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Resumen 2019

El año del avance de las caravanas migrantes y la tenaza comercial de Trump

La migrante guatemalteca Ledy Pérez abraza a su hijo Anthony mientras le pide a un miembro de la Guardia Nacional Mexicana que les permita cruzar a Estados Unidos, desde Ciudad Juárez, México, el 22 de julio de 2019.
La migrante guatemalteca Ledy Pérez abraza a su hijo Anthony mientras le pide a un miembro de la Guardia Nacional Mexicana que les permita cruzar a Estados Unidos, desde Ciudad Juárez, México, el 22 de julio de 2019. Jose Luis Gonzalez / Reuters

En 2019, las caravanas centroamericanas de migrantes siguieron marchando rumbo al norte. Mientras, en Estados Unidos, el presidente Donald Trump negoció con sus vecinos para que firmaran acuerdos, so pena de sanciones o impuestos, que dificultarían aún más el paso a quienes escapan del hambre y la violencia.

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Viajar juntos y en masa les hizo más visibles. A partir de 2018 y durante el 2019, miles de centroamericanos que se enrumbaron hacia Estados Unidos fueron el foco de la atención de los medios de comunicación y del Gobierno del presidente Donald Trump, que impuso medidas y acuerdos a los países de origen de los migrantes: México, Guatemala, El Salvador y Honduras, para detener las caravanas (compuestas por familias enteras) que decididamente realizaron un peligroso trayecto a pie por cientos de kilómetros, con muy poco consigo.

No pasarían desapercibidos y ello traería consecuencias, pero no precisamente favorables para estas personas que emigran para pedir asilo y que buscan oportunidades y una mejor vida en Estados Unidos.

Si bien 2018 fue el año en que el mundo vio las caravanas más grandes desplazarse desde Honduras hasta la frontera entre México y Estados Unidos, para 2019 el flujo continuó abierto y constante. La caravana de octubre de 2018 llegó a estar conformada por unas 7.000 personas, según estimaciones de Naciones Unidas (ONU). La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) registró unas cinco en total en ese año.

Para enero de 2019 se gestaba una sexta, de aproximadamente 500 personas, que partía desde San Pedro Sula, Honduras. En marzo, los medios documentaron la séptima, conformada por 1.200 centroamericanos y cubanos, y una octava de 1.800. En abril partió la novena, compuesta por unos 1.000 hondureños.

Un grupo de migrantes centroamericanos camina junto a la cerca entre México y los Estados Unidos después de cruzar la frontera en El Paso, Texas, el 15 de mayo de 2019.
Un grupo de migrantes centroamericanos camina junto a la cerca entre México y los Estados Unidos después de cruzar la frontera en El Paso, Texas, el 15 de mayo de 2019. José Luis González / Reuters


Los migrantes del 'Triángulo Norte' huyen principalmente de la pobreza y la violencia

La migración centroamericana continúa obedeciendo a las mismas razones que hace varias décadas: durante el siglo XX, a la inestabilidad política y a las economías de bajo desempeño incapaces de crear empleos para sus sociedades; y en el siglo XXI, también se debe a la globalización y al crimen organizado -principalmente el narcotráfico y las pandillas- que produce violencia e inseguridad ciudadana.

Los principales países expulsores de migrantes en el istmo son los del 'Triángulo Norte': El Salvador, en primer lugar, con casi 1,4 millones que viven en EE. UU.; Guatemala, con casi un millón; y Honduras, con más de medio millón de sus ciudadanos viviendo en el norte, según el Departamento de Asuntos Sociales y Económicos de Naciones Unidas (ONU). De ahí han salido las caravanas en 2018 y 2019.

Se trata de uno de los flujos de emigración más grandes del mundo, describe el reporte 'Migración Centroamericana: Cambios Actuales e Implicaciones en el Desarrollo' de Diálogo Interamericano, un centro de análisis basado en Washington D.C. Sin embargo, su autor, Manuel Orozco, explica a France 24 que esta crisis migratoria en particular ha sido provocada por Donald Trump y su promesa de construir un muro en la frontera con México durante la contienda electoral presidencial en 2016 en la que resultó ganador.

"Se produce un temor en la población centroamericana de que la reunificación familiar no va a ser posible, entonces la gente empieza a salir en mayor número. Las caravanas aumentan a principios de 2018, pero sí son un fenómeno que tiene más de 10 años de existir, solo que eran (conformadas por) cantidades menores de personas", resalta Orozco.

