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México en el T-MEC: el reto de impulsar el crecimiento más allá de un tratado comercial

La secretaria de Economía, Graciela Márquez (izquierda), y el secretario de comercio de Estados Unidos, Wibur Ross (centro), y el subsecretario de comercio para la propiedad intelectual, y director de la oficina de patentes y marcas de EE. UU., Andrei Iancu (derecha), firman el memorando de colaboración técnica y estratégica entre la Oficina de Patentes y Marcas de EE. UU. (USPTO) y el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), en Ciudad de México, México, el 28 de enero de 2020.
La secretaria de Economía, Graciela Márquez (izquierda), y el secretario de comercio de Estados Unidos, Wibur Ross (centro), y el subsecretario de comercio para la propiedad intelectual, y director de la oficina de patentes y marcas de EE. UU., Andrei Iancu (derecha), firman el memorando de colaboración técnica y estratégica entre la Oficina de Patentes y Marcas de EE. UU. (USPTO) y el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), en Ciudad de México, México, el 28 de enero de 2020. © José Méndez / EFE

Además de ser más restrictivo que el TLCAN, el nuevo acuerdo con Estados Unidos y Canadá plantea grandes desafíos para el país latinoamericano. Sin embargo, el mayor reto será no creer que es la tabla de salvación para reactivar su economía. 

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Tras dos años de negociaciones y muchas críticas vía Twitter, el presidente de Estados Unidos cumplió el 29 de enero una de sus promesas de campaña. Donald Trump suscribió un nuevo tratado comercial con Canadá y México en reemplazo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), al que había calificado como “el peor acuerdo de la historia” de su país.

Con modificaciones en sectores como el automotriz y el de biomedicamentos, así como en la regulación laboral, disputas y propiedad intelectual, el mandatario estadounidense calificó de “victoria colosal” el nuevo acuerdo, denominado en español Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC). Una vez más, Donald Trump podrá contar con este tratado comercial como un argumento en su campaña presidencial.

También con las elecciones en la mira, el Partido Demócrata ha destacado el éxito logrado con el nuevo acuerdo. Aprovechando su control en la Cámara de Representantes, los demócratas forzaron cambios de último momento, enfocados más que todo en las normas laborales. Para que entre en vigor, solo falta la ratificación del Parlamento de Canadá, en donde se espera que el trámite se cumpla a más tardar en marzo de 2020.

Aunque sin aires triunfalistas, en México también se respira con más tranquilidad. Según dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador tras la ratificación en el Congreso estadounidense, se trata de “una buena noticia”, porque significa la llegada de inversiones al país. “Independiente de qué tipo de tratado sea, el efecto principal es que quita un factor de incertidumbre muy importante que pesaba sobre el comportamiento del sector de demanda más importante de la economía mexicana: las exportaciones”, le dijo a FRANCE 24 Juan Carlos Moreno-Brid, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM.

“Los grandes retos de la agenda de la economía mexicana no se resuelven nada más con la firma del T-MEC”: Moreno-Brid

Como le explicó a este medio Valeria Moy, economista y directora general de ‘México: ¿cómo vamos?’, si bien el anterior tratado nunca dejó de operar, el temor y la incertidumbre que se generó en estos dos años de renegociaciones fueron “muy dañinos para las inversiones y la economía mexicana”. Y aunque aclara que el T-MEC no cambia toda la realidad, “se agradece porque la inversión está parada, el crecimiento es cero, entonces el impulso que en estos momentos puede dar el T-MEC me parece importante”.

Un impulso que debe servir para hacer más y no menos. Los analistas coinciden en que el mayor riesgo es creer que este tratado sea suficiente para reactivar la economía, como sucedió con el TLCAN.

“Este tratado es peor que el que teníamos, entonces México lo que tiene que hacer, para poderlo aprovechar, es hacer lo que no hizo antes, una política de desarrollo industrial, de desarrollo de la productividad. México necesita una política de innovación, ciencia y tecnología. Necesita también orientar su política cambiaria, no a bajar la inflación sino a tratar de tener un tipo de cambio competitivo”, asegura Moreno-Brid.

 

Según los datos preliminares del INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía), la economía mexicana retrocedió un 0,1 % en el año 2019.
Según los datos preliminares del INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía), la economía mexicana retrocedió un 0,1 % en el año 2019. © Infogram.com


Según los datos preliminares del INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía), la economía mexicana retrocedió un 0,1 % en 2019. De acuerdo con el análisis del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC) de México, “el resultado del 2019 vino propiciado por el freno endógeno que la inversión productiva sufrió desde el segundo trimestre del 2018 (…) Además, se debe considerar que el modesto desempeño del sistema productivo de México se dio a pesar de que Estados Unidos, su principal socio comercial, creció 2.3 %, una cifra sobresaliente para la mayor economía del mundo”.

Otro factor que destaca el IDIC como parte de la recesión mexicana es el débil aumento del consumo privado, que durante los primeros 10 meses del 2019 fue del 1 %, “una cifra inferior al promedio de 2,2 % registrado entre 2001 y 2018”, y que se debería a la precarización del trabajo. También resalta la situación del sector industrial, que completa 14 meses de caídas, con afectaciones en la construcción, y en la minería sobre todo en lo que respecta a extracción de petróleo y gas, que se encuentra en el nivel más bajo desde 1993.

