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Bhopal: 35 años después, la mayor catástrofe industrial de la historia sigue viva

La fuga de más de cuarenta toneladas de gases tóxicos acabó con la vida de entre 5.000 y 25.000 personas y contaminó a más de medio millón en Bhopal, India.
La fuga de más de cuarenta toneladas de gases tóxicos acabó con la vida de entre 5.000 y 25.000 personas y contaminó a más de medio millón en Bhopal, India. © Arte

Hay una zona olvidada en India desde que una catástrofe detuvo el tiempo en la planta de pesticidas de Union Carbide, en la ciudad de Bhopal. Era la noche del 2 de diciembre de 1984, cuando un accidente provocó una fuga de más de cuarenta toneladas de gases tóxicos, acabando con la vida de entre 5.000 y 25.000 personas. Los efectos: el agua sigue contaminada y los niños siguen experimentando malformaciones fruto de los gases que fueron expulsados hace 35 años.

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A un kilómetro de la fábrica de Union Carbide está la clínica Chingari, en español, chispa.  En este centro, 300 niños están en rehabilitación, y otros 700 en lista de espera. Se trata de una fundación creada en 2006 por dos mujeres supervivientes del desastre. Los recursos para empezar la clínica provienen del Premio Goldman, que obtuvieron en 2004, dotado con 125.000 dólares y que es el equivalente al ‘Nobel del medioambiente’. Una recompensa a años de activismo por parte de Rashida Bee y Champa Devi Shukla.

“Los efectos del veneno siguen presentes 35 años después. Aquellos que nacieron justo después del desastre han crecido y se han casado. Los niños que veis aquí son sus hijos de segunda e incluso de tercera generación, con diferentes discapacidades consecuencia del accidente. Y el Gobierno no hace nada”, explica Rashida Bee, quien añade que perdió a nueve familiares después de la fuga: “Los que murieron en aquel momento tuvieron suerte. Los supervivientes mueren poco a poco”.

Aquella noche fatídica se vació el depósito 610 que contenía MIC, isocianato de metilo, uno de los componentes del pesticida Sevin. Estalló el contenedor y durante horas se liberó gas tóxico. R.R. Chohuan es un antiguo ingeniero de la planta, que denuncia que durante 35 años no se ha limpiado ni un kilo de desechos tóxicos del suelo contaminado y no solo eso, asegura que la fábrica estando operativa no superaba ningún tipo de control de calidad: “Me enteré de que el diseño de la fábrica ni siquiera se había testeado. No copiaron el modelo de la fábrica que tienen en Virginia Occidental (Estados Unidos), se recortó el presupuesto, no se formó al personal y se carecía de equipamiento para desintoxicación o seguridad. Nadie previó que algo así podía pasar”.

Pero el escape no fue sino el colofón a una serie de negligencias constantes por parte de Union Carbide. Una práctica común durante años fue sepultar desechos contaminados bajo las balsas de agua de los alrededores, por lo que miles de toneladas tóxicas continúan bajo el agua. Esta actuación inició una segunda catástrofe; que aunque en 2004 el Tribunal Supremo de la India dictase que el Estado debía proveer agua potable a la zona, las personas continúan usando líquido contaminada. Esto se puede comprobar en los miles de personas afectadas en Bhopal. Y no deja de crecer: según el Instituto Indio de Investigación Toxicológica, la contaminación del agua afectaba en 2018 a 42 barrios y en 2019 aumentó a otros nueve.

Medicina moderna y tradicional para combatir las secuelas del desastre

Entre los barrios afectados hay un lugar de esperanza: la clínica Sambhavna, fundada por Satinath Sarangi ‘Satyu’, en 1996, por donde pasan unas 2.000 personas al día y en la que tienen información de 35.000 pacientes afectados por los gases.

“Decidimos que en la clínica uniríamos medicina moderna con ayurveda (medicina tradicional india) y yoga. Queremos acabar con la sobremedicación de la gente, incluyendo áreas que el Gobierno desatiende como la atención médica de cercanía o la investigación”, afirma ‘Satyu’.

Entre el 20 y el 30 por ciento de los pacientes tienen patologías relacionadas con el agua. Pero las mujeres sufren una especial vulnerabilidad. La menopausia les llega antes de los 35 años; incluso a mujeres nacidas después de la catástrofe. También genera obesidad, debilidad y en las ecografías del quinto mes en el feto suele haber malformaciones.

Las minorías, las más perjudicadas

Pero no solo hay una brecha de género, también lo religioso es importante. Bhopal fue un reino musulmán hasta la independencia de India de la Corona Británica en 1947.  Según ‘Satyu’, a la gente afectada por el gas se la considera inútil, sacrificable: “Creemos que esto sucede por quién son. La mitad de víctimas son musulmanes: ciudadanos de segunda en la India de hoy. La otra mitad, más del 80 por ciento son hindús, pero pertenecientes a castas inferiores”.


Es una de las peores catástrofes industriales de la historia, pero permanece en el olvido. De hecho, el Museo de la Memoria, creado por las víctimas, no es muy concurrido. ‘Satyu’ llegó a Bhopal el día siguiente de la fuga de cas. Quiso ayudar, pero jamás imaginó la gravedad de la situación: “La gente lloraba. Vi angustia, nadie sabía qué hacer, ni cómo aliviar el dolor. El cielo estuvo rojo cuatro noches”, recuerda.

Los responsables nunca fueron juzgados en India

Esta catástrofe viene del año 1972, cuando el presidente de Union Carbide, Warren Anderson, junto a 10 directores aprobó el diseño de la fábrica, consciente de que no era segura. Anderson murió en 2014 sin haber sido juzgado en la India. Sin embargo, el grupo de Bhopal por la información y la acción continúa con su batalla judicial, buscando indemnizaciones apropiadas, la limpieza del lugar y un castigo penal para los responsables.

“Es una vergüenza que después de tantos años la empresa responsable de la catástrofe siga invirtiendo y obteniendo beneficios en la India y en el mundo”, explica Rachina Dinghra, representante del grupo.

El Estado construyó un hospital y el Gobierno regional seis, exclusivos para las víctimas del gas. Tienen una afluencia de 4.000 personas. Para Justice Agarawi, presidente del comité de los hospitales, son un orgullo: “Es un enorme compromiso por parte del Estado indio y regional pero nunca nada es suficiente y así es en todo el mundo”.

La catástrofe no ha terminado en Bhopal

Los estudios dicen que en los barrios cercanos a la catástrofe hay el doble de muertes por cáncer y enfermedades pulmonares; y el triple de infecciones renales, con 150.000 personas con enfermedades crónicas.

Un pasado, presente y futuro oscuro, con una segunda catástrofe, la del agua, siguiendo su curso.

“Por un lado tenemos la población más pobre de toda la ciudad; por el otro, empresas poderosas con el apoyo de Estados Unidos, que se permiten envenenar la tierra pese al sufrimiento de la gente”, declara ‘Satyu’.

Afortunadamente iniciativas como Chingari y Sambhavna contrarrestan como pueden los efectos y permiten curar cuerpos y almas, con una medicina fusionada, que reduce los medicamentos y se convierte en una bocanada de oxígeno para mantener la esperanza.

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