también la Unión Europea, se ven sometidos al presidente de Turquía: "El peligro de Erdogan es mayor que el de Estado Islámico. Con su ocupación del norte de Siria ha revivido todo tipo de cédulas terroristas. Rusia intenta que Turquía salga de la OTAN, mientras Estados Unidos y Europa tratan de que permanezca. En esa lucha el beneficiado es Erdogan que tiene a Europa amordazada con la amenaza de enviarles tres millones de refugiados si no le dejan reubicarlos en el norte de Siria".

Estas batallas por el territorio y el consecuente control del petróleo hacen que para Zurutuza se respiren tiempos de "Guerra Fría" en Medio Oriente: "A primera vista, desde Rojava el ambiente de 'Guerra Fría' es más que palpable. Cada día vemos cómo se cruzan patrullas estadounidenses con rusas y no hay que olvidar las presencias de Turquía, con el beneplácito de Putin, así como del régimen de Siria y los kurdos. La actuación de todos estos actores me recuerdan al Berlín del telón de acero. E incluso los kurdos del PKK hablan de una Tercera Guerra Mundial con todos los países matándose en Medio Oriente".

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. France 24

El factor Ucrania pone en aprietos a Trump y le da réditos a Putin: La llamada entre Donald Trump y el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, sigue retumbando al final del 2019. El magnate estadounidense está ad portas de un juicio político por abuso de poder y obstrucción al Congreso por el 'Ucraniagate'. El presidente de Estados Unidos pidió a Zelenski que investigara los negocios de Hunter Biden, hijo de Joe Biden, demócrata y posible rival presidencial de Donald Trump en las próximas elecciones. 

Trump aprovechó la llamada para presionar a Zelenski con no hacerle llegar la ayuda militar prometida de 400 millones de dólares para Ucrania si no iniciaba la investigación. Este escándalo provocó que altos cargos del Departamento de Estado y de la Casa Blanca testificaran en contra o a favor del presidente por priorizar sus intereses a los del país.

Sin embargo, para Carmen Claudin, investigadora sénior asociada al Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB) y experta en temas soviéticos y postsoviéticos, a pesar de los actos de Trump, Estados Unidos no ha visto afectada su política internacional en la zona: "Quien ha salido perjudicado es el propio Trump. En el espacio postsoviético no hay un sentimiento antiestadounidense, por lo que estas injerencias han ido en contra suya por buscar precisamente sus intereses personales. La trascendencia a nivel internacional ha sido de imagen, no de impacto real". 

Por su parte, Vladimir Putin, desde la llegada al poder de Zelenski, ha aprovechado para reconstruir unas relaciones con Ucrania rotas desde la ocupación de Crimea y la guerra del Donbass, como demuestra el reciente intercambio de presos entre ambos países.

Para Claudin, estos movimientos no tienen que ver con una recuperación geopolítica del terreno de Putin respecto a Trump, sino a una confluencia de intereses donde destaca, especialmente, la voluntad del presidente de Ucrania de conseguir sus objetivos: "Zelenski calcula que cambiando la atmósfera de la relación con Putin puede modificar el contenido de la relación, pero no creo que vaya a conseguirlo". 

En el último año, la estrategia rusa en el territorio conformado por las exrepúblicas soviéticas no ha consistido en buscar la confrontación con Estados Unidos; sino que Putin, como en todas sus acciones de política internacional, se ha limitado a esperar los errores de su rival para poder posicionarse mejor en lugares estratégicos. "Rusia está recuperando terreno gracias a la incapacidad y la miopía en política exterior de Trump, por lo que los éxitos internacionales de Putin vienen de la ausencia de política estadounidense", explica Claudin, que considera que mientras Trump impulsa la política de retirada en todo el mundo, el presidente ruso está aprovechando la situación en su beneficio.

