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Los restaurantes de Nueva York mantienen la batalla contra la prohibición del foie gras

Un plato de 'foie gras' producido con gansos que no fueron sometidos a alimentación forzada es visto en el restaurante Solides de Toulouse, Francia, el 29 de noviembre de 2019.
Un plato de 'foie gras' producido con gansos que no fueron sometidos a alimentación forzada es visto en el restaurante Solides de Toulouse, Francia, el 29 de noviembre de 2019. Regis Duvignau / Reuters

El Concejo de Nueva York aprobó en octubre una resolución para vetar el uso de foie gras en la ciudad, bajo alegaciones de maltrato animal por la alimentación forzada de los gansos. Los criadores minimizan esas acusaciones y preparan una demanda contra la ciudad.

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El foie gras, un alimento francés largamente compartido en los restaurantes gourmet del mundo, enfrenta desde hace tiempo acusaciones cada vez más fuertes sobre el maltrato a los gansos criados para su elaboración.

Las asociaciones ambientalistas denuncian que la alimentación forzada de los gansos para lograr que sus hígados (la parte del ave utilizada para el foie gras) sean más gordos constituye un acto de crueldad.

Ese argumento llevó al Concejo de Nueva York, a menudo considerada una capital gastronómica, a prohibir la utilización del producto de origen francés en sus restaurantes. La resolución, que fue aprobada por una amplia mayoría, entrará en vigor a partir de 2022.

La medida fue adoptada tras prohibiciones similares en Chicago y el estado de California, y también ha sido implementada en países como India, Israel, Reino Unido, Finlandia y Polonia.

Los restaurantes franceses de alta gama de la Gran Manzana continúan vendiendo el producto, a sabiendas de que pueden quedarse sin él en dos años.

“Es duro, pero no estamos en Francia. Estamos acostumbrados a ser tratados así. Llevo 15 años aquí. Es mucho más radical que en casa”, confiesa Julien Wargnies, chef del restaurante Tocqueville.

La normativa fue redactada por Matthew Dominguez, un miembro de un grupo defensor de los derechos de los animales, que hizo campaña para lograr el veto al foie gras y convenció a los funcionarios.

El activista defiende que se haya adoptado la medida porque hubiera sido difícil lograr generar conciencia y alcanzar una eliminación gradual del producto.

“Educar a la gente no es suficiente. Hubiera costado millones y millones de dólares contarles a todos lo que estaba sucediendo en la industria del foie gras. Aquí, lo que decidimos hacer fue presentar a la legislatura una medida que no permita la crueldad animal”, subraya.

Los criadores de gansos de Nueva York preparan una demanda contra la ciudad

Pero los criadores de gansos no están de acuerdo con los argumentos de las organizaciones ambientalistas. Marcus Henley, gerente de Hudson Valley Fois Gras, cataloga de “exageradas” las preocupaciones sobre el maltrato animal y denuncia que las autoridades no se acercaron a dialogar.

“Invitamos a todos en el Concejo de la ciudad a ver por sí mismos el proceso, el criadero y la alimentación. Ninguno de los miembros se tomó dos horas para conducir hasta aquí”, señala el administrador de esta granja ubicada en el norte de la ciudad y que mata hasta aproximadamente 800 gansos al día, un tercio de los cuales van a restaurantes de Nueva York.

En la misma línea, Sergio Saravia, de la granja La Belle Farm, situada a dos horas de Nueva York, asegura que “no obligamos a los gansos a comer porque no importa la cantidad de comida que pongas en el cultivo, el ganso decidirá qué va a su estómago”.

Distintos proveedores de foie gras están uniéndose para presentar una demanda contra la ciudad e intentar evitar la puesta en vigencia de la prohibición del producto.

En Francia, buscan nuevas técnicas para lograr un foie gras sin alimentación forzada de gansos

Mientras tanto, la granja Valerie Fosserie, en el suroeste de Francia, ha adoptado una técnica desarrollada por científicos de la empresa de investigación Aviwell, que apuntan a mejorar las condiciones de crianza de los gansos.

En concreto, se utilizan bacterias, ingeridas por el ganso como suero, para estimular una acumulación de grasa de manera biológica, en lugar de forzada por la alimentación.

“Es el futuro, porque vemos que el movimiento de bienestar animal se hace cada vez más grande”, destaca Remy Burcelin, cofundador de Aviwell.

Con este foie gras se busca abastecer, principalmente, al mercado estadounidense y europeo para alcanzar aquellos países que han prohibido su distribución. Eso sí, el producto, por lo que demanda su producción, promete ser hasta tres veces más caro que el foie gras producido bajo las técnicas tradicionales.

Con Reuters

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