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Militantes chiitas se retiran de las instalaciones de la Embajada de Estados Unidos en Bagdad

Un manifestante ondea una bandera iraquí durante una protesta para condenar los ataques aéreos en bases pertenecientes a Hashd al-Shaabi (fuerzas paramilitares), en Bagdad, Iraq, el 1 de enero de 2020.
Un manifestante ondea una bandera iraquí durante una protesta para condenar los ataques aéreos en bases pertenecientes a Hashd al-Shaabi (fuerzas paramilitares), en Bagdad, Iraq, el 1 de enero de 2020. Khalid al-Mousily / Reuters
6 min

Los manifestantes, que respondieron a los bombardeos de EE. UU. con protestas frente a la embajada en Bagdad, se retiraron finalmente del perímetro. La sede diplomática anunció la suspensión de las actividades consulares hasta nueva orden.

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Después de la tormenta, comenzó a llegar una calma, al menos aparente y momentánea, cuando los militantes chiitas decidieron escuchar el llamado de las Fuerzas de Multitud Popular y se retiraran del perímetro de la Embajada de Estados Unidos en Bagdad que desde ayer, 31 de diciembre, se convirtió en epicentro de violentas protestas.

Decenas de manifestantes habían optado por quedarse frente a la Embajada para continuar la presión e insinuaban que no se irían hasta que las fuerzas de Estados Unidos sean expulsadas de Irak. Sin embargo el movimiento de Multitud Popular consideró que el “mensaje ya había sido escuchado” y pidió a sus seguidores salir de la zona, evitando así una mayor escalada de las tensiones.

La situación es el resultado de una espiral de violencia, que, según Estados Unidos, empezó cuando una milicia afiliada a Hezbollah atacó una zona al norte de Irak y mató a un contratista estadounidense el pasado 27 de diciembre.

Para los iraquíes la respuesta de Estados Unidos fue desproporcionada. El siguiente domingo, en bombardeos en Siria y el norte de Irak contra grupos que Estados Unidos considera terroristas, pero que en Irak hacen parte del cuerpo político, murieron por lo menos 25 personas.

Tras los funerales en Kirkuk, una zona que fue un duro escenario de guerra contra el Estado Islámico, el descontento se desbordó a las calles de Bagdad. Civiles y militantes del grupo Multitud Popular, afín al gobierno iraquí, llegaron hasta la puerta de la Embajada y asediaron el sector por horas.

Las fuerzas de Estados Unidos respondieron con el uso de armas no letales para mantener a los manifestantes a raya. Y aunque por un momento se pensó que el personal diplomático iba a ser evacuado, finalmente EE. UU. ordenó el despliegue de 750 militares desde Kuwait para ayudar, así como le exigió al presidente de Irak proteger la embajada.

Un manifestante coloca un zapato en una pancarta con la ilustración del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, fuera de la embajada de los Estados Unidos durante una protesta para condenar los ataques aéreos en bases pertenecientes a Hashd al-Shaabi (fuerzas paramilitares), en Bagdad, Irak, el 1 de enero de 2020.
Un manifestante coloca un zapato en una pancarta con la ilustración del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, fuera de la embajada de los Estados Unidos durante una protesta para condenar los ataques aéreos en bases pertenecientes a Hashd al-Shaabi (fuerzas paramilitares), en Bagdad, Irak, el 1 de enero de 2020. Khalid al-Mousily / Reuters


Otra avanzada en el juego geopolítico en el Golfo Pérsico

El presidente Donald Trump a través de sus redes sociales dijo que, tras el ataque a la embajada, estaba la mano de Irán y amenazó de nuevo el país persa. “Irán va a ser totalmente responsable si hay pérdida de vidas, o si hay cualquier daño a alguna de nuestras instalaciones. ¡Ellos van a pagar un GRAN PRECIO! Y no es una advertencia, es una amenaza”


El líder supremo de Irán, el Ayatollah Ali Khamenei, rechazó no solo la respuesta del mandatario estadounidense, sino que condenó los bombardeos. Incluso fue más allá y culpó a Estados Unidos de la violencia en el país vecino. Y agregó: “de nuevo ese tipo (Trump) acusa a Irán de los ataques. Pero no puede hacer nada. Si usted fuera razonable, que no lo es, vería que sus crímenes en Irak y en otras naciones han hecho que lo odien”.

Estados Unidos invadió Irak en el 2003 tras ser acusado por el gobierno del presidente republicano, George Bush, de poseer “armas de destrucción masiva”.  Desde entonces ha mantenido una importante fuerza militar y diplomática en ese país. Incluso realiza ataques planeados contra organizaciones que el Departamento de Estado considera terroristas. Washington tiene más de 5.000 soldados en Irak que apoyan a las fuerzas locales. Pero los ataques aéreos han hecho que dentro de Irak cada vez más fuerzas políticas se sumen al llamado a expulsar a los estadounidenses del país árabe.

Con Reuters

 

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