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Coronavirus: el largo camino hacia una vacuna

La comunidad científica trabaja en la elaboración de una vacuna para combatir el coronavirus desde el 10 de enero de 2020.
La comunidad científica trabaja en la elaboración de una vacuna para combatir el coronavirus desde el 10 de enero de 2020. © Reuters

En las anteriores crisis de salud causadas por el coronavirus, como SARS y MERS, la comunidad científica no logró encontrar una vacuna antes del fin de las epidemias. ¿Esta vez podrán los investigadores ganar esta carrera contrarreloj?

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Una vacuna contra el coronavirus. Es una pelea aparentemente desigual. Desde que se descubrió en Wuhan (China central) el nuevo virus a fines de diciembre, el número de víctimas de la epidemia ha aumentado diariamente. Según el último recuento, el miércoles 29 de enero, hay 7.000 personas infectadas y más de 169 que murieron. Ante la rápida propagación del virus, se viene una maratón de larga duración hasta descubrir una vacuna eficaz contra la enfermedad.

Investigadores universitarios, laboratorios farmacéuticos y startups especializadas se han movilizado en todo el mundo desde el 10 de enero, fecha en la que los científicos chinos hicieron público el genoma de este "primo hermano" del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS). Este último causó la muerte aproximada de 800 personas entre 2002 y 2003.

Lo fundamentos de virología aplicados al nuevo coronavirus

Si la historia se repitiera, tomaría meses o incluso años antes de que una vacuna estuviera disponible para tratar a los enfermos. En el caso del SARS, fue elaborada tras 20 meses y nunca se ha utilizado porque la epidemia ya se había erradicado. El MERS, el coronavirus del síndrome respiratorio del Medio Oriente, que apareció en 2012 y que ha desaparecido casi por completo, todavía no tiene vacuna.

Ciudadanos chinos utilizan máscaras protectoras en las escaleras de una estación de subterráneo en Beijing, el 27 de enero de 2020.
Ciudadanos chinos utilizan máscaras protectoras en las escaleras de una estación de subterráneo en Beijing, el 27 de enero de 2020. © Carlos García Rawlins / Reuters

Cada vez que aparece un nuevo virus, los científicos se encuentran con una hoja en blanco, explica 'The New York Times'. Es el caso con el coronavirus de Wuhan. Ahora mismo, los equipos científicos están tratando de identificar los tipos de células -cultivadas en el laboratorio- que son sensibles a este agente patógeno, ya que "es el requisito previo para cualquier investigación de vacunas", dijo Manuel Rosa-Calatrava, director de investigación en el Instituto Nacional Francés de Investigación en Salud y Medicina en Lyon, y contactado por France 24. Una vez que se haya completado este paso, los investigadores podrán "probar en estas células qué moléculas pueden ser eficientes contra el virus", continúa el experto.

Se trata de los fundamentos de la virología desde hace décadas. Pero esta vez, la comunidad científica cree que puede lograr resultados más rápidos que durante las últimas epidemias. Primero, porque la colaboración internacional está mucho más organizada que en el 2002. Desde el 2016, incluso existe una alianza internacional para la innovación sobre la investigación de vacunas, el Cepi, cuyo objetivo es financiar programas para combatir pandemias. Esta organización anunció el 23 de enero que se otorgarán 13,5 millones de dólares a tres equipos de investigación para acelerar el desarrollo de una vacuna contra el coronavirus.

Las enseñanzas que deja el SARS y el MERS para combatir el nuevo virus

La ciencia también ha aprendido de los ensayos y errores después de la propagación del  SARS y el MERS. Dado los trabajos ya realizados, "existen conocimientos especializados hoy en día, con nuevas tecnologías disponibles que ofrecen varias opciones de vacuna", subraya Manuel Rosa-Calatrava.

La proximidad genética entre el coronavirus de Wuhan y el Síndrome Respiratorio Agudo Severo de 2002 es una ayuda adicional para los investigadores. Por ejemplo, un equipo del Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos (NIH) había desarrollado un método específico para desarrollar vacunas contra el SARS, algo que puede servir como "un modelo para trabajar en el nuevo coronavirus y así acelerar el proceso", explica al 'Times' Kizzmekia Corbett, científica del NIH.

Con todos estos elementos, varios equipos científicos, como el de la Universidad de Queensland en Australia, esperan poder encontrar una vacuna en 16 semanas. Un período que le parece "razonable", a Manuel Rosa-Calatrava, del Centro Internacional de Investigación en Enfermedades Infecciosas de Lyon.

Pero ese solo sería el primer paso. Después, hará que someter el valioso remedio a una batería de pruebas clínicas, tanto en animales como en seres humanos. La nueva vacuna también debe obtener las aprobaciones regulatorias necesarias antes de que pueda comercializarse. "Por lo general, este es un proceso que lleva varios años, pero en un contexto de salud como este, los plazos se pueden acortar", dice Manuel Rosa-Calatrava. Idealmente, una vacuna podría estar disponible el próximo año, según 'Science Mag', la revista de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia.

El riesgo de mutaciones es latente

Sin embargo, las vacunas no son la única respuesta posible a un virus como este. También se están desarrollando otras formas de tratamiento. Por lo tanto, la unidad en la que trabaja Manuel Rosa-Calatrava está buscando "reposicionar" medicamentos ya existentes para tratar a las personas afectadas por el coronavirus de Wuhan.

El reposicionamiento es una técnica que consiste en "proponer y validar una nueva indicación terapéutica para un medicamento que ya está en el mercado", explica el investigador francés.

En este caso, su equipo descubrió que un medicamento ya existente podría ser usado para curar el MERS y ahora está tratando establecer si también pudiera tratar el nuevo virus. "Hay una ventaja importante en términos de seguridad ya que como ya tenemos alguna perspectiva sobre estos medicamentos, conocemos los posibles efectos secundarios, por ejemplo", explica.

Un miembro del personal médico del hospital gubernamental Al-Bashir en Jordania se pone el equipo de protección en una nueva sección especializada en la recepción de cualquier persona que pueda haber sido infectada por el coronavirus.
Un miembro del personal médico del hospital gubernamental Al-Bashir en Jordania se pone el equipo de protección en una nueva sección especializada en la recepción de cualquier persona que pueda haber sido infectada por el coronavirus. © Muhammad Hamed / Reuters

Finalmente, el tiempo necesario para desarrollar una vacuna o un tratamiento puede ser un obstáculo en la lucha contra un coronavirus. Estos patógenos tienen, de hecho, la molesta tendencia a mutar.

 

En otras palabras, una vacuna, elaborada a partir de una cepa del virus recuperada al comienzo de la epidemia, puede no ser más efectiva contra una forma ligeramente diferente del coronavirus, cuando el remedio está listo para ser distribuido a la población.

Manuel Rosa-Calatrava reconoce que este riesgo existe, pero no lo considera un obstáculo importante. "Solo hay que identificar la cepa mayoritaria para minimizar el problema de la mutación", dijo. Y si la vacuna llega a contener esta forma más común de coronavirus, la tarea de las autoridades para contener la propagación de la enfermedad sería mucho más fácil.

Este artículo fue adaptado de su original en francés.

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