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La sonda Solar Orbiter, en camino al Sol con la misión de desvelar sus secretos

Despegue de la sonda Solar Orbiter el 9 de febrero de 2020, desde Cabo Cañaveral, Florida, en Estados Unidos.
Despegue de la sonda Solar Orbiter el 9 de febrero de 2020, desde Cabo Cañaveral, Florida, en Estados Unidos. © Steve Nesius / Reuters

El cohete Atlas V, que impulsa la sonda Solar Orbiter, despegó desde el Centro Espacial Kennedy, de Cabo Cañaveral (EE.UU.). Según la Agencia Espacial Europea, la misión permitirá estudiar la estrella de una forma inédita.

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"La misión espacial del siglo". Así denominaron el lanzamiento de la Solar Orbiter, la sonda de la Agencia Espacial Europea (ESA) que estudiará el Sol, como nunca se hizo antes.

Partió de Cabo Cañaveral, en Florida, este 9 de febrero, poco después de las 11:00 p.m. Viajará durante cerca de dos años a una velocidad de 245.000 kilómetros por hora, antes de instalarse en la órbita del Sol. En su camino, pasará por las trayectorias de Venus y Mercurio.

"Todo va bien", dijo a la AFP Jane Lafort, responsable de las operaciones científicas de la misión. "Los dos paneles solares, necesarios para cargar las baterías, se desplegaron aproximadamente 75 minutos después del despegue", en tanto "el satélite está comenzando a navegar", añadió Lafort.

La misión prevé tomar imágenes de las desconocidas regiones polares del Sol

La Solar Orbiter se acercará hasta 42 millones de km del Sol, menos de un tercio de la distancia que lo separa de la Tierra. Si se logra la aproximación, será la sonda más cercana que haya estudiado el Sol, gracias a un escudo que protege el aparato de las extremas temperaturas.

Los científicos esperan obtener información sobre la atmósfera de la estrella, sus vientos y sus campos magnéticos. Además, por primera vez, se podrán estudiar las regiones polares del Sol. Hasta ahora, solo se conocían las ecuatoriales.

"Realmente se siente que estamos conectados con todo el sistema solar", dijo Daniel Muller, científico de la Agencia Espacial Europea, poco después del lanzamiento.

Colaboración entre la NASA y la ESA: "Tenemos una meta en común y es hacer buena ciencia"

La colaboración entre la NASA (que provee el cohete) y la Agencia Espacial Europea (ESA), cifrada en 1.500 millones de dólares, permitió instalar en la sonda diez instrumentos de última tecnología que registrarán una infinidad de observaciones. Estas ayudarán a los científicos a analizar cómo funcionan los vientos y las erupciones solares.

"Tenemos una meta en común y es hacer buena ciencia con esta misión. Creo que lo vamos a lograr", dijo Holly Gilbert, directora de la división de ciencia heliofísica de la NASA.

A veces los vientos solares son perturbados por erupciones que eyectan partículas cargadas que se propagan en el espacio. Estas tormentas, difíciles de pronosticar, son peligrosas para la Tierra. Pueden interrumpir las redes eléctricas y de comunicación y perturbar las señales GPS; lo que las convierte en un peligro para los satélites y los astronautas.

"La sociedad cada vez más depende de lo que pasa en el espacio, por tanto somos más dependientes de lo que pase con el Sol", reflexionó Etienne Pariat, investigador del Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) en París.

"Imaginen que solo la mitad de nuestros satélites fueran destruidos", planteó Matthieu Berthomier, otro investigador francés del CNRS. "Sería desastroso para la humanidad", agregó.

La Tormenta solar de 1859 o evento de Carrington, la mayor de la que se tiene registro, destruyó la red de telégrafos en Estados Unidos, propinó descargas eléctricas a varios agentes, quemó elementos en las estaciones y provocó una aurora boreal visible hasta América Central.

Un escudo térmico para resistir a las temperaturas extremas

"Las temperaturas alcanzarán los 500 grados en el lado expuesto al Sol y bajarán a menos de 50 grados en el otro lado. Entonces, el escudo tendrá que proteger del calor y del frío los instrumentos que observarán el sol", explicó el astrofísico Tahar Amani, del CNRS.

Una delgada capa negra de fosfato de calcio, una especie de polvo similar a los pigmentos usados en las pinturas prehistóricas, servirá para proteger la sonda de las radiaciones emitidas por las explosiones solares.

Todos, menos uno de los telescopios, saldrán por orificios en el escudo térmico, que abren y cierran en un coordinado movimiento, Mientras, otros instrumentos se accionarán detrás del escudo. Esa estructura resistente permitirá finalmente observar los polos -cuyas temperaturas pueden ser más elevadas que el resto del entorno solar- a una distancia inédita.

"No puedes acercarte mucho más de lo que lo hará la Solar Orbiter y aún ver el Sol", dijo Muller.

Los instrumentos de la Solar Orbiter serán activados en noviembre de 2021. La misión será controlada desde Darmstadt, en Alemania. Está programado que el viaje dure entre cinco y nueve años. Sin embargo, Cesar Garcia, jefe del proyecto en la ESA, afirmó que la sonda debería tener suficiente combustible para continuar con su trabajo después de 10 años.

Con AFP
 

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