Saltar al contenido principal
Resumen 2019

Las protestas de 2019 en Haití, ¿cambiarán en 2020 el 'statu quo' de la isla?

Rese Domini, de 31 años, activista de una organización a favor de la igualdad, posa para una fotografía durante una protesta en la capital Puerto Príncipe, Haití, el 10 de noviembre de 2019.
Rese Domini, de 31 años, activista de una organización a favor de la igualdad, posa para una fotografía durante una protesta en la capital Puerto Príncipe, Haití, el 10 de noviembre de 2019. Valerie Baeriswyl / Reuters

El lastre de la pobreza, la degradación de todos los derechos, la incertidumbre y el desgobierno llevaron el hartazgo de los haitianos a un nuevo nivel de desesperación en 2019. En las calles, exigen cambios profundos luego de resistir el embate de la corrupción y hasta de la naturaleza. El país con más ONG por persona, y víctima de ellas, clama por un alta médica urgente.

Anuncios

Si Haití fuera un paciente sería uno de los más doloridos, uno de los más antiguos del hospital. A sus pies, el historial clínico remontaría a décadas y décadas atrás, mientras que en sus síntomas figurarían, entre otros, un 60% de células sobreviviendo con menos de dos dólares al día, un 24% sufriendo pobreza extrema y más de una de cada tres requiriendo asistencia alimentaria urgente.

Estas células dolientes son apenas una parte de las 11 millones de personas que dan vida a Haití, país caribeño conocido por sus males naturales (terremotos, sequías, huracanes), pero no por los diagnósticos de sus crisis (ligadas a "políticas neoliberales y neocoloniales", según el sociólogo argentino Lautaro Rivara), y mucho menos por sus fortalezas (más de un año entero en protesta).

En 2019, esa fue la resistencia que exhibió, protagonizando una de las mayores movilizaciones de América Latina, con grandes picos de marchas populares y masivas en febrero, junio, septiembre, octubre, noviembre y diciembre. Si bien, 'Ayiti' (nombre en creole) empezó a reincorporarse de la cama mucho antes, con un punto álgido entre los días 6 y 8 de julio de 2018.

Manifestantes marchan durante una protesta para exigir la renuncia del presidente Jovenel Moïse, en las calles de Puerto Príncipe, Haití, el 11 de octubre de 2019.
Manifestantes marchan durante una protesta para exigir la renuncia del presidente Jovenel Moïse, en las calles de Puerto Príncipe, Haití, el 11 de octubre de 2019. Andrés Martínez Casares / Reuters

Entonces se levantó contra la medicina recomendada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) al Gobierno del presidente Jovenel Moïse, a saber, un aumento de los precios de los combustibles (38% para la gasolina, 47% para el diésel y 51% para el queroseno, el más usado en los hogares) y el fin gradual de los subsidios a los productos derivados del petróleo, porque benefician a los más adinerados. Tras dos días de protestas, la medida fue revocada, dimitió el primer ministro Jack Guy Lafontant, pero el hartazgo se contagió de un mal mayor: un contexto de años de crisis multidimensional (la más extensa), además de un contexto de degradación de los derechos y las condiciones de vida mínimas (agua potable, comida, un hogar).

Contra esa realidad, el pueblo haitiano se alzó y sigue alzado, muy a pesar de sus virus y a la vez debido a ellos. En 2015, marchó contra el abuso de poder y el retraso de las elecciones; en 2017, contra un aumento de los impuestos. Hoy no es solo por la renuncia de Moïse, la crisis energética o la corrupción destapada en torno al programa venezolano de cooperación PetroCaribe, sino a favor de una "transición" que implique "un cambio social y político profundo", como resume Rivara.

La población haitiana marchó durante todo el mes de febrero, ante el segundo aniversario del Gobierno del presidente Jovenel Moïse.
La población haitiana marchó durante todo el mes de febrero, ante el segundo aniversario del Gobierno del presidente Jovenel Moïse. Héctor Retamal / AFP

O "un cambio de sistema", como prosigue el editor y periodista local Fred Brutus. "Es la primera vez que un haitiano común cree que la salida del presidente de la República no traerá un cambio, (pese a que) este cambio debe pasar por su salida (…) Desde 1986, con la caída del régimen de los Duvalier, la gente reclama un sistema democrático. Pero es la primera vez que la gente entiende que el sistema no es una cosa, sino varias: el bancario, educativo, religioso…".

