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Los interrogantes sobre los sistemas de vigilancia del coronavirus

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París (AFP)

La multiplicación de casos de infección del nuevo coronavirus fuera de China plantea interrogantes sobre los sistemas de vigilancia implementados para evitar una propagación de la epidemia en todo el mundo.

- ¿Insuficiente detección?

Investigadores del Imperial College de Londres consideraron el viernes pasado que "unas dos terceras partes de los casos de COVID-19 que salieron de China, no han sido detectados a nivel mundial (...)".

En otra investigación divulgada el lunes, un equipo anglo-estadounidense estimó que "más de la mitad de las personas infectadas no han sido detectadas".

"Una de las dificultades que plantea este virus, es que hay todo un espectro de manifestaciones clínicas" con formas ligeras y escasos síntomas, explica a la AFP Daniel Lévy-Bruhl, de la agencia sanitaria francesa Santé publique France.

Otra categoría, aún menos detectable, es la de los contaminados que no tienen ningún síntoma, aunque según los científicos su peso en la propagación de la enfermedad es limitado.

"Las investigaciones confirman que en la inmensa mayoría de los casos, son personas sintomáticas las que transmiten" la enfermedad, según el doctor Lévy-Bruhl.

- ¿Cuanta cuarentena?

El período de incubación --que separa la infección de la aparición de los síntomas-- es estimado según los estudios entre dos y 10 días. Ello condujo a fijar en 14 días el período de cuarentena para los casos sospechosos.

Sin embargo, basándose en ciertos casos, expertos chinos han considerado que el tiempo de incubación podría extenderse hasta 24 o incluso 27 días.

Sin embargo esta hipótesis suscita escepticismo entre los científicos.

"Los datos más recientes van más bien en el sentido contrario, es decir hacia una disminución del período de incubación" dice Lévy-Bruhl. Según él, "hay muy pocas posibilidades de que la duración de incubación vaya más allá" de los 14 días.

- Consecuencias si la enfermedad se extiende -

La estrategia de contención de la epidemia que ha implementado la comunidad internacional es cada vez más difícil a medida que aumenta el número de países afectados.

Si esa contención no puede realizarse, las autoridades sanitarias deberán revisar a la baja sus ambiciones: en lugar de frenar la epidemia, cada país deberá atenuar sus efectos.

En los países desarrollados, esta política afecta a los sistemas de salud.

"El 85% de las personas infectadas no desarrollan una forma grave de la enfermedad, sino formas menores" destaca el profesor Yazdan Yazdanpanah, experto francés de la OMS. Y precisa que "las formas graves lo son más que una gripe".

Si los casos se multiplican será pues necesario "hospitalizar a la gente que desarrolla formas graves" de la enfermedad, aunque sin olvidar "a los demás" en términos de atención en hospitales.

En fin, la paradoja del COVID-19 es que es mucho menos cruento que una enfermedad como el Ebola, pero también es más difícil de contener puesto que los casos son más difícilmente detectables.

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