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EE. UU. y los talibanes podrían firmar un acuerdo el 29 de febrero

© Noorullah Shirzada / AFP

De darse esa firma, sería el primer gran logro entre las partes y abriría la puerta a un posible acuerdo interno con el Gobierno. Siempre y cuando, el periodo de siete días de violencia reducida, que inicia este 21 de febrero como prueba, se cumpla sin ataques.

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Hasta que no haya una firma sobre papel, no se podrá cantar victoria. Sin embargo, Estados Unidos y el grupo talibán dieron un primer gran paso al confirmar que firmarán un acuerdo el próximo 29 de febrero. El anuncio lo dieron por separado, pero casi de forma simultánea, siendo el propio secretario de Estado Mike Pompeo el anunciante para Washington.

El grupo talibán insurgente lo comunicó así este 21 de febrero: "Tras largas negociaciones entre el Emirato Islámico (como se autodenominan los talibanes) de Afganistán y Estados Unidos de América, ambas partes han acordado firmar el acuerdo en presencia de observadores internacionales".

De materializarse la firma, no solo la verían los mediadores extranjeros, sino que se daría en el marco de una ceremonia. Muy esperada, teniendo en cuenta que los diálogos entre ambos iniciaron a fines de 2018 en Doha, Qatar, y que en muchas ocasiones estos cayeron en un juego de cancelación-reanudación.

¿Un ejemplo? Los titulares que se escribían y leían a mediados de 2019, cuando delegaciones de EE. UU. y talibanes abrieron nuevas conversaciones de paz por séptima vez, y la Administración Trump esperaba firmar este mismo acuerdo "antes del 1 de septiembre". Pero, evidentemente, eso no tuvo lugar porque en junio el contexto era de ataques y muertes de milicias progubernamentales, además de las cesiones que no estaban dispuestos a hacer. En el caso estadounidense, abandonar por completo suelo afgano.

La firma depende ahora de siete días sin excesiva violencia

Hoy, el futuro de este acuerdo político depende de los próximos siete días, a contar desde este 21 de febrero, a las 19.30 hora GMT. Porque, como lo dijeron horas antes tres líderes talibanes y un portavoz del asesor de seguridad afgano, se ha declarado, no un "alto el fuego", sino un periodo de una semana de violencia reducida (denominada RIV) que será observada por talibanes, fuerzas afganas y extranjeras.

Casi como tener una bomba de relojería entre las manos, ya que los enfrentamientos entre las fuerzas afganas y los combatientes talibanes no han cesado, y este pacto específico no dicta una eliminación total de la violencia. Pero es una prueba, una garantía de voluntad de acuerdo, en la que "ambas partes crearán una situación de seguridad adecuada, antes de la fecha de la firma final", en palabras del portavoz talibán Zabihullah Mujahid.

Una "situación de seguridad" en la que las fuerzas afganas continuarán con sus operaciones militares comunes contra grupos terroristas como el Estado Islámico. El Ejecutivo de Kabul, de hecho, el mismo presidente afgano Ashraf Ghani Ahmadzai, ha instruido a los funcionarios locales y de seguridad para que sepan cómo seguir las normas acordadas por el periodo RIV. Solo si los talibanes provocan un gran ataque suicida, lanzan cohetes u ofensivas contra convoyes militares en carreteras, incluso por la violación más pequeña, estas fuerzas podrán tomar represalias contra los talibanes.

"Todas las partes tienen derecho a la legítima defensa, pero no habría ataques entre ellas en estos siete días", concretó el grupo talibán, cuyo subdirector dejó claro hace unos días que los militantes están "totalmente comprometidos" a observar el acuerdo "histórico".

El presidente Donald Trump en una visita a la base aérea de Bagram, Afganistán, el 28 de noviembre de 2019.
El presidente Donald Trump en una visita a la base aérea de Bagram, Afganistán, el 28 de noviembre de 2019. © Tom Brenner / Reuters

Un acuerdo para lograr otro acuerdo con el Gobierno de Afganistán

"Que estemos en el umbral de un acuerdo de paz con EE. UU. no es un hito pequeño", escribió el 20 de febrero en 'The New York Times' Sirajuddin Haqqani, líder militar encargado de supervisar el combate talibán contra las fuerzas estadounidenses y de coalición. Al Gobierno afgano no le gustó nada que el medio le diera voz y le permitiera opinar sobre el RIV, ya que lo considera "en la lista de terroristas designados" y "detrás de ataques despiadados contra afganos y extranjeros". Pero Haqqani está en lo cierto.

