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Asesinato de excombatientes de las FARC en Colombia, ¿el "precipicio" de la paz?

Una familiar llora sobre el ataúd de un exguerrillero de las FARC asesinado en Ituango el 17 de diciembre de 2019.
Una familiar llora sobre el ataúd de un exguerrillero de las FARC asesinado en Ituango el 17 de diciembre de 2019. © Joaquín Sarmiento / AFP

Rodrigo Londoño, líder del partido FARC, surgido tras la desmovilización de la guerrilla, denunció en una carta al presidente de Colombia, Iván Duque, el asesinato de excombatientes como el mayor riesgo al proceso de paz. Durante el primer mes de 2020 se registraron al menos cuatro homicidios de antiguos guerrilleros.

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"Aún es tiempo". Son las palabras de Rodrigo Londoño, el dirigente de la transición a la política de la guerrilla de las FARC, al presidente de Colombia, Iván Duque. Londoño, conocido como 'Timochenko' en su época de combatiente, pidió al Gobierno que actúe ante el constante asesinato de exguerrilleros desde que las FARC dejaron las armas tras el Acuerdo de paz firmado en 2016.

"A veces he pensado que usted no es completamente consciente de la dirección que quieren imprimirle al país los sectores que rabian con la paz y la democracia. Señor presidente, repare por lo más sagrado que tenga, en el estado actual de Colombia, en el precipicio al que la están conduciendo", reclamó Londoño a Duque. 

Solo durante enero de este año ya han sido asesinados cuatro exguerrilleros. Pero esta cifra aumenta exponencialmente cuando se cuentan los homicidios cometidos desde la firma del Acuerdo: según el partido FARC, surgido de la guerrilla homónima, son 185 los antiguos combatientes fallecidos en medio de las lógicas del conflicto que aún sacuden a Colombia.

La Fiscalía del país rebaja el número a 169 homicidios, lo que equivale aproximadamente a cuatro asesinatos por cada mes desde que se firmaron los diálogos de paz. La Unidad Especial de Investigación del ente judicial, encargada específicamente de estudiar este tipo de casos, registra que 78 asesinatos tienen una investigación avanzada sobre los responsables, mientras que 91 aún están por resolver.

Para Londoño y su partido no es suficiente. "En los acuerdos de La Habana el Estado colombiano se comprometió a rodear de numerosas garantías a los reincorporados (...) Es absolutamente claro que nada de eso se está cumpliendo", lamentó en su carta el líder de la FARC. 

La violencia sacude a Ituango 

El lugar de Colombia donde más exguerrilleros han enterrado es en Ituango, en el noroeste del país. El último asesinato, de hecho, sucedió allí, cerca del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorpración (ETCR) de Santa Lucía, donde los antiguos combatientes viven su transición a la vida civil. A una escasa media hora del Espacio Territorial, sicarios balearon el 28 de enero a César Darío Herrera. El exguerrillero murió en el trayecto hacia el hospital más cercano. 

El partido FARC denuncia que Herrera completa la docena de reincorporados asesinados en Santa Lucía, algo imperdonable para Londoño en una zona "altamente militarizada" donde el Ejército colombiano "mantiene controles permanentes". La misma comunidad de civiles y excombatientes ha denunciado en múltiples ocasiones la falta de seguridad en la región, donde operan varios grupos armados. 

El asesinato de Herrera, para muchos de los antiguos integrantes de la guerrilla que viven en Santa Lucía, ha sido la gota que colmó el vaso: unas 60 personas decidieron abandonar el ETCR ante el riesgo que entraña ser excombatiente en esa zona. 

A pesar de que el 70% de los antiguos guerrilleros no viven en los ETCR, en cifras de la Agencia Nacional de Reincorporación, es la primera vez que se registra un desplazamiento involuntario de esta magnitud. 

¿Quién está asesinando a los excombatientes?

El silencio rodea la mayoría de asesinatos de antiguos guerrilleros. De los 169 homicidios registrados por la Fiscalía, los investigadores solo atribuyen responsables a 93 casos: 36 a las disidencias de las FARC que no se acogieron al Acuerdo de paz, 12 a la guerrilla del ELN y nueve a la banda armada Autodefensas Gaitanistas de Colombia, heredera del paramilitarismo.

Sin embargo, estos datos arrojan luz sobre apenas el 55% de los homicidios perpetrados contra aquellos que firmaron la paz. Y es que esa firma, que logró la dejación de armas por parte de las FARC, no ha garantizado el fin del conflicto en Colombia, a pesar de que garantizó la transición política de uno de sus principales actores. 

En muchos territorios, la salida de las FARC abrió la puerta a varios grupos armados que entraron a disputarse los principales corredores del narcotráfico en Colombia, como el ELN, la única guerrilla activa en el país, o grupos criminales de distintas índoles que en algunos casos heredaron dinámicas paramilitares. También los exintegrantes de las FARC que renunciaron al Acuerdo de paz y siguieron operando como grupos autónomos de disidencias, que en total se calcula podrían sumar unas 2.300 personas. 

La presencia de estos grupos sigue avivando el conflicto armado con graves consecuencias: el asesinato de exguerrilleros es uno de ellos, pero también los homicidios contra líderes sociales o los ataques constantes contra las comunidades indígenas que trabajan en defensa de su territorio. 

"Resulta muy fácil corroborar que su Gobierno se empeñó en desnaturalizar los acuerdos y evadir su cumplimiento", dijo Rodrigo Londoño al presidente Duque. Y es que uno de los puntos del pacto entre la exguerrilla y el Ejecutivo era trabajar para desmantelar los grupos criminales que aún operan en Colombia. Sin embargo, la Comisión creada para este propósito solo se ha reunido dos veces bajo el año y medio de mandato de Duque. 

El partido FARC no es el único preocupado por los asesinatos. En el último informe de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia, la organización urgió al Gobierno a que "se adopten medidas más efectivas para proteger la vida de los excombatientes". 

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