El tratado que busca un comercio más regulado que libre

Como lo destaca Moreno-Brid, el nombre del nuevo acuerdo firmado entre los países de Norteamérica ni siquiera tiene la palabra “libre”; un detalle que podría verse como una muestra de su carácter restrictivo. “Por lo menos reconoce que no es un tratado de libro comercio, es comercio regulado”, afirma.

De hecho, el economista considera que el T-MEC busca principalmente “reorganizar el comercio regional de la industria automotriz. Lo que están haciendo es tratar de que la industria automotriz no ponga plantas acá (México) y las ponga más en Estados Unidos”.

Según cifras del INEGI, del total de 450.684 millones de dólares de exportaciones mexicanas en el 2018, USD 397.343 millones corresponden al sector manufacturero. En noviembre del 2019, de un total de USD 33.564 millones de productos manufacturados exportados, USD 26.947 millones corresponden al rubro de productos metálicos, maquinaria y equipo.

Moreno-Brid también señala que las restricciones no se limitan al comercio entre los tres vecinos del norte, y alerta sobre los candados que pone el acuerdo para el intercambio comercial entre México y China. En este mismo sentido se ha pronunciado Enrique Dussel Peters, coordinador de la Red Académica América Latina y el Caribe sobre China y docente de la UNAM.

En noviembre del 2018, Dussel Peters llamó la atención sobre el artículo 32.10 “que exige a cualquier país del USMCA (T-MEC en inglés) que busque inicar negociaciones de libre comercio con otro país de “no mercado”, -definido según cada uno de los miembros- informar con antelación a los demás miembros del USMCA sobre sus objetivos y el potencial impacto del nuevo acuerdo, incluso si las negociaciones fueran confidenciales”. Esta cláusula tendría, según el docente, la intención de convertir el T-MEC en “un bloque regional anti-China”.

Normas laborales y nuevos estándares en el sector automotriz, armas de doble filo para México

Según Valeria Moy, la mayor exigencia del T-MEC para el sector automotriz en cuanto a reglas de origen y normas laborales “le pega a la industria y al mismo tiempo le abre una puerta”. Para que un vehículo califique al cero arancel, el T-MEC estipula un aumento gradual de contenido regional en la fabricación del 62,5 % al 75 % y la obligación de que el 70 % del acero y aluminio utilizado sea de origen norteamericano. También exige que al menos el 40 % de las autopartes provengan de una fábrica que pague salarios de 16 dólares por hora.

En lo que respecta a las reglas de origen, Moy considera que abren una puerta para que México diversifique su producción, en la medida en que restringen la posibilidad de usar partes o materiales provenientes de otras regiones. Aclara, no obstante, que esa diversificación de la producción requiere de un esfuerzo por parte de las autoridades económicas del país. 

El presidente estadounidense Donald Trump firmó en la Casa Blanca la ley que permitirá implementar en su país el tratado comercial T-MEC con México y Canadá, renegociado a partir del TLCAN y que aún debe ser ratificado por el Parlamento canadiense para entrar en vigor, en Washington D. C., Estados Unidos, el 29 de enero de 2020.
El presidente estadounidense Donald Trump firmó en la Casa Blanca la ley que permitirá implementar en su país el tratado comercial T-MEC con México y Canadá, renegociado a partir del TLCAN y que aún debe ser ratificado por el Parlamento canadiense para entrar en vigor, en Washington D. C., Estados Unidos, el 29 de enero de 2020. © Michael Reynolds / EFE


Según el IDIC, “la falta de producción nacional de insumos intermedios y bienes de capital genera una dependencia del Este de Asia que disminuye los beneficios aparentes del superávit comercial que México mantiene con Estados Unidos: termina trasladando sus utilidades a las empresas que fabrican en Asia”.

En cuanto a la regulación laboral, la presencia de “agregados laborales” en México como mecanismo para vigilar que se cumplan las obligaciones pactadas también puede tener pros y contras. Por una parte, señala Moy, puede que efectivamente mejoren las condiciones laborales en México; pero también existe el riesgo de que esta herramienta sea utilizada en beneficio de la industria estadounidense. “Esta medida de los agregados laborales es unilateral y retroactiva, entonces sí puede usarse como excusa para imponer medidas proteccionistas en Estados Unidos”.

Para Moreno-Brid el tema salarial es el mejor efecto que tiene el tratado, ya que “le pone presión al gobierno mexicano para que su legislación laboral sea la legislación de una economía moderna”. Sin embargo, advierte la dificultad de subir los salarios cuando tanto la inversión pública como privada están de capa caída.

Una vez más, los efectos positivos del T-MEC no podrán ser sustanciales sin cambios de fondo: “reforma fiscal profunda, inversión pública, política de desarrollo. Eso sigue exactamente igual que ayer. Esos eran los grandes retos que tenía México cuando estaba firmando el TLCAN y no los enfrentó, pues ahora tampoco veo que los esté enfrentando. Ojalá y hayamos aprendido”.

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