En este contexto, Putin cumple 20 años al frente de Rusia, un tiempo en el que ha recuperado el poderío militar del país, cumpliendo con la idea patriótica —e histórica— de "volver a hacer grande a Rusia". Antes de su llegada, el presidente ruso consideraba que el país estaba de rodillas y tenía que levantarse. En este proceso de recuperación, aunque no haya batallado directamente con Estados Unidos, Putin sí ha aprovechado para recuperar la moral rusa, con acciones como la de Ucrania en 2014, que terminó con la anexión de Crimea y la Guerra en Donbass.

Mapa de Ucrania que muestra las zonas en las que Rusia interfirió en 2014 con la anexión de Crimea y la posterior guerra.
Mapa de Ucrania que muestra las zonas en las que Rusia interfirió en 2014 con la anexión de Crimea y la posterior guerra. France 24

Unos actos que llevaron al mandatario ruso a alcanzar su máxima popularidad entre la población, llegando a un 89% de aprobación. "En política exterior, con las exrepúblicas soviéticas, Putin tiene una aproximación pragmática, con un discurso elaborado y consolidado, basado en que en esas zonas las minorías rusas están en peligro. Hay una educación y cultura política en Rusia, que viene de la URSS, donde el orgullo nacional está relacionado con el poderío militar", afirmó Claudin.

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El pulso Estados Unidos - Rusia con acento latino: América Latina ha sido uno de los principales centros de la política internacional en 2019, donde la presencia de Rusia ha puesto en peligro la hegemonía histórica de Estados Unidos en la región. Sucesos como las autoproclamaciones de Juan Guaidó, en Venezuela, y Jeanine Áñez, en Bolivia, así como el cambio retórico de Donald Trump a Cuba, han mostrado de nuevo la preponderante influencia estadounidense en la región.

Así lo demostraron las declaraciones del secretario de Estado Mike Pompeo, el 4 de diciembre, en las que se refirió a América Latina como su "patio trasero" y donde afirmó que actuarán, si es necesario, a controlar las protestas que están sucediendo en el territorio: "Trabajaremos con los gobiernos legítimos para prevenir que las manifestaciones deriven en una violencia y unos disturbios que no reflejan la voluntad democrática de sus pueblos".

Para algunos es una apuesta de Trump por reafirmar su influencia en el continente, donde consideran que se había relajado la presencia desde la victoria de Hugo Chávez en Venezuela en 1999 y tras la consecuente ola de nuevos Gobiernos progresistas latinoamericanos dispuestos a construir políticas contrahegemónicas frente a la estadounidense y a los Consensos de Washington de 1989. 

Pero, ¿alguna vez se alejó Estados Unidos de la región? 

Mapa que muestra los países de América Latina donde han interferido Estados Unidos y Rusia.
Mapa que muestra los países de América Latina donde han interferido Estados Unidos y Rusia. France 24

Para Arantxa Tirado, investigadora del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), los estadounidenses jamás abandonaron la región: "América Latina es su área de influencia. Forma parte del denominado hemisferio occidental y es una reserva estratégica, tanto para las inversiones de las empresas e instituciones estadounidenses, como una fuente de trabajo que migra a Estados Unidos, desde la precariedad y en condiciones baratas. Por otro lado, es también una reserva de recursos mucho más cercana que Medio Oriente, como demuestra el caso concreto del petróleo venezolano". 

Precisamente, los focos internacionales empezaron el año centrados en Venezuela, cuando el 23 de enero el líder opositor Juan Guaidó se autoproclamó presidente interino del país. Este acto propició una grave crisis que llevó a 54 países del mundo a reconocer la legitimidad de Guaidó, entre los que figuraban Estados Unidos y el Parlamento Europeo.

Unos apoyos no han sido suficientes para derrocar a Nicolás Maduro, que sigue gobernando gracias a la fidelidad de las fuerzas armadas y al respaldo de importantes sectores populares. Pero Maduro también se ha valido de importantes apoyos en figuras como el presidente de Rusia, Vladimir Putin, un aliado histórico de Venezuela.