La reivindicación por una sanidad, una educación, una vivienda, crédito para los jóvenes y las mujeres, además de trabajo, unió en 2019 a la ciudadanía con la sociedad civil y la oposición, cada uno con sus intereses. Sin embargo, "casi dos años de manifestaciones y el resultado no ha llegado", valora Brutus. ¿Por qué, si el paciente-Haití se ha agravado?

Parálisis debido a un Gobierno rechazado y corrupto, pero aún en el poder

Larga era la lista de los malestares haitianos, que este 2019 sumó un 70% de desempleo, una inflación superior al 12% y la devaluación de la moneda gourde, que frenó en parte esos reclamos.  Pero la fiebre por una economía saludable estalló cuando el Tribunal Superior de Cuentas dio a conocer uno de los casos de corrupción y desvío de dinero más "graves" de la isla: PetroCaribe.

Manifestantes cantan y levantan pancartas en una protesta para denunciar corrupción en el manejo de miles de millones de dólares del programa venezolano PetroCaribe de suministro preferencial de crudo, en Puerto Príncipe, el 24 de agosto de 2018.
Manifestantes cantan y levantan pancartas en una protesta para denunciar corrupción en el manejo de miles de millones de dólares del programa venezolano PetroCaribe de suministro preferencial de crudo, en Puerto Príncipe, el 24 de agosto de 2018. AFP

Lo que el Gobierno del fallecido expresidente Hugo Chávez creó en 2005 como un programa de ayuda y préstamos de petróleo para países del Caribe, a precios reducidos y tasas bajas, en Haití se convirtió en una tapadera, a través de la cual la clase política se habría apropiado más de 2.000 millones de dólares entre 2008 y 2016, la mitad de los recursos generados entre esos años. El "esquema de desvío" implica a los dos últimos gobiernos de René Préval (2006-2011) y Michel Martelly (2011-2016), con 15 exfuncionarios involucrados en malversación de fondos, abuso de autoridad y falsificación de documentos. El remate es que entre ellos está el nombre de Moïse, el de su partido, el Tèt Kale (PHTK), y el de su otrora empresa, la compañía Agritrans.

En Haití, uno de los máximos dolores de cabeza es preguntarse por qué han pasado diez años del terremoto que dejó más de 360.000 muertos y aún hay edificios, casas, puentes y carreteras destruidas. Parte de las subvenciones de Venezuela tenían ese cometido, incluso le anuló una deuda de 395.000 millones de dólares que mutó en un dinero adicional, pero esas ganancias desaparecieron, o se convirtieron en "dudosos proyectos", o se asignaron al 100% sin que jamás se llevaran a cabo. Un ejemplo, el estado de la carretera que Agritrans, empresa de bananas, iba a reparar y que "demuestra que hay una distancia enorme entre las sumas gastadas y la realidad".

El presidente haitiano, Jovenel Moïse, visita las plantas de energía Varreux (Cité Soleil), el 16 de diciembre de 2019, en Puerto Príncipe, Haití.
El presidente haitiano, Jovenel Moïse, visita las plantas de energía Varreux (Cité Soleil), el 16 de diciembre de 2019, en Puerto Príncipe, Haití. Valerie Baeriswyl / AFP

"Hay una lista de responsables y los mecanismos por los que el dinero fue involucrado. El tema es que el partido PHTK controla las instituciones y no hay posibilidad de que se avance en un juicio mientras el presidente esté en el poder. Es un escándalo, un cuarto del PIB haitiano apropiado que salpica a este Gobierno y a otros. Y eso difícilmente avanzará hasta que haya una transición", considera Lautaro Rivara, también brigadista de ALBA Movimientos en Haití, en relación a que no ha habido acciones ni más investigaciones sobre los fondos faltantes, en un país que hoy ostenta el puesto 161 de 180, en el Índice de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional.

