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Libia cumple nueve años de una revolución que terminó en una larga guerra

Manifestantes celebran en Trípoli, la capital de Libia, el noveno aniversario de la revolución que terminó con el Gobierno de Muamar al Gadafi en 2011.
Manifestantes celebran en Trípoli, la capital de Libia, el noveno aniversario de la revolución que terminó con el Gobierno de Muamar al Gadafi en 2011. © Ismail Zitouny / Reuters

Hace nueve años las calles de las principales ciudades de Libia se llenaron de protestas contra el Gobierno de Muamar al Gadafi, que llevaba cuatro décadas en el poder. Las protestas terminaron con su vida y su régimen pero no lograron pacificar un país que sigue en guerra.

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En Bengasi, Libia, estalló una revolución. El 17 de febrero de 2011 empezaron unas protestas que pronto se extenderían por otras ciudades del país: la gente, contagiada por la oleada de reivindicaciones de la Primavera Árabe, quería que Muamar al Gadafi cayera. El líder llevaba dirigiendo Libia durante 42 años ininterrumpidos y los manifestantes quisieron alzar la voz para reclamar más democracia. 

Sin embargo, las protestas se convirtieron en algo más. Rápidamente se organizaron las milicias del Ejército Popular Libio, dirigido por el Consejo Nacional de Transición (CNT), una coalición de fuerzas opositoras. El CNT nació el 27 de febrero de 2011, solo 10 días después del inicio de las protestas. Naciones Unidas (ONU) lo reconoció como legítimo en septiembre del mismo año, después de siete meses de enfrentamientos. 

Así, la comunidad internacional se posicionó a favor de los rebeldes rápidamente. El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó en marzo la intervención militar de varios Estados contra el Ejército de Gadafi. Participaron hasta 16 países, pero las actuaciones más destacadas fueron las de Reino Unido, Francia y Estados Unidos. 

El entonces presidente de EE. UU., Barack Obama, se reúne con quien era representante del Consejo Nacional de Transición en Libia, Mustafa Abdel, en la sede de la ONU en Nueva York el 20 de septiembre de l2011.
El entonces presidente de EE. UU., Barack Obama, se reúne con quien era representante del Consejo Nacional de Transición en Libia, Mustafa Abdel, en la sede de la ONU en Nueva York el 20 de septiembre de l2011. © Mandel Ngan / AFP

En parte gracias a este apoyo internacional, las fuerzas del CNT llegaron a controlar la mayor parte del territorio libio en apenas unos meses. Su ofensiva concluyó cuando Muamar al Gadafi, quien había sido el todopoderoso dirigente del país, murió el 20 de octubre de 2011 asesinado por una turba de gente en Sirte, una ciudad asediada por las tropas internacionales y las rebeldes. 

Los Gobiernos de los países occidentales celebraron la noticia. "Hoy podemos decir definitivamente que el régimen de Gadafi ha terminado. Los libios tienen ahora una gran responsabilidad de construir un país inclusivo, tolerante y democrático que reprenda sin titubear a la dictadura", decía Barack Obama desde la Casa Blanca el mismo 20 de octubre. Ocho meses después de su inicio, la revolución libia parecía haber logrado su objetivo. 

Libia, un país partido en dos

Pero el tiempo ha demostrado algo distinto. Nueve años después, Libia está acaso más lejos de las aspiraciones e ideales que provocaron las masivas protestas en 2011. El país se encuentra dividido y enfrascado en una guerra civil que parece no tener final.

El Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA), apoyado por la mayoría de potencias occidentales y por el Consejo de Seguridad de la ONU, batalla por mantener el control de Trípoli, la capital, y el oeste del país. Lo asedian las tropas del autoproclamado Ejército Nacional Libio, dirigido por el militar Khalifa Haftar, quien se extiende desde el este del país, su bastión. 

Tropas del GNA de Libia se dirigen hacia Misrata, en una imagen del 3 de febrero de 2020.
Tropas del GNA de Libia se dirigen hacia Misrata, en una imagen del 3 de febrero de 2020. © Ayman Al-Sahili / Reuters

La división es a todos los niveles: cada territorio tiene sus instituciones, su Parlamento, su Gobierno y hasta su Banco Central. Además, supone una ruptura a nivel internacional puesto que el GNA tiene el apoyo de Estados Unidos o Turquía, mientras que a Haftar lo secundan potencias como Rusia, Egipto o Arabia Saudita. 

Haftar, que había participado como rebelde en la revolución contra Gadafi, tiene cada vez más territorio y desde hace meses asedia Trípoli con duros ataques dirigidos especialmente contra las infraestructuras claves de la capital. 

Esta guerra sigue desangrando a Libia y no se ve en el horizonte una conclusión próxima. Al contrario: las tensiones no hacen más que aumentar. Por ejemplo, Turquía envió varias tropas a Trípoli en enero para reforzar las fuerzas militares del GNA. Y a pesar de que las conversaciones alrededor de la situación que atraviesa el país están siempre en el orden del día, ningún acuerdo se ha alcanzado en la comunidad internacional, ni siquiera sobre un alto el alto al fuego que reclama el GNA.

Con AFP y AP

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