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Los 27 de la UE dan luz verde al mandato de negociación con Londres tras el Brexit

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Bruselas (AFP)

Los representantes de los Estados miembros de la Unión Europea (UE) dieron este lunes luz verde al mandato de su negociador Michel Barnier, con las condiciones sobre la futura relación comercial con el Reino Unido tras el Brexit.

Ahora el mandato, fruto de negociaciones entre las capitales, tendrá que ser adoptado formalmente el martes en una reunión ministerial en Bruselas.

Pero su conclusión constituye una etapa decisiva, ya que abre la vía para iniciar las negociaciones, a principios de marzo, entre la UE y el Reino Unido, un poco más de un mes después del Brexit.

Londres y Bruselas solo tienen hasta fines de año para decidir sobre su futura relación, el periodo de transición durante el cual los británicos siguen aplicando las reglas europeas.

El sábado, el presidente francés, Emmanuel Macron, manifestó sus dudas sobre la posibilidad de un acuerdo global para finales de año. "Se va a prolongar porque los británicos son muy duros", advirtió.

Las dos partes se comprometieron en una "declaración política", firmada a finales del año pasado, a concluir una "asociación ambiciosa" con "compromisos firmes" que garanticen una competencia "justa".

Pero esta posición común se ha ido diluyendo desde entonces.

Los europeos siguen abiertos a un ambiciosa asociación, que incluye un acuerdo comercial sin cuotas ni aranceles. Pero han endurecido el tono, por presión de Francia, por las contrapartidas reclamadas.

Con el temor más que nada a la competencia desleal del Reino Unido, exigen que Londres siga respetando ciertas reglas de la UE, en particular en materia de ayudas de Estado, medio ambiente, derechos laborales e impuestos.

Esta demanda, inédita en un acuerdo de libre intercambio, se explica por la proximidad geográfica y la fuerte integración económica entre Londres con el continente.

Pero ya fue descartada la semana pasada por el negociador británico del Brexit, David Frost.

- Fuertes implicaciones -

Los británicos parecen ahora contentarse con un acuerdo comercial básico, como los negociados entre la UE con Canadá o Japón, pero que preservaría su capacidad de regular libremente su economía.

"Para resumir, lo que queremos es lo mismo de lo que se benefician otros países independientes", resume Frost.

Incluso un "no acuerdo" pese a sus implicaciones en la economía, sobre todo para los aranceles a menudo altos, no parece asustarles, si hay que creer al negociador británico.

En este contexto, la corta negociación futura -solo diez rondas de negociación de tres semanas- se anuncia tensa.

Además de las condiciones de la competencia, los asuntos de fricción entre Londres y Bruselas no escasean, como el futuro lugar de los servicios financieros en la UE o la cuestión muy sensible de la pesca.

En este último punto, el mandato de los europeos insiste en el hecho de que el futuro acuerdo tendrá que "mantener un acceso recíproco" a las aguas territoriales de los dos países, lo que parece difícil que Londres acepte.

La UE desearía también que la Corte de Justicia de la Unión Europea (CJUE) tenga la última palabra para interpretar el derecho de la Unión, en caso de diferendo entre Londres y Bruselas, lo que el Reino Unido rechaza.

El domingo, el Sunday Times afirmó que Londres busca en secreto soslayar la obligación de someter a controles aduaneros los bienes procedentes de Gran Bretaña que entran en Irlanda del Norte. Una situación que no entusiasma a los ingleses ya que supone en realidad crear una frontera entre estas dos partes del Reino Unido.

No obstante, esta información fue desmentida el lunes por el gobierno británico: "vamos a cumplir todas nuestros compromisos", dijo.

En cuanto a Barnier, preguntado por la AFP a su llegada a la reunión, contestó: "tengo la convicción y el deseo de que lo que hemos decidido juntos será respetado por el Reino Unido".

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