Por ello, desde septiembre de 2018, el presidente está en el centro de las protestas y encarna la idea de que nadie está haciendo lo necesario para cuidar de Haití. De hecho, un 68% de la población no confía en su capacidad y cree que debe dimitir de inmediato, según una encuesta de Ayiti Nou Vle A, del 12 de diciembre. Lo que algunos manifestantes exteriorizaron quemando vehículos y neumáticos, formando barricadas y saqueos, además de enfrentarse con la Policía. Esta, a lo largo del año, respondió de forma "represiva", según Amnistía Internacional, con gases y munición real, causando la muerte de más de 100 manifestantes. Solo en febrero de 2019, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos reportó 26 muertes en el marco de las protestas, mientras que la ONU señaló otras 19 entre los meses de septiembre y octubre.

"Cada gobierno viene y se va, pero la corrupción y la impunidad siguen. Hoy se quiere un cambio en el sistema que nos está destruyendo", decía en febrero un manifestante a Reuters; mientras que otros defendían en junio y octubre que "cada día tenemos menos dinero para comer, todos morimos a fuego lento", "estamos en la miseria, Moïse debe renunciar para tener un nuevo Haití".

Sobre la corrupción y la pérdida, el presidente Jovenel Moïse se ha expresado con tres palabras: "diálogo" y "Convenio Nacional" para salir de la crisis. Salvo porque, abatido como está Haití y con necesidad de cuidados, esa propuesta se siente "abstracta" e "imposible", "Moïse tiene todos los sectores, campos, ciudades, sindicatos, políticos, empresariado, incluso sectores bancarios", asegura Rivara, mientras que el opositor André Michel, portavoz del partido Sector Democrático y Popular, sostiene que "Jovenel Moïse ha perdido el control, no es jefe de la situación".

"Ha sido un presidente impulsado por las fuerzas del dinero, aumentando los privilegios de una minoría rica —a la que por primera vez ha denunciado, según Fred Brutus—. Rechazado por el conjunto de la población, tiene el apoyo de la comunidad internacional, y de EE. UU. en particular. Son ellos quienes lo mantienen, no por el interés del pueblo, sino por su interés. Pedimos a la comunidad no seguir apoyándolo", denuncia Michel.

Parálisis debido al binomio élite y comunidad internacional: los dos virus más dañinos

Es un saber común en 'Ayiti' que hay unas "familias" que ostentan más del 80% de las riquezas, que bien nutrirían a un país cansado de partir de cero. Lo dice con fotografías Corentin Fohlen, lo dice con libros Brutus, y lo dice en mítines Michel: "El poder político ha hecho una alianza con la oligarquía minoritaria para continuar la lapidación de los recursos del Estado".

Si bien todos concuerdan en una causa mayor de la aflicción haitiana: la llamada comunidad internacional, que en el caso de la isla se traduce en el Core Group, formado por un representante del secretario general de Naciones Unidas, Francia, España, Canadá, Alemania, Brasil, la Unión Europea y la Organización de Estados Americanos (OEA), con líder Estados Unidos. En palabras de Lautaro Rivara, hay un "modelo implantado por clases dominantes locales, con ayuda de las potencias extranjeras (…) Jovenel Moïse viene resistiendo desde julio de 2018 porque el factor de poder no es interno, sino de la injerencia de otros países, con mediación de la ONU y de la OEA".

Es aquí, en este punto, donde se abre la parte menos mediática pero enferma de Haití, que hoy sobrevive sin un Gobierno. Porque tras las dimisiones de Lafontant, Jean-Henry Céant y Jean-Michel Lapin en un año, carece del primer ministro que requiere su sistema mixto (Fritz-William Michel no fue ratificado en el cargo); porque, pese a tener mayoría parlamentaria, en 2019 no aprobó su presupuesto, y no pinta distinto para 2020; porque el tiempo pasa, y en octubre no pudo celebrar comicios legislativos, mientras que este enero vence el mandato de los senadores. Y para Rivara, "es sintomático que la ONU y la OEA, ávidas por señalar déficits democráticos, no digan nada de (este) escándalo jurídico y político. Mi hipótesis es que Moïse es un aliado fiel".

