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Coronavirus: el golpe a la economía se siente también en Latinoamérica

Trabajadores transitan en el puerto de Valparaíso, en Chile, el 23 de enero de 2020.
Trabajadores transitan en el puerto de Valparaíso, en Chile, el 23 de enero de 2020. © Rodrigo Garrido / Reuters

Chile, Perú y Brasil estarían entre los países de la región más afectados, debido al papel que juega en sus economías el comercio con China. Colombia también podría sentir el impacto, cuya magnitud depende de cuándo se logre contener el virus.

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Si pensamos en la economía global como un engranaje, China sería una de las ruedas más grandes. Pero desde que comenzó la propagación del coronavirus, esa rueda ha comenzado a girar más lento. No es claro por ahora cuántos serán los afectados o cuántas vidas cobrará la enfermedad. De la contención del virus depende que esta rueda acelere su paso e impulse al resto de la máquina.

Diversos analistas y centros de investigación predicen desde ya una desaceleración del crecimiento en China, y por consiguiente en el mundo, para este año. Dada que su relación con China es cada vez mayor, Latinoamérica tampoco se salva del impacto. Lo sienten, sobre todo, las economías en las que las exportaciones juegan un papel más preponderante.

Si bien hay visiones muy pesimistas como la de Bloomberg, que baja la proyección de crecimiento de China del 6% al 4,5%, (el peor resultado desde 1992), la mayoría de los analistas sitúan el impacto en una reducción de alrededor del 0,5%. Según el escenario intermedio de The Economist, en el que el se logra contener el virus a finales de marzo, el crecimiento chino estaría en 5,4% este año.

Como le explicó a France 24 el economista Daniel LaCalle, “aunque se contuviera mañana (el virus), el impacto sería relevante simplemente por las medidas de prevención y límites al tráfico de personas, bienes y servicios. Es muy probable que se revise el crecimiento global del PIB al menos reduciéndolo en tres décimas”.

Menos petróleo y menos cobre: una máquina a paso lento

Uno de los efectos más fuertes de que el engranaje chino esté prácticamente en pausa es que la demanda de los insumos necesarios para el movimiento de la máquina se reduce. El principal es el petróleo, cuyo precio viene cayendo desde enero. China es el mayor consumidor de crudo del mundo, y si este consumo disminuye, los exportadores de todo el mundo lo sienten.

La OPEP, que reúne a los mayores productores del mundo, sostuvo un encuentro extraordinario la semana pasada para analizar este nuevo escenario. El precio ha caído un 20% en un mes, y países como Arabia Saudita, el mayor productor del mundo, estaban presionando por acordar un nuevo recorte de producción de 600.000 barriles por día. Sin embargo, Rusia se opuso, la reunión terminó sin ningún acuerdo y los precios volvieron a caer.

La reducción en la demanda del petróleo en China promete impactar incluso a países que no hacen parte del cartel de productores. Para JP Morgan, según informes en medios nacionales, la proyección de crecimiento en Colombia se rebajaría a 3% este año, en parte debido a que las exportaciones de productos petroleros representan un 40% del total. Según Goldman Sachs, la caída en la demanda global de petróleo este año será de al menos 260.000 barriles por día.

El cobre, commodity clave en las economías de Chile y Perú, también se ha visto afectado. Al golpe que sufrieron los exportadores de este metal desde el año pasado, producto de la guerra comercial entre China y Estados Unidos, se suma ahora la menor demanda a causa del coronavirus, lo que ha provocado una caída del precio de alrededor del 10% en el último mes.

Un trabajador vigila el proceso dentro de la refineria de cobre Codelco en la ciudad de Ventanas, en Chile, el 7 de enero de 2015.
Un trabajador vigila el proceso dentro de la refineria de cobre Codelco en la ciudad de Ventanas, en Chile, el 7 de enero de 2015. © Rodrigo Garrido / Foto de archivo / Reuters

Según The Economist, Chile y Perú son las economías latinoamericanas más expuestas a la desacelaración china. En Chile, donde el comercio internacional representa un 60% del PIB, el 33% de las exportaciones van a China. Perú, por su parte, exporta a China el 25% de sus productos, y el comercio internacional representa el 50% de su PIB.