"El Gobierno de Nicolás Maduro consiguió resistir, pero es cierto que el respaldo de Rusia ha ayudado. Desde Moscú se han emitido instancias multilaterales, como el posicionamiento claro de la defensa de la soberanía venezolana en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; pero también bilaterales como el envío disuasor de personal militar con el que consiguió emitir señales al Gobierno de Estados Unidos", explica Tirado, que, sin embargo, rechaza que esto sea un desafío de Putin hacia Trump, sino una defensa de sus intereses comerciales en Venezuela, como los que puede tener China: "Mientras Estados Unidos sí que ocupa espacios importantes de la estrategia rusa como Ucrania, además de tener bases de la OTAN que pueden amenazar la seguridad rusa, desde Moscú no existe una estrategia a la inversa; a pesar de que Estados Unidos en su plan de Seguridad Nacional lo visualice así, reinterpretando alianzas económicas y políticas, como las de Rusia con América Latina, como una amenaza que reta sus intereses". 

El presidente Nicolás Maduro celebra los 20 años del referéndum aprobatorio de la Constitución en Caracas, Venezuela, el 15 de diciembre de 2019.
El presidente Nicolás Maduro celebra los 20 años del referéndum aprobatorio de la Constitución en Caracas, Venezuela, el 15 de diciembre de 2019. Miguel Gutiérrez / EFE

Además de Venezuela, otro tema importante para la región, que ha levantado rencillas entre Donald Trump y Vladimir Putin, ha sido Cuba. La política aperturista de La Habana con Estados Unidos, desde el histórico anuncio del 17 de diciembre de 2014, propició inversiones empresariales así como un auge del turismo estadounidense en la isla. 

Sin embargo, desde la llegada al poder de Donald Trump en 2017, se han reiterado las sanciones y la vuelta a la política de embargo, como quedó demostrado el 5 de junio, cuando Estados Unidos suspendió los viajes en crucero y por motivos culturales a Cuba.

Esta estrategia, para Tirado, ha venido por la presión de ciertos sectores republicanos: "Trump se ha encontrado con el lobby anticastrista liderado por Marco Rubio, que le han forzado a tener una política de hostilidad mayor hacia Cuba y esto ha provocado que Rusia, aliado estratégico e histórico de la isla y, también China, firmasen nuevos acuerdos comerciales con La Habana". 

Por último, está el caso de Bolivia: Evo Morales era uno de los principales aliados de Vladimir Putin y de hecho el 11 de julio el expresidente boliviano visitó Rusia para afianzar acuerdos comerciales.

Sin embargo la caída del líder boliviano, tras las acusaciones de fraude electoral, y con su consecuente exilio en México y la posterior autoproclamación de la ultraderechista Jeanine Áñez como presidenta interina de Bolivia, han devuelto al foco las injerencias de Estados Unidos. Para Tirado, tal y como apunta en el informe de Celag, 'EE. UU. y la construcción del golpe en Bolivia', la Administración que gobierna Trump participó en la caída de Evo Morales.

Cabe destacar que dentro del duelo geopolítico entre Estados Unidos y Rusia, en el caso de Bolivia, desde los medios se afirmó que Rusia reconocía a Jeanine Áñez como presidenta. Sin embargo, para la propia Tirado, en el comunicado de la Cancillería rusa "no hay un respaldo ni un reconocimiento de Áñez. Simplemente son conscientes de que va a ejercer el poder de facto y consideran que tiene que haber elecciones, que es la postura que tenía Evo Morales en aquel momento".

Los sucesos del año en América Latina muestran como Putin apuesta por tener más presencia en el continente, debido a los intereses comerciales del país. Sin embargo, como desvela Tirado, no es el foco principal de su política internacional: "En el documento de política exterior de Rusia, América Latina aparece de forma muy secundaria, respecto a otras áreas estratégicas. Lo que sí que puede que veamos en el futuro es que si Estados Unidos continúa atacando a Gobiernos de izquierda con los que Putin tiene acuerdos comerciales, la diplomacia rusa se active y se involucre en defender a esos Gobiernos afines. Aunque eso sí, Estados Unidos ya lo demostró en Siria: si quieren invadir lo van a hacer, pero Rusia puede responder ayudando a sus aliados".

