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Migrantes

Moria, el infame campo de refugiados a las puertas de Europa

El campo de refugiados de Moria. La parte oficial del campo solo puede albergar a 2.500 personas. Pero, en los alrededores, habitan otras 17.000.
El campo de refugiados de Moria. La parte oficial del campo solo puede albergar a 2.500 personas. Pero, en los alrededores, habitan otras 17.000. © Adrià Rocha Cutiller

Casi 20.000 personas viven atrapadas en el campo de refugiados más grande de Europa. El Gobierno griego, que quiere expulsarlos y deportarlos de vuelta a Turquía o a sus países de origen, los condena a quedarse en un sitio sin luz, agua, electricidad, sanidad, educación y seguridad. Pero lo que les falta a los habitantes de Moria es, sobre todo, un futuro. 

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Todo el mundo en el campo de Moria, en la isla griega de Lesbos, dice exactamente lo mismo. La misma respuesta a la misma pregunta, no hay excepciones: "Si lo hubiesen sabido (si alguien les hubiese dicho, antes de embarcar hacia Grecia, lo que les esperaba tras cruzar el mar Egeo), nadie hubiese salido de Turquía". 

No hay, en este tema, diversidad alguna de opiniones. "No tenemos seguridad, ni agua, ni luz, ni comida, dice Afia, una refugiada afgana. Los baños están putrefactos. En vez de haber venido aquí y vivir esto, habría sido mucho mejor haber muerto en manos de los talibanes. Si lo llego a saber me tumbo encima de una bomba antes de venir y acabo con este sufrimiento antes", ilustra, antes de romper a llorar. "Disculpa, es que no puedo más", agrega.

La historia de Moria empezó en 2016. Para parar el enorme flujo de migración que llegaba a Europa, la Unión Europea y Turquía llegaron a un acuerdo: la UE le pagaría a Ankara para que mantuviese a los refugiados dentro del territorio turco; y Turquía, por su parte, evitaría que cruzasen el mar hacia Grecia. Así se consiguió frenar el flujo de personas que cruzaban el Egeo: de 850.000 llegadas en 2015 se pasó a 30.000 en 2017. 

A los que llegaban a las islas griegas (eran pocos comparado con antes, pero seguían llegando) se les confinó en campos como el de Moria, donde tenían que esperar durante años, en unas condiciones insalubres, a que el gobierno griego procesase su solicitud de asilo.

Por eso, los campos se llenaron: Moria, con una capacidad para 2.500 personas, alberga, en la actualidad a casi 20.000.

En Moria confluyen abandono, inseguridad y violencia

Es aquí, a Moria, donde llegó Afia huyendo de la guerra afgana. "No puedo hablar más. Disculpad. Venid, chicas. Acercaos. Hablad vosotras. Que el mundo sepa lo que nos obligan a vivir", invita Afia, mayor que las demás y, se ve, quien manda en esta callejuela del campo por donde pasa un riachuelo que podría ser de barro o de otras cosas... 

Alrededor de Afia se forma un corro de mujeres. Todas se quejan de lo mismo: nadie las ayuda. "Mis hijos están enfermos. Cuando por la noche escucho una pelea, siempre preparo mi maleta, visto y les pongo los zapatos a mis hijos. Entonces me siento a esperar porque si hay una pelea cerca nuestro, así podremos escapar rápido. Esto lo tengo que hacer cada noche. Todas”, cuenta Darya, mientras Afia, que le escucha hablar, termina de secarse las lágrimas que le corren por las mejillas.

"Hay apuñalamientos cada noche. No puedo ir al baño. No puedo salir de mi tienda. Si debo hacerlo, tengo que ir con mi padre, que está mayor y enfermo. Y temo que le hagan algo, a él y a mí", dice una tercera mujer, algo más joven.

En 2019, Grecia cambió de gobierno: ganó las elecciones el partido conservador Nueva Democracia, cuya principal bandera fue la lucha contra la inmigración. 

Dicho y hecho: en noviembre, el nuevo Parlamento aprobó una nueva ley migratoria cuyo objetivo, dicen muchos, era rechazar a cuanta más gente se pudiera. Y, después, deportarlos de Grecia. 

"La idea detrás de la nueva ley no es agilizar los trámites, sino rechazar a cuánta más gente mejor, sea o no en un proceso legal, limpio y justo", explica Lorraine Leete, coordinadora de la ONG Lesbos Legal Centre, que da asesoramiento legal a refugiados.

La nueva ley, sin embargo, no parece funcionar: las deportaciones masivas, como prometió el Gobierno griego, no están pasando. Y los refugiados, que las temen tanto como quedarse en Moria durante años, tienen pánico.

"Veremos más medidas punitivas contra los refugiados"

La tensión entre griegos y refugiados aumenta: el pasado lunes 3 de febrero, los afganos del campo de Moria organizaron una manifestación cuya intención era llegar a Mitilene, la capital de Lesbos, para rechazar que se les mande de vuelta a su país, sumido en la guerra desde hace 30 años.

La policía griega no se lo permitió. "¿Lo ves?, decía un policía que comandaba el escuadrón antidisturbios que intentaba parar esta protesta. "Son unos bárbaros. Ponen a sus bebés delante nuestro para que no carguemos", dijo.

Pero les acabó por dar igual, porque la policía dispersó la manifestación, que empezó pacífica pero se volvió violenta, con botes y botes de gases lacrimógenos. Muchos niños tuvieron que ser atendidos por los servicios médicos.

Los griegos, cansados de años de una crisis de refugiados que parece no tener fin, aprueban la mano dura del Gobierno. "El discurso público ha sido distorsionado y me temo que, en el futuro, veremos más medidas punitivas contra los refugiados, afirma Yorgos Christidis, profesor de la Universidad de Macedonia. Es lo que ha escogido este Gobierno y es triste pero tienen gracias a ello un apoyo popular cada vez mayor".

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