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Putin busca otro sillón para seguir mandando

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, durante su intervención ante la Asamblea Federal. 15 de enero de 2020.
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, durante su intervención ante la Asamblea Federal. 15 de enero de 2020. © Shamil Zhumatov / Reuters

Mandar sin estar. Es el hechizo que el presidente ruso debe hacer antes de que se le acabe el tiempo. Vladímir Putin, según la legislación actual, no puede postularse en 2024 y lo que se ha visto en los últimos días es un intento por arreglarlo. 

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El presidente ruso propuso el miércoles reformas políticas en el país que otorgarán mayores poderes al Parlamento, tras lo que el primer ministro Dimitri Medvedev anunció la renuncia del Ejecutivo en pleno. Los cambios se han puesto en marcha pero probablemente nadie, salvo Putin, conoce cómo quedarán repartidas las fichas: si deja la presidencia puede ser primer ministro, o tal vez ‘sólo’ presidente del Consejo de Seguridad. 

El nuevo rol se construye a través de cambios legales, pero también de pequeños gestos. El sábado anunció que todos los veteranos de la Segunda Guerra Mundial recibirán una paga de 75.000 rublos (1.200 dólares) cuando en mayo se cumpla el 75 aniversario de la victoria. Normalmente es de sólo 162 dólares. 

Preparar el futuro implica regresar a la realidad. Desinflar una presidencia hiperpresente: “Un poder ilimitado en manos del maestro del Kremlin que ahora necesita ser debilitado” antes de que llegue el siguiente, dice Marc Galeotti, autor del libro ‘We need to talk about Putin’. Por eso se va a reforzar el papel del Parlamento en la formación del gobierno, dándole la prerrogativa de elegir al primer ministro. Actualmente, la Duma sólo confirma la elección del jefe de Estado. “Una presidencia más débil y un parlamento más fuerte deben ser buenos para la democracia rusa, sea cual sea la intención real”, escribía el jueves Yana Gorojovskaia, investigadora de la sociedad civil en Rusia. 

Según Putin, se trata de un cambio "significativo" para el que juzga bastante "madura" a Rusia. En estos momentos, las dos cámaras parlamentarias están dominadas por fuerzas pro-Putin y no se oponen nunca a la voluntad del Kremlin, así que de momento un régimen parlamentario no es ningún salto al vacío. El problema es que el partido Rusia Unida, creado a principios de la década pasada para sostener al gobierno, tiene hoy mala imagen en las encuestas. 

Entre otras propuestas de reformas expuestas por Putin figuran reformar los poderes de los gobernadores regionales, prohibir a los miembros del gobierno y a los jueces tener permisos de estadía en el extranjero y obligar a cualquier candidato a presidente a haber vivido los últimos 25 años en Rusia. Los cambios dibujan un estado más cerrado a influencias externas. Una condición necesaria para hacer una transición en paz. 

Putin necesitará un lugar dónde estar. El puesto de primer ministro es muy destacado pero si optase por algo más a salvo del oleaje electoral hay más opciones. Incluso consecutivas, si la retirada es gradual. El Consejo de Estado, actualmente un cuerpo puramente asesor de gobernadores regionales, será completamente renovado y reforzado. Allí no hay límite de mandatos. 

Algo parecido sucede con el Consejo de Seguridad. Allí un reciclado Dimitri Medvedev será el número dos. Pero ese organismo ya tiene un secretario, Nikolai Patrushev, que no cederá terreno. Ése pulso entre ambos es una incógnita. 

De momento los cambios no han sido mal recibidos. La aceptación de Vladimir Putin aumentó tras su discurso anual sobre el estado de la nación en el que anunció una serie de reformas políticas, según el Centro Nacional de Estudios de la Opinión Pública (Vtsiom). Un 67% aprueban la gestión de Putin como presidente. La víspera era de un 64%. 

Las miradas se han girado a Mishustin, de 53 años, quien ejercía hasta ahora como jefe del Servicio Federal de Impuestos de Rusia, cargo que ocupó en 2010 y donde se granjeó la fama de buen gestor y experto en la digitalización. Recibió el respaldo de 383 parlamentarios, mientras que 41 legisladores (los comunistas) se abstuvieron y nadie votó en contra. Parece un perfil técnico destinado a gestionar bien sin interferir en los planes ni las ambiciones de nadie. Pero en el puzzle de 2024 faltan todavía muchas fichas. 

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