Si este paso andado junto a EE. UU. es tan importante, es porque crearía un primer entorno de seguridad en Afganistán, con arreglos para la liberación de prisioneros y una reducción de la presencia estadounidense en el país, a cambio de una reducción significativa y nacional de la violencia talibán.

De ir bien, conduciría a una posible retirada de las tropas de Washington (no total, permanecerían algunos por seguridad), lo que ha sido el gran reclamo del grupo y que se supone es uno de los puntos compartidos con el presidente Donald Trump y Mike Pompeo.

Si bien, ese paso abriría camino a algo más grande: un posible acuerdo intraafgano, entre el Ejecutivo de Kabul y los talibanes, que controlan entre un 50 y un 70% de Afganistán. Lo que equivaldría a una posible paz, en un país que desde los años 70 primero, y luego desde 2001, ha sufrido invasiones (EE. UU. ha tenido aquí su guerra más larga), muertes y migraciones de sus ciudadanos. Incluso negociando este acuerdo, ninguno ha renunciado a la violencia. ¿Es posible terminar la guerra, un conflicto tan largo, en un país así?

El presidente de Afganistán, Ashraf Ghani, habla entre el primer vicepresidente Amrullah Saleh y el segundo vicepresidente Sarwar Danish, durante una ceremonia después de recibir el certificado oficial de victoria de las elecciones presidenciales de Hawa Alam Nuristani (no en la foto), jefe de la Comisión Electoral Independiente de Afganistán, durante una ceremonia en Kabul, Afganistán, el 19 de febrero de 2020.
El presidente de Afganistán, Ashraf Ghani, habla entre el primer vicepresidente Amrullah Saleh y el segundo vicepresidente Sarwar Danish, durante una ceremonia después de recibir el certificado oficial de victoria de las elecciones presidenciales de Hawa Alam Nuristani (no en la foto), jefe de la Comisión Electoral Independiente de Afganistán, durante una ceremonia en Kabul, Afganistán, el 19 de febrero de 2020. © Palacio Presidencial / Reuters

Los talibanes siempre se han negado a hablar directamente con el Gobierno afgano porque denuncian que es un "títere" estadounidense. En este sentido, son muy críticos con Washington, incluso ahora ante el acuerdo que, para asegurarlo, insisten en que "dependerá de una observación igualmente escrupulosa por parte de EE. UU. en cada uno de sus compromisos". Así lo sostiene Haqqani.

Pero la crisis política que vive hoy Afganistán no contribuye a una resolución del conflicto. Tras varios errores técnicos y acusaciones de fraude, esta semana Ashraf Ghani fue declarado vencedor de las presidenciales, negadas por el candidato Abdullah Abdullah. "Si (esto) no se resuelve en sus primeras fases, una crisis electoral afectaría sin duda al proceso de paz", dijo a EFE el analista Nawid Shujaie, del laboratorio de ideas Centro de Estudio Ciudadano.

Shujaie cree que una hipotética crisis haría que los talibanes aumentaran sus ataques frente a un Gobierno débil en disputa: "Si los talibanes creen que es posible, podrían intentar hacer colapsar el Gobierno y dominar el país mediante la guerra". Y es que la postura de los talibanes frente a los comicios, siempre firmes en su idea extrema del islam, es que son algo sin importancia, una farsa. Lo que hace más difícil pensar en un futuro partido islamista que compita con unas reglas del juego políticas.

Pese a todo, el Kremlin no dudó en decir que la confirmación de una firma de acuerdo es un "acontecimiento importante" para la paz en Afganistán. Y así también lo cree el jefe de la OTAN, Jens Stoltenberg. Un acuerdo en aras de una "paz duradera", declaró, pese a tener en el país a más de 16.000 soldados.

A priori, después de esta firma, el 10 de marzo comenzarían en Oslo las negociaciones entre los talibanes y el Gobierno afgano. 

Con Reuters, AP y EFE

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