El experto explica que la razón para viajar en masa nunca fue política, sino por protección y por costos. El uso de la caravana se extiende porque era una plataforma segura y barata para el largo viaje.

La tenaza de Trump empuja a México a frenar la migración

En México, la postura respecto a las caravanas fue variando a lo largo de 2019. A principios de año, poco después de tomar posesión, el presidente Andrés Manuel López Obrador les recibió otorgándoles hasta una residencia de un año. Pocos meses después, familias migrantes eran detenidas en Chiapas para ser deportadas. La actitud del Gobierno mexicano hacia los centroamericanos se fue tornando más y más hostil. La razón: las amenazas de Donald Trump.

El presidente estadounidense primero amenazó en abril con imponer aranceles a las exportaciones mexicanas automotrices. Al mes siguiente, dijo que el arancel sería para todos los productos y que ese gravamen iría aumentando hasta 25% mientras México no frenara a los migrantes indocumentados.

Trump llegó incluso a amenazar con cerrar la frontera entre los dos países. El despliegue de miles de soldados no se hizo esperar en la zona, tanto del lado de Estados Unidos, como del lado de México. Inclusive, el gobierno de López Obrador llegó a desplegar a la Guardia Nacional, cuerpo militar élite creado en febrero de este año para combatir la violencia, a la frontera de México con Guatemala.


Por otro lado, las deportaciones de centroamericanos se triplicaron en los primeros meses de la Administración del mandatario mexicano. Así, para septiembre, la inmigración irregular había caído un 56% y para diciembre el flujo migratorio disminuyó 70%, según informó el canciller mexicano Marcelo Ebrard.
México, además, creó el programa Protocolos de Protección a Migrantes, bajo el cual recibe a los migrantes que entraron a Estados Unidos por México mientras tramitan sus solicitudes de asilo. Se ha comprometido también a crear trabajos, dar acceso a salud y educación y proteger los derechos de los migrantes.

En su papel como cuidador de la frontera de Estados Unidos, en México ahora se encuentran varadas 56.000 personas que esperan que sus casos de asilo sean resueltos en Estados Unidos, más unas 67.000 que han aplicado para obtener refugio en México, de las cuales solo unas 2.000 han recibido ese estatus migratorio. Estos migrantes en “stand by” han denunciado los peligros a los que se enfrentan en ese país y la precariedad en medio de la cual resisten. Encima, la aprehensión de migrantes en la frontera sur de Estados Unidos disminuyó drásticamente: de más de 144.000 en mayo pasaron a ser casi 43.000 en noviembre.

Bernardo Méndez, director ejecutivo de la organización América Sin Muros, explica que esas cifras indican que, en efecto, México ha jugado un papel de muro de contención de migrantes producto de la presión impuesta por el presidente Trump y comenta que ello tendrá repercusiones para ese país. "En el caso de quienes esperan la decisión de asilo de parte de Estados Unidos, hay que considerar que la estadística nos muestra claramente que menos del 1% lo adquiere. Eso significa que una buena parte de ellos no va a poder obtenerlo. Los que corren un verdadero riesgo por amenazas de pandillas y similares… pues creo que intentarán quedarse en México, así que México debe prepararse. No hay actualmente políticas de mediano y largo plazo".


Las presiones hacia el 'Triángulo Norte'

México no fue el único país en verse presionado por Donald Trump en su intento por detener las migraciones masivas. En marzo, el presidente de Estados Unidos ordenó suspender 500 millones de dólares en asistencia a Guatemala, Honduras y El Salvador por "no hacer nada" ante la formación de las caravanas.
 


Esos tres países firmaron acuerdos para ser un 'tercer país seguro', un concepto que, según lo define la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), implica "transferir las responsabilidades del examen de una solicitud de asilo de un país de acogida, a otro que es considerado seguro" para recibir a esos migrantes mientras se da el proceso. Estas naciones centroamericanas están lejos de ser seguras. Por el contrario, las estadísticas indican que son sociedades azotadas por la violencia y la delincuencia, razón por la cual las personas migran.

En julio, el presidente saliente de Guatemala Jimmy Morales cedió ante la presión y firmó el acuerdo después de que Trump amenazara con gravar las exportaciones guatemaltecas y las remesas. El presidente electo Alejandro Giammattei ha dicho no estar de acuerdo con el acuerdo que aún no se implementa y del cual, asegura, no conoce detalles.

