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México: un feminicidio que sacude a un país donde ocurren 10 al día

Un manifestante sostiene una pancarta que dice "Ingrid Escamilla. El amor romántico mata" en una protesta contra la violencia de género en el centro de la Ciudad de México, México, 14 de febrero de 2020.
Un manifestante sostiene una pancarta que dice "Ingrid Escamilla. El amor romántico mata" en una protesta contra la violencia de género en el centro de la Ciudad de México, México, 14 de febrero de 2020. © Andres Martinez Casares / Reuters

Íngrid Escamilla fue descuartizada y asesinada por su pareja que confesó el crimen en un video. Su muerte no fue una más, en un país donde por lo menos mil mujeres son asesinadas cada año por sus parejas. Una multitudinaria marcha empujada por el hartazgo social frente a los feminicidios se tomó las calles de la capital mexicana.

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Cada día, diez mujeres son asesinadas en México y, según cifras oficiales, más de mil lo son por sus parejas, en casos que constituyen feminicidios. La violencia machista en el país azteca dejó un nuevo nombre: Íngrid Escamilla, exreina de belleza de Nueva Necaxa y administradora de empresas, asesinada por su pareja (que confesó el crimen en un video) el pasado nueve de febrero.

La atrocidad del crimen y el papel irresponsable del cubrimiento mediático, fueron los detonantes para que el caso no quedara como uno más en un archivo creciente de feminicidios. Colectivos de mujeres salieron a las calles, dispuestos a no dejar que el nombre y los responsables quedaran en el olvido.

Érik Francisco, pareja de la joven, permanece detenido por la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México. El hombre, que además confesó su crimen, enfrentaría una condena de 60 años de cárcel. Pero más allá de su caso individual, la sociedad mexicana se pregunta cómo detener un flagelo que creció a una tasa de 137% en los últimos cinco años.

El feminicidio, un flagelo que crece en México

Los nombres de mujeres asesinadas por sus parejas en México aumentan y se acumulan en archivos judiciales. Y los principales colectivos feministas llaman la atención sobre un problema que va más allá.  En la marcha en el centro del D.F. las mujeres gritaban varios lemas: “tu silencio es cómplice” o “nos están matando”.

Es un coro de voces que tuvo un eco inusitado en un país donde los feminicidios se han vuelto paisaje común. El atroz asesinato de Escamilla tuvo un ingrediente extra que desató la indignación colectiva: desde la Fiscalía filtraron fotos a tabloides amarillistas del cuerpo desmembrado de la mujer. La imagen fue portada de los medios y para las mujeres fue la gota que rebozó la copa.

En redes sociales varios Hashtags asociados al nombre de la mujer, ya convertida en símbolo, pidieron no publicar las fotos del crimen y en su lugar publicar imágenes agradable de flores o paisajes para asociar su nombre a un recuerdo menos brutal que el de su crimen.

Mujeres elevando cometas sobre la playa, atardeceres, mariposas volando o flores en un jardín, son algunas de las imágenes que se pueden ver al buscar el HT #IngridEscamilla, entremezcladas también con los artículos sobre su asesinato.

El papel de los medios, así como la negligencia del gobierno, también está en el banquillo de los acusados. 
 


¿Quién era Íngrid Escamilla y cómo fue el infierno que vivió?

Su perfil en Instagram con más de seis mil seguidores deja pistas sobre quién fue en vida la mujer asesinada por su pareja: amante de los animales, de los viajes, con una maestría en administración turística, seguidora del cantante de boleros Luis Miguel y de la banda de rock estadounidense Maroon Five.

En la biografía de su perfil de Facebook tiene una frase que la describía: “amante de la vida”. Y en Instagram, junto a una foto de una estatua de la artista icónica Frida Khalo escribió en julio de 2019: “solía pensar que era la persona más extraña en el mundo, pero luego pensé, hay mucha gente así en el mundo, tiene que haber alguien como yo, que se sienta bizarra y dañada de la misma forma en que yo me siento”.
 

Los vecinos del lugar de residencia de Íngrid Escamilla en la colonia Vallejo atestiguaron después a medios locales que escuchaban seguido los gritos y los golpes entre ella y su pareja Érik Francisco. La joven de 25 años intentó incluso lanzarse por una azotea un mes antes del homicidio, pero fue persuadida por agentes de la policía.

En medios revelaron que Francisco, el asesino confeso, tenía un acuerdo con el encargado de administrar el condominio para que Íngrid no recibiera visitas cuando él no estaba presente.

Un pariente de la fallecida Ingrid Escamilla participa en una protesta contra la violencia de género después de su asesinato, en la Ciudad de México, México, 15 de febrero de 2020.
Un pariente de la fallecida Ingrid Escamilla participa en una protesta contra la violencia de género después de su asesinato, en la Ciudad de México, México, 15 de febrero de 2020. © Andrés Martínez Casares / Reuters

Los signos estuvieron ante los ojos de todos, pero no fue posible evitar su crimen.  Escamilla tampoco denunció, algo que no es anormal entre las mujeres que son víctimas de violencia de género. Según la fundación Igual a Igual de España, una mujer puede tardar más de nueve años en denunciar al agresor si vive con su pareja. La principal razón de esa demora es el miedo a la reacción del mismo.

En países como Argentina, España o Colombia, los gobiernos han puesto a disposición de la ciudadanía números telefónicos donde bajo reserva cualquier persona puede llamar para denunciar si conoce un caso de agresión o para orientar a la víctima sobre su protección.

En México, aunque fue muy tarde para Íngrid, las voces en las protestas demandan el fin de la indiferencia y denuncian el hartazgo ante los crímenes en ascenso. Lucía Lagunes, directora de la asociación civil “Comunicación e Información de la Mujer AC” (Cimac) explicó a la BBC que este último caso fue el detonante de una acción social de colectivos de mujeres hartas de la falta de políticas públicas para evitar los feminicidios.

Y agregó: “creo que las protestas que tienen lugar ahora muestran el hartazgo de un sector de la sociedad ante un sistema de justicia en el que los abusos y los crímenes contra las mujeres no han sido nunca una prioridad verdadera".

Con medios locales

 

 

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