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Líbano cumple tres meses de protestas sin un Gobierno al frente para timonear la crisis

حراك مستمر في لبنان
17 أكتوبر/تشرين الأول- بدء مظاهرات ضد الطبقة السياسية الحاكمة أدت إلى استقالة سعد الحريري في 29 أكتوبر/تشرين الأول، وتكليف حسان دياب في 19 ديسمبر/كانون الأول تشكيل حكومة جديدة.
حراك مستمر في لبنان 17 أكتوبر/تشرين الأول- بدء مظاهرات ضد الطبقة السياسية الحاكمة أدت إلى استقالة سعد الحريري في 29 أكتوبر/تشرين الأول، وتكليف حسان دياب في 19 ديسمبر/كانون الأول تشكيل حكومة جديدة. رويترز

Este 17 de enero se cumplen tres meses del inicio de las protestas en Líbano. Durante este tiempo se cayó el primer ministro, salió elegido uno nuevo y la clase política prometió consolidar un Gobierno para sacar al país de su peor crisis económica. Sin resultados a la vista, los ciudadanos regresaron a las calles. Recuento de un estallido social que tiene al país en llamas.

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Los libaneses, hasta hace tres meses, parecían resignados a vivir en uno de los países más endeudados del mundo, cuya deuda pública representa cerca del 150% de su PIB. Con una crisis económica que empeoró con los años, el Gobierno dejó de suplir las necesidades más básicas de muchos ciudadanos. La electricidad en varias zonas se volvió esporádica, el agua no del todo potable y la telefonía costosa.

Pero fue precisamente un asunto relacionado con las comunicaciones, el que provocó el estallido social del pasado 17 de octubre. Ese día comenzó lo que algunos medios denominaron como “la revolución del Whatsapp”. El detonante: el anuncio del Gobierno de entonces, encabezado por el primer ministro Saad Hariri, de gravar las llamadas realizadas a través de esta plataforma digital, como medida paliativa ante la peor crisis económica que atraviesa el país desde la guerra civil que inició en1975 y se extendió hasta 1990.

Y las movilizaciones, como una bola de nieve, comenzaron a crecer y a extenderse por todo el país. Manifestantes de todos los sectores, religiones y credos ideológicos, se unieron para exigir la salida de la elite política gobernante que calificaron de “corrupta e incompetente”. En su reemplazo, exigieron que se formara un Gobierno integrado por tecnócratas que hicieran frente a la crisis económica, pues consideraban que los gobernantes actuales estaban llevando al país directo al colapso.

Los manifestantes hacen gestos y cantan consignas durante una protesta antigubernamental en la ciudad sureña de Nabatiyah, Líbano, el 20 de octubre de 2019.
Los manifestantes hacen gestos y cantan consignas durante una protesta antigubernamental en la ciudad sureña de Nabatiyah, Líbano, el 20 de octubre de 2019. Aziz Taher, Reuters

Líbano, que se antepuso a un conflicto interno, que participó en la Guerra de los Seis Días, que ha recibido a cerca de un millón de refugiados sirios, nunca vio desfallecer tanto su economía y la calidad de vida de los ciudadanos como ahora. Acorralado entonces por las críticas, las presiones internas ya no solo del pueblo sino de algunos políticos que se unieron a las demandas, el 21 de octubre Hariri anunció una serie de reformas anticorrupción para apaciguar los ánimos: la reducción de al menos el 50% del salario de altos funcionarios, la privatización del sector de las comunicaciones y obligar tanto al banco central como a los privados aportar algo más de 3.000 millones de dólares al presupuesto del Estado para este 2020. Pero no lograron cesar las protestas, que se desarrollaban de forma pacífica.

“Mentiras, mentiras, mentiras. Nada pasará. Ellos han gobernado por mucho tiempo, si quisieran cambiar algo, ya lo hubieran hecho”, sentenció un residente de Beirut de 37 años, que omitió su nombre.

Renuncia el primer ministro y la inestabilidad política se apodera del país

Tras dos semanas de protestas, el 29 de octubre, Saad Hariri ofrece su renuncia. Con el antecedente de la Primavera Árabe en su memoria y con las protestas floreciendo, el primer ministro salió, pero no se llevó con él a la vieja clase gobernante. La frustración para entonces, ya ardía como lava de un volcán.

“Voy al palacio de Baadda para presentar la renuncia del Gobierno al presidente Michel Aoun y al pueblo, en respuesta a la voluntad de muchos libaneses que han salido a las calles para exigir un cambio”, dijo Hariri.

El primer ministro saliente de Líbano, Saad Hariri.
El primer ministro saliente de Líbano, Saad Hariri. © Reuters

Así comenzó el debate sobre quién debía suceder a Hariri y tomar las riendas de un país cuya deuda pública asciende a unos 86 mil millones de dólares. En medio de las discusiones el 16 de noviembre, el exministro de finanzas Mohammed Safadi se echó para atrás y no quiso asumir el cargo, elevando la ira de los manifestantes. El ambiente empezó a ponerse cada vez más caldeado y se presentaron hechos de violencia.

Tres días después, el 19 de noviembre, el exministro de educación Hassan Dian ganó el respaldo justo del Parlamento para ser el siguiente en la lista de primer ministro. Pero incluso con el apoyo de Hezbolá, pero sin el respaldo de los líderes sunitas del Legislativo, su lucha por formar un gobierno avanzó sin éxito.

“La revolución ha vuelto” en 2020

Del 19 de diciembre al 14 de enero transcurrieron los días menos agitados de los últimos tres meses en Líbano. Aguardando con recelo a que se formara un nuevo gobierno la intensidad de las protestas disminuyó, pero el 11 resurgieron algunas esporádicamente.

Sin embargo, con un panorama sin resolverse en el Parlamento para dar vía libre a un nuevo gobierno, el pasado 14 de enero los ciudadanos regresaron a las calles bajo la consigna de “la revolución ha vuelto”. La frustración volvió a materializarse. Y no es para menos: la moneda local va en caída libre. Por primera vez ha perdido más del 60% de su valor en el mercado negro desde que se fijó en 1.500 por dólar en 1997.

Los manifestantes se amontonan alrededor de una pila de neumáticos incendiados durante una protesta en la Corniche al Mazzraa en Beirut, Líbano, el 20 de diciembre de 2019.
Los manifestantes se amontonan alrededor de una pila de neumáticos incendiados durante una protesta en la Corniche al Mazzraa en Beirut, Líbano, el 20 de diciembre de 2019. REUTERS - MOHAMED AZAKIR

Sin embargo, este jueves 16 de enero, el ministro de finanzas interino Ali Hassan Khalil aseguró que el país está a punto de formar un nuevo gobierno: “hoy creo que hemos progresado en gran medida y podemos decir que estamos a las puertas de formar un nuevo gobierno", dijo Khalil. Fuentes políticas de alto rango dijeron que el economista Ghazi Wazni será nombrado ministro de finanzas en el nuevo gabinete. Wazni ha servido como asesor del comité de presupuesto y finanzas del parlamento.

Pero más allá de los márgenes políticos, los libaneses no olvidarán que estas protestas han cobrado la vida de al menos dos personas y han dejado a docenas de heridos. La fuerte respuesta policial a las protestas, el uso desmedido de gases lacrimógenos y el manejo oficial de la crisis, denunciado por organizaciones como ‘Human Rights Watch’, quedarán en la impronta de unas movilizaciones que evocan, para la mala fortuna de la clase política, pero con fresco orgullo para los manifestantes, los recuerdos de los levantamientos de la Primavera Árabe, que puso a temblar a Medio Oriente.

Con Reuters

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