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En Zorlesco, en la zona roja italiana, la vida en los tiempos del coronavirus

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Zorlesco (Italia) (AFP)

El funeral de la anciana duró cinco minutos. El tiempo suficiente para que el párroco diera una bendición, en presencia de un solo pariente y dos empleados de la funeraria. Zorlesco, un pueblo tranquilo en el norte de Italia, cumple las reglas de la vida en la "zona roja".

Don Nunzio Rosi, el párroco de ese pequeño pueblo de 1.700 almas, cuya vida se organiza tradicionalmente alrededor de la iglesia, la cafetería y la tienda de comestibles, acepta obligado por la cuarentena salir del pueblo para conversar con la AFP.

Zorlesco se encuentra en plena "zona roja", al lado de Codogno, uno de los focos de contagio del coronavirus y la localidad más afectada por la epidemia en Europa, con siete muertes desde el viernes.

Los carabineros impiden la salida y advierten a los que quieren entrar en la aldea: "Entras, pero no sales más".

Afable, sonriente, el sacerdote, con su biblia bajo el brazo, regresa del entierro de una feligresa: "Murió de vejez, no por el coronavirus", subraya.

A pesar de que no han identificado hasta ahora a algún contagiado, desde el domingo la ciudad vive como en otra dimensión.

"En nuestro pequeño pueblo, todo ha cambiado en tres días. La atmósfera es casi irreal. Ninguno de nosotros llegó a imaginarse que un día nos encontraríamos en la misma situación de esas ciudades en China que veíamos en televisión y pensábamos: pobres, obligados a permanecer confinados en la propia casa..."

En Zorlesco los residentes no pueden salir de la ciudad y las tiendas y almacenes están cerrados. "¡Incluso la iglesia!", recalca asombrado Don Nunzio.

En la zona roja está prohibido celebrar misa en presencia de feligreses. El párroco oficia solo, a puerta cerrada.

Como esa región es tan católica, el cura deja la iglesia abierta por algunas horas en la mañana para que los fieles, uno por uno, puedan venir y decir "una pequeña oración".

También envía a sus feligreses mensajes de consuelo y extractos del Evangelio con mensajes de WhatsApp.

- Cadena de solidaridad -

Después de que las autoridades ordenaran el domingo la cuarentena a once municipios del norte de Italia, se desató una oleada de pánico y muchos de sus feligreses "asaltaron los supermercados de Codogno", que linda con el pueblo, cuenta Don Nunzio.

Pero "de lo malo salió algo bueno. Todos estamos aprendiendo de esta situación, la gente va para adelante y ha mostrado buena voluntad hasta ahora", sostiene el sacerdote.

"Por lo general, aquí estamos siempre estresados por el trabajo y se corre todo el tiempo. Ahora, forzados por las circunstancias, las familias se reúnen y pasan mucho tiempo juntas. Nos saludamos, comentamos las noticias, se inició una cadena de solidaridad", asegura entusiasmado, tras subrayar que los aldeanos no suelen permanecer confinados en sus hogares.

Casi como si fuera una demostración, pasa una mujer joven sin mascarilla que camina enérgicamente por la acera y dice: "¡Qué delicia poder caminar!".

"De esta vamos a salir, sí que vamos a salir", comenta por su parte un anciano, Luigi Malabarba, cuya casa se encuentra a las afueras del pueblo.

- Al borde de un ataque de nervios -

Sin embargo, no todos comparten esa visión optimista en Lombardía, y el coronavirus también está afectando a la gente mentalmente.

"Es una locura. Solo hablamos de eso. De eso", exclama Lorenzo, un banquero de la provincia de Brescia, que no quiere dar su apellido.

"Hay quienes creen en una conspiración, incluso personas cultivadas han llegado a acusar a los chinos. Otros sostienen que si Matteo Salvini (el líder de la ultraderecha italiana, ndr ) hubiera estado al mando, no habríamos tenido esta crisis", dice.

"Los extremistas gozan y la economía se derrumba", lamenta el banquero.

El asalto a los supermercados, la multiplicación de noticias falsas, los falsos voluntarios de la Cruz Roja que ofrecen hacer análisis a los residentes en cuarentena... "Somos un país al borde de una crisis de nervios", sentencia.

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