El segundo país en firmar un acuerdo con Estados Unidos fue El Salvador, en septiembre. Aunque los Gobiernos salvadoreño y estadounidense lo presentaron como un pacto de seguridad y migración, el mismo contempla que El Salvador se convierta en receptor de migrantes que buscan asilo en los Estados Unidos.

Honduras se convirtió en 'tercer país seguro' también en septiembre. El acuerdo firmado entre los Gobiernos hondureño y estadounidense implica que los migrantes que lleguen a Honduras rumbo hacia Estados Unidos y con intención de pedir asilo en ese país, deberán pedirlo en Honduras. Todavía está por verse cómo funcionarían esos acuerdos en su implementación.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante su visita la ciudad fronteriza de Calexico, California, el 5 de abril de 2019.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante su visita la ciudad fronteriza de Calexico, California, el 5 de abril de 2019. REUTERS/Kevin Lamarque


"Es un completo injerencismo de parte de Estados Unidos porque es desproporcionado el nivel de presión que ejerce sobre México, sobre Guatemala y los otros países para detener una ola migratoria que él mismo (Trump) creó. Sin embargo, lo que él está haciendo es construir su propio modelo de respuesta", considera Orozco.

Una vez firmados los acuerdos, el Gobierno de Trump decidió descongelar parte de la asistencia que había suspendido previamente. Pasadas las amenazas de castigo, Estados Unidos presentó en octubre 'América Crece', un programa supuesto a crear inversiones, empleos y desarrollo económico para frenar la migración ilegal y del que participarían esas tres naciones.

Un futuro poco prometedor para los migrantes

¿Fue exitosa la estrategia de Trump y es en sí una respuesta para detener la migración desde Centroamérica? Orozco considera que no. "La migración indocumentada por razones de trabajo continúa y cuando esta situación de contención se vaya normalizando creo que la gente va a seguir emigrando (porque) hay efectivamente una demanda de mano de obra en Estados Unidos", amplía. Sí aclara que quizá en los próximos meses las caravanas sean un método menos empleado para intentar llegar al país del norte, sobre todo a sabiendas de que es más probable que se queden varadas en campamentos de refugiados en México antes de llegar a su destino final.

Méndez proyecta un futuro cercano poco esperanzador para los migrantes de la región. Explica que los discursos xenófobos y políticas anti-migrantes de Trump persistirán, puesto que están vinculados a la campaña electoral previa a las elecciones presidenciales estadounidenses en 2020, en las que Trump busca reelegirse. "Por otro lado, no creemos en América Sin Muros que, necesariamente, el hecho de tener la elección de un presidente del Partido Demócrata cambie significativamente las cosas para los migrantes. Recordemos que en ocho años de gobierno del presidente (Barack) Obama no se hizo ninguna reforma migratoria y silenciosamente deportó a más de tres millones de mexicanos. Entonces, esperamos un año complicado en 2020", alerta.

El caso de migrantes extracontinentales y nicaragüenses 

Al observar los flujos migratorios en la región centroamericana y en México, los entrevistados también señalaron los flujos de migrantes extracontinentales que pasan por esos países con el propósito de llegar a Estados Unidos y también advirtieron sobre otro flujo migratorio significativo: el de los nicaragüenses que huyen de su país por la crisis económica y sociopolítica que persiste desde abril de 2018, cuando protestas ciudadanas masivas fueron reprimidas por el Gobierno de Daniel Ortega dejando más de 300 muertos.

Hasta ahora, se registran unas 100.000 solicitudes de refugio de nicaragüenses que se trasladan principalmente a Costa Rica, que ha recibido 80.000 peticiones. Panamá, Estados Unidos, México, España y Canadá son otros de los destinos de los nicaragüenses. Se trata de una situación compleja que merece también atención, subraya Méndez, mientras Orozco proyecta que unos 60.000 más saldrán en 2020. 

Así, aunque quizá ya no en caravanas multitudinarias, las personas seguirán empacando y marchando. A pesar de las políticas y acuerdos que les impiden el paso, mientras en sus países no haya las condiciones de vida necesarias para quedarse, los migrantes seguirán existiendo, desafiando obstáculos, persistiendo en su búsqueda de un mejor lugar y futuro.

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