Un manifestante quema una bandera estadounidense durante una manifestación en la capital de Puerto Príncipe, Haití, el 15 de febrero de 2019.
Un manifestante quema una bandera estadounidense durante una manifestación en la capital de Puerto Príncipe, Haití, el 15 de febrero de 2019. Héctor Retamal / AFP

Dicha fidelidad tiene como primer vínculo al Core Group, que como Moïse reclama "un diálogo" sin citar una "transición", pero sobre todo un vínculo con Estados Unidos, que durante 2019 se reforzó al rechazar a Venezuela. Yendo en contra de su aliado, Haití fue uno de los que reconoció como presidente al autoproclamado Juan Guaidó y se unió al Tratado de Asistencia Recíproca de la OEA, no exento de críticas pese a "condenar el uso de fuerza para la resolución de conflictos entre países firmantes". Además de eso, este diciembre Moïse no dudó en retar a su homólogo Nicolás Maduro con esta oferta: solo si celebra "elecciones legítimas" volverá a apoyar a su Gobierno.

"El presidente está ahora defendiendo posiciones de EE. UU. Es el apoyo de EE. UU. lo que está permitiendo a Moïse mantenerse en el poder. Es una elección política, cuando Venezuela había ayudado mucho a Haití. Tenemos una relación histórica con Venezuela, pero se votó contra el país y el Gobierno actual se está beneficiando de eso", desarrolla Fred Brutus, en consonancia con su compatriota André Michel y con Frédéric Thomas, investigador en CETRI-Centre Tricontinental, que señala en 'Libération' que Estados Unidos, que en noviembre envió a Haití un barco-hospital de la Marina, es el "primer jefe" de las instituciones y países occidentales, sin las cuales Moïse, "desacreditado, con un rechazo masivo de la población, habría caído. La ayuda humanitaria y el diálogo impuestos por la comunidad internacional atestiguan la complicidad con el Gobierno".

De nuevo, la pregunta sería por qué, además de para qué. "Si Haití es tan pobre, la suposición a analizar sería ¿por qué hay interés en explotarlo?", dice Rivara. El sociólogo lo explica como si la nación tuviera órganos. En su corazón, dispondría de riquezas naturales como recursos mineros, "con trasnacionales canadienses y estadounidenses" presentes con "interés en apropiarse de los bajísimos salarios", que sería la sangre que va a todo el cuerpo de la isla, cuya "pobreza no es casual, ha sido generada".

El otro gran órgano equivaldría a la piel, y es la industria textil, que en Haití ocupa el 90% del PIB, solo con ayuda arancelaria externa. De nuevo, de países como Estados Unidos. Este, de acuerdo con Lautaro Rivara, tiene "un interés de geopolítica, el Caribe es vital para sus intereses; Haití está a pocas millas de dos países objetivo como Cuba y Venezuela", así como es "una estación del narcotráfico (no produce) y hay una cierta economía vinculada con el poder político local". 

Sin embargo, esa relación, por ejemplo con Estados Unidos, ha tendido a los desequilibrios. En la historia se ve con su ocupación militar de 1915 a 1934, periodo durante el cual ayudó a sanear las finanzas y a construir escuelas y carreteras, pero el pueblo vio nacer un Ejército y soportó el racismo de los marines. En el caso actual, el más sonoro fue la decisión de Washington en 2019 de dejar sin Estatus de Protección Temporal, o exponer a la deportación en enero de 2021, a 59.000 migrantes haitianos, alegando que los desplazados "disminuyeron un 97% y las condiciones extraordinarias, pero temporales causadas por el terremoto de 2010 ya no existen".

Parálisis debido a la ayuda humanitaria: ¿peor la cura que la enfermedad?

Haití no depende solo de fondos extranjeros (por los que está "altamente endeudado", según el FMI y el Banco Mundial, con una deuda de más de 3.000 millones de dólares), sino también de las remesas (suponen el 31% de los ingresos) y de la asistencia de varias ONG y organizaciones. Son estas, como hizo el 31 de diciembre Acción contra el Hambre, las que nos informan de que en la isla, próximamente, 4,1 millones de haitianos estarán en inseguridad alimentaria, las mismas que vemos acudir en socorro ante huracanes como Matthew de 2016 (con más de 900 muertos).

