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El Papa pide esta Navidad “luz”, frente a las “tinieblas” que ensombrecen al mundo

El Papa Francisco entrega el mensaje 'Urbi et Orbi' desde el balcón principal de la Basílica de San Pedro en el Vaticano, el 25 de diciembre de 2019.
El Papa Francisco entrega el mensaje 'Urbi et Orbi' desde el balcón principal de la Basílica de San Pedro en el Vaticano, el 25 de diciembre de 2019. Vatican Media / Reuters

En su séptimo mensaje navideño y bendición 'Urbi et Orbi', el pontífice fue muy crítico ante la oscuridad actual. Desde la migración forzada hasta las "agitaciones" en Latinoamérica, Francisco abogó por la "esperanza" y el fin de las injusticias que van desde Siria hasta "el querido pueblo venezolano".

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Luz para combatir a la oscuridad. Esa fue la fórmula que el papa Francisco recetó al mundo entero, en su séptimo mensaje cristiano de Navidad y su tradicional bendición ‘Urbi et Orbi’ (‘a la ciudad y al mundo’), desde el balcón de la logia central de la basílica de San Pedro, en la Ciudad del Vaticano.

Y es que para el pontífice “las tinieblas” han atravesado “los corazones humanos”. Aludiendo a nuestras relaciones personales y familiares, pero por encima de todo a los conflictos económicos, geopolíticos y ambientales, que están conduciendo a la persecución religiosa, la injusticia, la guerra y la migración.

De ahí que la luz sea su “esperanza”, porque “más grande es la luz de Cristo”, y así la proyectó sobre ‘Tierra Santa’, Siria, Líbano, Yemen, Irak, Ucrania, y varios países de África y Latinoamérica.
“(Que Cristo) sea luz para tantos niños que sufren la guerra y los conflictos en Medio Oriente y en varios países del mundo”, expresó el Papa, quien para el nacimiento de Dios en la Misa de Gallo habló desde la dicha, mientras que, para esta fecha navideña, frente a miles de feligreses, quiso enumerar las injusticias y los conflictos que azotan al mundo.

En nuestros corazones está el cambio

Con la Plaza de San Pedro abarrotada, el papa Jorge Bergoglio lanzó la máxima tarea para 2020: y es que “el cambio comienza en los corazones”. Así empezó a hilar sus bendiciones, poniendo como ejemplo a los países de Mali, Níger, Nigeria y Burkina Faso, donde la persecución de los cristianos es frecuente por parte de grupos militantes u ocurren ataques como el del pasado 1 de diciembre en Burkina Faso, con al menos 14 personas fallecidas en un ataque contra una iglesia.

Lo que derivó en un gran mensaje en defensa de la difícil situación que viven los migrantes, desplazados y refugiados, a veces movidos por la religión, otras por la desigualdad, la incertidumbre, la pobreza o los desastres climáticos motivados por la crisis ambiental: “Es la injusticia que los hace cruzar los desiertos y mares que se convierten en cementerios. Es la injusticia que los obliga a soportar formas indescriptibles de abuso, esclavitud y tortura, en campos de detención inhumanos”, en alusión directa a Libia.

“Es la injusticia”, prosiguió el Papa con una dura crítica social, “que los aleja de lugares donde podrían tener la esperanza de una vida digna, pero se encuentran ante muros de indiferencia”. Indiferencia de Gobiernos, pero también nuestra. Porque si bien, afirmó, hay muchos problemas enormes en el mundo, nosotros mismos con pequeños gestos podríamos corregir esas injusticias: “Podrían marcar la diferencia en sus propias comunidades como un comienzo para sanar a los miembros de nuestra familia humana”.

El Papa Francisco entrega el mensaje del día de Navidad 'Urbi et Orbi' desde el balcón principal de la Basílica de San Pedro en el Vaticano, el 25 de diciembre de 2019.
El Papa Francisco entrega el mensaje del día de Navidad 'Urbi et Orbi' desde el balcón principal de la Basílica de San Pedro en el Vaticano, el 25 de diciembre de 2019. Yara Nardi / Reuters

Junto a dos cardenales, Renato Martino, presidente emérito de la oficina de inmigración del Vaticano, y Konrad Krajewski, exalumno papal que distribuye ayuda a pobres y desamparados de Roma, el Papa hizo hincapié en el dolor de los pueblos árabes.

Sobre Siria, deseó “consuelo para el amado pueblo sirio, que aún no ve el final de las hostilidades que han desgarrado el país en este decenio”; para Líbano deseó que pueda superar su crisis, descubriendo “nuevamente su vocación de ser un mensaje de libertad y de armoniosa coexistencia para todos”; mientras que a Yemen le reconoció haber “pasado por una grave crisis humanitaria”.

Latinoamérica, bañada por la “agitación social y política”

A Dios lo exhortó a que “remueva las conciencias de los hombres de buena voluntad” e “inspire a los gobernantes y a la comunidad internacional para encontrar soluciones que garanticen la seguridad y la convivencia pacífica de los pueblos y ponga fin a sus sufrimientos”.

Sin embargo, a su Latinoamérica natal le pidió un poco más, un esfuerzo cargado de “esperanza” ante las actuales “agitaciones sociales y políticas”. No especificó un país en concreto, más que a Venezuela, nación por la que rogó que Dios “reanime al querido pueblo venezolano probado por tensiones políticas y sociales, y no le haga falta el auxilio que necesita”.

“Que el pequeño Niño de Belén sea esperanza para todo el continente americano”, sentenció la máxima autoridad papal, casi un mes después de que en el vuelo de regreso de Japón se refiriese a estas crisis, diciendo que “hay Gobiernos débiles que no han conseguido poner orden y paz”.

“Que (Dios) ablande nuestros corazones, a menudo pedregosos y egocéntricos”, remató Francisco para transmitir al mundo amistad, amor y solidaridad. Con ese ánimo pidió paz para Ucrania y República del Congo; respeto por su fe a “misioneros y fieles secuestrados”; seguridad a “cuantos caen víctimas de los ataques extremistas”; y una sonrisa para los niños, “especialmente a los abandonados y a los que han sufrido a causa de la violencia”.

Para el Papa “todos estamos llamados a dar esperanza” frente a las tinieblas de este mundo. Especialmente en esta fecha navideña.

Con Reuters y EFE

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