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Los dos máximos mandatarios de las potencias mundiales se sustentan en altas cifras de popularidad: Donald Trump, según la última encuesta de Rasmussen Reports realizada entre el 20 y 22 de noviembre, se sitúa en un 46% de aprobación, siendo, este último reporte el más alto desde que es presidente. Por su parte, Vladimir Putin, según el sondeo de septiembre de Levada Center, cuenta con un 67% de aprobación. 

A pesar de los escándalos de Donald Trump, como el juicio político, y las constantes polémicas alrededor de su figura, el desempleo en Estados Unidos se situó en un 3,6% en octubre, una cifra que no se registraba desde hacía 50 años. Este dato sucede mientras se advierte el comienzo de una nueva recesión económica mundial. Trump, como empresario, se siente avalado por unos números que le otorgan grandes dosis de aprobación entre la población. "Siempre piensa en maximizar beneficios y de ahí su política internacional, en la que si tiene que eliminar competidores, sea Rusia o sea China, lo hará. Para Trump la política es un gran teatro y una cosa es lo que escenifica hacia afuera y otra los intereses estructurales", explica Tirado.

Putin, en cambio, consiguió a partir de la ocupación del este de Ucrania llegar a una valoración del 89%. Una acción militar que devolvió al país, según Carmen Claudin, de "un cierto lustre, con un papel mucho más importante en la esfera internacional".

Sin embargo, ese esplendor no es suficiente para el líder ruso debido a la limitación que aún tiene la economía de su país. Esto se explica en que, mientras se utiliza y se apuesta por Crimea para réditos políticos, por otro lado se debilitan las inversiones públicas en recursos para sanidad, educación, infraestructuras, así como la limitación de  los derechos humanos y la libertad de expresión. Un hecho que reduce su popularidad.

"El argumento de la grandeza exterior por la ocupación de Ucrania se ha terminado. A los rusos les da igual tener un papel importante en Siria cuando la economía (interna) no es boyante. La gente lo siente y sabe que hay cosas que están por encima del orgullo nacional", explica Claudin, para quien todo esto se ha visto reflejado en las protestas del último año en Rusia.

Putin y Trump, a pesar de su polémica forma de gobernar, cuentan con importantes apoyos en sus países.
Putin y Trump, a pesar de su polémica forma de gobernar, cuentan con importantes apoyos en sus países. Lukas Coch / EFE

La coincidencia en la popularidad de los presidentes gana notoriedad cuando se habla de la buena relación personal que guardan entre ellos. Claudin señala que la grandilocuencia, el gusto por el lujo, el entender el poder de forma subjetiva son patrones comunes en ambos a la hora de dirigir. Aunque también considera que son dos personas que entienden la política internacional de forma muy distinta: "Vladimir Putin es muy claro y previsible y ejerce el poder de forma muy estándar. Sin embargo de Trump no se sabe ni que va a desayunar y hace política desde Twitter, algo que a Putin jamás se le ocurriría". 

Pero esa cercanía entre Trump y Putin tampoco impide que sean, al mismo tiempo, enemigos, como desvelan los documentos de seguridad de ambos países. Para Arantxa Tirado, los intereses de Estados Unidos están por encima de cualquier amistad: "Trump no ve como un igual a Putin porque nunca se le ha permitido serlo. El posicionamiento de Estados Unidos desde que cae la URSS es impedir, precisamente, que Rusia vuelva a ser grande". 

Una relación que evidencia que el mundo no es bipolar, que la realidad internacional es mucho más compleja, mucho menos previsible, y que la hegemonía de Estados Unidos ya no está en peligro por la Guerra Fría sino por contrapesos como el de Rusia, pero también de otros actores como China. 

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