Fuerzas de paz brasileñas de la ONU en Cité Soleil, el 21 de junio de 2009 en Puerto Príncipe.
Fuerzas de paz brasileñas de la ONU en Cité Soleil, el 21 de junio de 2009 en Puerto Príncipe. Thony Belizaire / AFP

Es decir, como arranca Thomas en su artículo, "lo humanitario es la respuesta de la comunidad internacional a la crisis haitiana", ya sea económico-social o por causas naturales. No obstante, no siempre esa buena causa ha ayudado al paciente-Haití, tendiendo a corresponder a la "estrategia de pudrirlo y llevarlo a la exasperación social, (hasta) asegurar el statu quo". Algo que comparte Rivara: "La respuesta cuando se habla de Haití es convocar una participación internacional para el pobre Haití desvalido. Esa ayuda humanitaria ha sido desastrosa para el país".

Y los ejemplos de esa mala dosis o de un empeoramiento para Haití, debido a la comunidad, más representada por las organizaciones, abundan. De ahí que la más reconocida, la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas (MINUSTAH), fuera tildada de "apoyo", pero también de "13 años de ocupación" o "sistema organizado" por el que llegaron 10.000 soldados para entonces "pacificar" el estallido contra el mandatario Jean-Bertrand Aristide; primer presidente democrático que no era del agrado de EE. UU., que sufrió golpes de Estado, que disolvió al Ejército, que fue negado por atacar o no dialogar con la oposición, y que fue seguido por Boniface Alexandre, que pidió a la ONU intervención, con efectivos de EE. UU., Francia, Canadá, Argentina, Chile y Brasil.

Un manifestante grita frente a un grupo de policías durante la protesta por la escasez de combustible en Puerto Príncipe, el 20 de septiembre de 2019.
Un manifestante grita frente a un grupo de policías durante la protesta por la escasez de combustible en Puerto Príncipe, el 20 de septiembre de 2019. Andrés Martínez Casares / Reuters

Así, el cuadro clínico haitiano ha ido ligado al impulso de la Policía Nacional por la MINUSTAH (que hoy sigue con la misión judicial/policial MINUJUSTH); a la introducción, tras el terremoto de 2010, del cólera traído por un contingente de Nepal que mató a 30.000 haitianos (la ONU tardó seis años en admitirlo); a ser el país con más ONG por persona sin que el dinero de las misiones se perciba en lo cotidiano; sin contar con los escándalos de abusos sexuales perpetrados (y sabidos) durante años por los cascos azules y Oxfam.

Más de 2.000 mujeres, muchas menores, habrían sufrido estas violencias, concibiendo a cerca de un centenar de niños, de acuerdo con el estudio liderado por la profesora de la Universidad de Birmingham, Sabine Lee; mientras que directivos y trabajadores de la confederación ejercieron "explotación sexual, abuso de poder e intimidación". Oxfam despidió o aceptó las dimisiones de los implicados, siempre gracias a la investigación de 'The Times'; Naciones Unidas asegura estar "activamente involucrada", pero el estudio y el 'Coloquio: Hacia un tribunal popular sobre crímenes de la MINUSTAH' reunido en diciembre denuncian una política "ineficaz" sin procesamiento de los trabajadores, además de una falta de juicios e "indemnización a las familias afectadas".

"El pedido es claro: no se quiere más ayuda humanitaria en ese sentido", sentencia Rivara. Para Brutus, el daño refleja que misiones como la de la MINUSTAH no cumplieron con sus promesas, "no ha habido ni un resultado de la comunidad internacional" sobre estabilidad, promoción de la Justicia, desarrollo económico-social, sistema sanitario… Ese dinero no se quedó en Haití, nadie ve dónde fue a parar ese dinero. Y los haitianos son responsables, junto a la comunidad internacional, que ha rechazado siempre a Haití".

Parálisis debido al pueblo haitiano: ¿recibirá algún día el alta médica?

Al editor Fred Brutus, como célula de la mal llamada "cuestión haitiana", le duele que se hable de los dolores superficiales, la dimisión de Moïse o las demandas de la oposición, y no de que Haití "nunca haya sido prioridad de la comunidad internacional". Tanto él como André Michel ilustran ese olvido con la historia haitiana, como si no se le hubiera perdonado, 216 años después, que se deshiciera de la esclavitud de forma revolucionaria y se independizara de Francia un enero de 1804, siendo la primera república libre y negra de América Latina. Estados Unidos tardó 60 años en reconocerla; Francia la obligó a pagar 21.000 millones de dólares, su primera deuda que tardó en pagar 122 años, con préstamos franceses, alemanes y estadounidenses.