Tanto en Chile como en Brasil, las alarmas ya han comenzado a sonar. La semana pasada, el ministro de Agricultura chileno, Antonio Walker, se reunió con el embajador de China en ese país, Xu Bu. En ese encuentro, discutieron acerca de los 1.400 containers con productos agrícolas chilenos que se encuentran represados en los puertos chinos. El embajador de ese país aseguró que, a partir del 9 de febrero, cuando se reanuden las actividades, el stock comenzará a bajar. Según le dijo Jorge O’Ryan, director de ProChile, a Diario Financiero, las compras chinas de alimentos chilenos han caído entre 50% y 60% desde el brote del coronavirus.

En Brasil, la reducción de la actividad industrial en los últimos meses fue mayor de lo esperada. Según analistas citados por el diario Folha de Sao Paulo, la desaceleración en China puede afectar la recuperación económica del gigante sudamericano. También puede motivar al Banco Central a decretar una nueva baja de la tasa de interés del 4,50% al 4,25%.

A pesar de la afectación, The Economist prevé una recuperación en la segunda mitad del año, y su proyección de menor crecimiento para los países más vulnerables (Chile y Perú) se sitúa en entre 0,1 y 0,3 puntos porcentuales. La recuperación se daría por un efecto rebote en el consumo, una vez se contenga el virus, tal como sucedió con el SARS en el 2003. Una vez más, la gran pregunta es ‘cuándo’.

Un engranaje que ha evolucionado desde que brotó el SARS en 2002

A pesar de la tendencia a comparar el actual brote del coronavirus con el del SARS en 2002-2003, China ha cambiado mucho desde entonces. La rueda es mucho más importante en el engranaje mundial y las cadenas de suministro a nivel global son mucho más complejas.

“Cuando se confirmó la epidemia de SARS, China era solo un 4% del PIB global, ahora es el 17%, por lo tanto es normal que el impacto en la economía global del coronavirus sea mucho mayor, sobre todo porque se han cerrado 21 provincias y regiones que suponen casi un 80% del PIB chino”, explica LaCalle.

De acuerdo con Oxford Economics, la participación de China en el comercio global ha pasado del 5,3% en el 2003 al 12,8% en el 2019. El gigante asiático es, además, el mayor exportador de bienes intermedios, que se usan para fabricar otros bienes. Su inmenso mercado interno es un motor de consumo mucho más diversificado (y sofisticado) que el de 2003. Por eso, no solo sufren las exportaciones de commodities, como las que predominan en las economías latinoamericanas, sino también las de países más desarrollados. Como explica LaCalle, “Alemania va a ser uno de los más impactados porque sus exportaciones, que son de productos y bienes manufactureros, tienen como uno de los principales destinos a China”.

Un empleado de seguridad es visto dentro de una tienda de Apple cerrada en Beijing, el 7 de febrero de 2020.
Un empleado de seguridad es visto dentro de una tienda de Apple cerrada en Beijing, el 7 de febrero de 2020. © Jason Lee / Reuters

Al 4 de febrero, Reuters elaboró una lista con las empresas que prevén impactos financieros y cierres temporales debido a las medidas decretadas tras el brote del coronavirus. De acuerdo con el mapa elaborado por Bloomberg de las instalaciones industriales ubicadas en la provincia de Wuhan, la mayoría, 384, son de producción, 146 de la industria automotriz. Según este mismo estudio, el crecimiento de Brasil sería uno de los más afectados en el primer trimestre, solo superado por Hong Kong y Corea del Sur.

No solo la economía está más conectada; también las personas y la información. Por eso, uno de los afectados más obvios e inmediatos ha sido el turismo. También los ciudadanos chinos, que a pesar de estar lejos de su país han sido víctimas de miedos y rumores. Como lo reporta Quartz, barrios chinos y restaurantes de todo el mundo -tanto populares como de lujo- han sentido el impacto del virus de la desinformación y el miedo, un virus al que la economía es cada vez más vulnerable.

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