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Davi Kopenawa, un chamán en cólera que les habla a los blancos

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Río de Janeiro (AFP)

De joven, cuando cazaba en el bosque y se alimentaba de miel salvaje, Davi Kopenawa nunca imaginó que se convertiría en un chamán yanomami que hace oír en Nueva York o París la voz indignada de su pueblo contra la invasión del hombre blanco.

"No pensé que aprendería su idioma y menos aún que podría pronunciar un discurso ante ellos", dice el cacique indígena de la Amazonía brasileña en "La chute du ciel" ("La caída del cielo"), su largo testimonio oral recogido por el antropólogo francés Bruce Albert (2010).

Su campaña lo llevó actualmente a París, para la inauguración este jueves de la exposición de fotos de su amiga Claudia Andujar sobre los yanomami en la Fundación Cartier.

Davi Kopenawa, de 63 años, encarna los dramas personales y las luchas por la supervivencia de los casi 27.000 miembros de esa tribu del norte de Brasil, cerca de la frontera con Venezuela.

"Davi lucha sin tregua por su pueblo desde hace más de 30 años, pese a las amenazas de muerte, los intentos de corromperle y el deterioro constante de su situación", dijo Bruce Albert a la AFP.

La llegada de Jair Bolsonaro al poder en 2019 aumentó la amenaza. Es un presidente a quien "no le gustan los indígenas" y que "no entiende el valor de la selva amazónica", dijo Kopenawa a la AFP.

La primera vez que vio a un blanco, el niño Kopenawa se sintió "aterrado" por su "horrible fealdad" y su "espantosa blancura".

Un contacto se establece entre los dos mundos.

Gracias al trueque, los blancos aprovisionan a los yanomami de hachas y ropa, cuenta Kopenawa en su testimonio. Pero "también hemos visto a los blancos propagar sus enfermedades y matarnos con sus armas", acusa.

"Desde entonces, mi ira nunca me ha abandonado".

Estando enfermo, vio morir a su madre y a muchos allegados por las epidemias traídas por los blancos. Los misioneros evangélicos enterraron a su madre en secreto, privándole de los ritos funerarios tradicionales.

Esta ofensa, este dolor, construirá su lucha.

- "Un habitante de la selva"

En su adolescencia, solo e indefenso, Davi tuvo la tentación de dejar atrás la selva.

"Convertirme en un hombre blanco, solo tenía eso en mente", admite, fascinado por los relojes, los pantalones largos y las lanchas a motor.

Abandonó su aldea para ir a trabajar con los blancos, en un puesto en el Funai, el organismo público para asuntos indígenas. Fue principalmente intérprete durante varios períodos, ensombrecidos por la tuberculosis y la malaria.

Hospitalizado durante un año, se dedicó a mejorar su portugués. Pero finalmente regresó con su familia: siguió siendo "un habitante de la selva".

Davi se rebeló entonces contra la invasión masiva de los mineros ilegales que "excavan en todas partes como cerdos salvajes" y llenan los ríos con aceites de motores y mercurio.

En el apogeo de la "fiebre del oro", a fines de los años 1980, unos 40.000 buscadores de metales preciosos se adentran en las tierras yanomami. En el estado de Roraima, hay cinco "garimpeiros", como se les llama, por cada yanomami.

La lucha de Davi Kopenawa apunta también contra los ganaderos, que "queman los árboles de la selva", y contra "el gobierno, que quiere abrir nuevas carreteras allí".

- "Hablar con firmeza" a los blancos -

Más tarde su destino se cruzó con la CCPY, una ONG de defensa de los yanomami fundada en 1978 por Andujar y Albert, que lo alentaron a viajar para defender los derechos territoriales de su pueblo.

Su suegro, Lourival, un prestigioso chamán, lo inició a los 27 años. "Me convertí en un chamán para cuidar de los míos", dijo el líder yanomami.

"Davi goza de un gran respeto entre los yanomami por su papel histórico", dijo Albert a la AFP, mencionando "la inteligencia de su síntesis entre chamanismo y política" y "su habilidad negociadora tanto en las comunidades más aisladas como con los interlocutores internacionales más diversos".

Y es que, "cada vez más enojado" por el desastre ecológico y epidemiológico en la selva, Davi decidió ir a hablar con los blancos "con firmeza, en sus ciudades".

Pero los viajes largos son "peligrosos para los chamanes".

En París -la "tierra temblorosa", en idioma yanomami, en referencia a las cintas transportadoras y al metro-, Davi se siente oprimido, mareado e insomne.

En Nueva York, donde "los blancos viven apilados uno encima del otro", se reunió en 1991 con altos funcionarios de la ONU, se sintió impactado por la miseria y cayó enfermo.

Pero el reconocimiento, por decreto presidencial, de un territorio yanomami de 96.650 km2 en 1992 fue una gran victoria.

El año pasado, Kopenawa recibió el "Nobel Alternativo", el premio Right Livelihood, por su lucha al frente de la asociación Yanomami Hutukara, que fundó en 2014 y en la cual Dario, uno de sus cinco hijos, tiene un papel clave.

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