"Tuvo razón demasiado pronto. Era un mal ejemplo para el mundo en esa época y todos los grandes países que hoy llamamos comunidad internacional han combatido su ejemplo y lo estamos pagando hasta este presente (…) porque traer la democracia no solo son comicios, sino lograr una repartición igualitaria, e igualdad no son familias con 80% de la riqueza".

Gente camina en una calle desierta, antes de que tengan lugar tiroteos en el centro de Puerto Príncipe, el 20 de diciembre de 2019.
Gente camina en una calle desierta, antes de que tengan lugar tiroteos en el centro de Puerto Príncipe, el 20 de diciembre de 2019. Chandan Khanna / AFP

Brutus deposita la culpa en la falta de líderes "íntegros, competentes y con acciones detrás", pero sobre todo en sus conciudadanos: "Los haitianos deben dejar de ser niños, dejar de tener prisa, y ser adultos para entendernos y dirigir este país. No sabemos entendernos cuando hay problemas y, mientras tanto, el país cada vez es más pobre y la violencia es más grave".

Se prevé que en 2020 los haitianos continúen con las protestas, que nunca dejaron de suceder. Solo que, como desvenda el sociólogo Rivara, ha habido picos "de masividad y radicalidad, y luego ciertas mesetas porque la población necesita seguir con su vida cotidiana. Pero en tanto no haya un cambio, la tendencia es que los momentos de tregua sean más cortos y las protestas más masivas y radicales. La respuesta del Estado será más violenta".

¿Y qué se observa sobre el cuerpo Haití? Que "se ha vuelto inviable, colapsado", dice Rivara. Ha probado de protestar, desde 2018, con el 'Peyi Lok', un bloqueo del país. De ahí que la actividad escolar, los centros de salud, comercios, transporte y la importante economía campesina se haya paralizado. Un 93%, entre ellos Brutus, rechazan la medida, ya que no permite avanzar, mientras la oposición, implicada en ella, propone el 'Acuerdo Marriot', bajo el cual se entiende que Moïse "es parte del problema y no puede hacer parte de la solución". Según Michel, las principales fuerzas de la oposición se han unido "en una sola voz" para "poner fin al mandato de Moïse, crear un gobierno de transición con los actores de la vida civil, poner una estructura de control de la gestión del Estado y construir una sociedad más justa".

Miembros de las fuerzas armadas firmes junto al presidente Jovenel Moïse, que ve un desfile militar para conmemorar el Día de la Batalla de Vertieres, la última gran batalla de la Segunda Guerra de Independencia de Haití, en el Palacio Presidencial de Puerto Príncipe, el 18 de noviembre de 2019.
Miembros de las fuerzas armadas firmes junto al presidente Jovenel Moïse, que ve un desfile militar para conmemorar el Día de la Batalla de Vertieres, la última gran batalla de la Segunda Guerra de Independencia de Haití, en el Palacio Presidencial de Puerto Príncipe, el 18 de noviembre de 2019. Valerie Baeriswyl / AFP

Haití, desde su cama de cuidados, está "en un momento de inflexión", pero se le debe "permitir lo que nunca se le permitió: resolver de forma autónoma y soberana sus crisis, como cualquier país", denuncia Rivara. Esa inflexión podría ir a mejor, como confía Michel que, pese a ver miseria y destrucción, "ves en el campo un país que aún mantiene su sed y hambre de ser reconstruido, ha explotado", en busca de alternativas.

Aunque esa inflexión también podría ir peor. En ausencia de un Gobierno oficial, han ocurrido al menos cinco grandes masacres (entre ellas La Saline o Bel-Air), de las que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos reportó la ausencia de la Policía Nacional y más de 40 víctimas de violencias, detenciones arbitrarias y encarcelamientos sin sentencias. Las masacres se atribuyen a "bandas armadas". Pero detrás de estas se señala "un apoyo del Estado" y se teme una paramilitarización del país, con ayuda policial, debido a que el Ejército, reinstaurado en marzo de 2018 por Moïse, aún es débil y poco numeroso.

selfpromo.newsletter.titleselfpromo.newsletter.text

Página no encontrada

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.