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Australia vive una tragedia ambiental sin precedentes

Los voluntarios del Servicio de Bomberos Rurales mientras intentan contener un incendio forestal que cerró la autopista Princes Highway al sur de Ulladulla, Australia, el 5 de enero de 2020.
Los voluntarios del Servicio de Bomberos Rurales mientras intentan contener un incendio forestal que cerró la autopista Princes Highway al sur de Ulladulla, Australia, el 5 de enero de 2020. © Dean Lewins/Reuters
Texto por: Camilo Montoya
5 min

La Agencia de Meteorología de Australia reveló datos preocupantes: 2019 fue el año más caluroso y seco en la historia del país, su temperatura media fue de 1,52 grados centígrados por encima del promedio y la media nacional de lluvia fue de solo 277 milímetros, la más baja registrada hasta la fecha.

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Han sido cerca de 200 incendios desde septiembre de 2019, la mayoría en los estados de Nueva Gales del Sur, Victoria, Australia del Sur y Tasmania. Aunque los focos más grandes están en zonas rurales, ciudades como Sídney, Melbourne y Canberra, que es la capital del país, han estado cubiertas por humo y su calidad del aire ha sido calificada como peligrosa. La gruesa nube de humo viajó más de 12.000 kilómetros sobre el Océano Pacífico y llegó a Chile, Argentina y Uruguay, en Suramérica, pero no representa riesgo en estos tres países porque se ubica a 6.000 metros de altura.

Al menos 27 personas han muerto, muchas de estas cuando luchaban contra las llamas. Pero la peor parte la han sufrido los animales: autoridades y ONG ambientalistas calculan que al menos mil millones han muerto o han resultados heridos por las llamas.

Imágenes devastadoras de animales quemados, desorientados y sedientos le dan la vuelta al mundo. La afectación que también ha impactado a los koalas y los canguros, especies representativas de Australia, conmociona al mundo. Cientos de voluntarios intentan salvar todo tipo de animales, pero el fuego no da tregua. Los bosques, lagos, ríos, árboles, nidos y madrigueras que habitaban ya no están, y causa impotencia saber que no hay forma de alertarlos o explicarles lo sucedido. El ser humano evacúa preventivamente, se comunica y se adapta, pero los muchos animales se han visto sorprendidos por las llamas que han consumido hasta el momento más de 6 millones de hectáreas, el doble de la superficie de Bélgica.

Un canguro en una de las zonas afectadas por los incendios en Australia el 9 de enero de 2020.
Un canguro en una de las zonas afectadas por los incendios en Australia el 9 de enero de 2020. © Tracey Nearmy/Reuters

El apoyo de 3.000 reservistas de las Fuerzas Militares y de bomberos de Estados Unidos ha sido útil, pero no suficiente. Los bomberos forestales australianos hacen lo que pueden, pero los fuertes vientos y las altas temperaturas van ganando la pelea. Las comunidades en riesgo han sido evacuadas y llevadas a lugares seguros donde tienen comida y alojamiento temporal.

El Gobierno Federal anunció la creación de un fondo de 2.000 millones de dólares australianos -equivalentes a 1.300 millones de dólares estadounidenses- para reparar las más de 2.100 viviendas destruidas y ayudar a las familias que lo perdieron todo. Sin embargo, el primer ministro de Australia, Scott Morrison, ha sido fuertemente criticado, no solo por sus detractores políticos, sino también por la comunidad australiana e incluso los propios bomberos. Cuestionan que no respondió apropiadamente a la crisis y que no ha hecho lo necesario para combatir el cambio climático. Cuando los incendios ya ardían, Morrison estaba en Hawái de vacaciones con su familia. Esto no cayó bien en todo el país. La presión social lo obligó a suspender su descanso y regresar. El rechazo al Gobierno Federal ha llegado al punto en que muchos bomberos le han negado el saludo al Primer Ministro cuando visita las zonas de desastre. Ellos sienten que deben arriesgar sus vidas y soportar condiciones extremas cuando debió haber existido prevención y atención inmediata a la crisis.

En Sídney y Melbourne, organizaciones ambientalistas han salido a protestar contra Morrison y su gobierno para exigirle la asignación de más recursos para los bomberos y un cambio inmediato en su política ambiental. Le piden que se aleje de los combustibles fósiles y que haga una transición justa para los trabajadores de estas industrias con una garantía de empleo.

Ciudadanos llenan tanques con agua para proteger su granja de un posible incendio forestal en la ciudad de Eden, Australia , el 10 de enero de 2020.
Ciudadanos llenan tanques con agua para proteger su granja de un posible incendio forestal en la ciudad de Eden, Australia , el 10 de enero de 2020. © Alkis Konstantinidis/Reuters

La comunidad se ha volcado a donar masivamente. Los organismos de emergencias aseguran que ya no se necesitan alimentos ni frazadas y por eso hacen un llamado para que solo se done dinero a cuentas autorizadas por el Gobierno, pues voceros oficiales de la Comisión Australiana de la Competencia y el Consumidor han confirmado 47 denuncias de estafas por parte de falsas organizaciones benéficas que se aprovechan de la crisis y de la buena fe.

Líderes políticos, artistas, filántropos y ambientalistas del mundo han donado gruesas sumas de dinero para aliviar la situación de los afectados. El país lucha por mantenerse en pie y con la ayuda del planeta seguramente lo logrará.

Las autoridades siguen combatiendo las llamas y la comunidad está en alerta porque la temporada de incendios en Australia podría extenderse hasta marzo. Por ahora, los pronósticos no prevén lluvias significativas y el verano en apenas comienza. La crisis en Australia está lejos de terminar.


 

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