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El viaje incierto de los hondureños a EEUU para huir de la pobreza y violencia

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San Pedro Sula (Honduras) (AFP)

Heydy Meléndez se unió a la caravana de cientos de hondureños que partió esta semana a Estados Unidos con sus hijas de seis y cinco años, huyendo del desempleo y de las violentas pandillas que aterrorizan su comunidad, aunque sabe que chocará con la política antimigratoria del presidente Donald Trump.

"En Honduras la vida está dura y quiero dar un mejor futuro a mi hija, soy madre soltera", dice a la AFP Meléndez (24), mientras su hermana de 30 años acariciaba el cabello a su hija de cinco en la terminal de buses de San Pedro Sula, 180 km al norte de Tegucigalpa.

Más de mil personas partieron el miércoles de San Pedro Sula hacia la frontera en Corinto, y otras mil lo hicieron después por Agua Caliente, ambos frontera con Guatemala, con intenciones de entrar a Estados Unidos, en una atrevida aventura por los bloqueos que sufrirán en la travesía.

El presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, dijo que el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, le aseguró que México "utilizará todo lo que esté en sus manos" para evitar el paso de la caravana.

En Honduras, "las condiciones de desempleo y violencia están aumentando y hace sentir a las personas que incluso en las caravanas tienen mejor calidad de vida que en sus comunidades", dice a la AFP Marysabel Zelaya, coordinadora del Observatorio Demográfico de la Universidad Nacional.

En este contexto, las caravanas van a seguir convocándose y partiendo "por la desesperanza en el país".

"Se está orillando a la gente a pensar que solo saliendo de Honduras tendrán mejores condiciones de vida", añade la experta.

La directora del Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional, Migdonia Ayestas, cita por su parte un incremento de la violencia criminal en el último año en Honduras.

"Los padres prefieren que sus hijos salgan (en caravanas) a que formen parte de las organizaciones (pandillas), o que sea afectados por las extorsiones, los asesinatos", explica a la AFP.

- "En Honduras no se puede vivir" -

Heydy supo de la caravana por los medios de comunicación. "'Vámonos', le dije a mi hermana, 'tal vez es la oportunidad de nuestra vida. Agarremos valor'", cuenta.

En el municipio de Ilama, departamento de Santa Bárbara, noroeste, abordaron un bus hacia San Pedro Sula, donde se unieron a la caravana.

"De repente las hijas nos ayudan a pasar" a Estados Unidos, dice Heydy, que admite estar consciente de los impedimentos que hallarán en el incierto peregrinaje, pero "en Honduras no se puede vivir".

Ocasionalmente ha trabajado en la cosecha de café en las montañas aledañas a su municipio, pero no le alcanza ni para la comida. "Las niñas piden ropa y calzado que no les puedo dar", lamenta.

Un hombre de 35 años que se identifica como Gerardo, de la empobrecida colonia Sagastume de Tegucigalpa, dice haberse sumado a la caravana después de dos intentos previos en los que lo deportaron de México.

"Me vine en la primera caravana y me agarraron en el DF (Ciudad de México). Me deportaron por tierra. Luego salí en otra y me entregué en Arriaga y también me deportaron por tierra", recuerda.

- "Si no me voy, me matan" -

Marlon Orlando Sevilla, de 20 años y oriundo del caluroso municipio de Choloma, 10 km al norte de San Pedro Sula, quiere sobre todo poner distancia de la mara Barrio 18.

"Mi mujer sirvió de testigo protegida de un asesinato y los mismos policías le dijeron a los pandilleros" que ella había sido testigo.

Relata que huyeron a varias comunidades para evitar a los pandilleros, "pero esos animales están en todos lados, a nivel nacional".

El 21 de diciembre, un día antes de su cumpleaños, entraron a su casa en Choloma, lo amarraron junto a su madre y los amenazaron con armas de fuego.

"Si no me voy, me matan. Tengo pruebas", asevera, consciente de que esas pruebas pueden marcar la diferencia para acceder al estatus de refugiado.

Con el respaldo de los gobiernos centroamericanos, Trump ha logrado disminuir las corrientes migratorias procedentes de Honduras, El Salvador, Guatemala y México.

En todo el segundo semestre de 2019 no salió ninguna caravana desde el norte de Centroamérica, aunque la salida de esta semana podría reiniciar la corriente.

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