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La Comisión Europea tacha de "vergüenza" carnaval antisemita en Bélgica

Figuras caricaturizan a judíos ortodoxos se presentan en un carro antes del desfile anual de carnaval en las calles de Aalst (Alost), el 23 de febrero de 2020. El carnaval de Aalst, en la región belga de habla holandesa de Flandes, se agregó inicialmente a la lista de la UNESCO del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad en 2010. En una decisión sin precedentes, el Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO dijo que retiraba el carnaval "por la repetición recurrente de representaciones racistas y antisemitas" en el evento.
Figuras caricaturizan a judíos ortodoxos se presentan en un carro antes del desfile anual de carnaval en las calles de Aalst (Alost), el 23 de febrero de 2020. El carnaval de Aalst, en la región belga de habla holandesa de Flandes, se agregó inicialmente a la lista de la UNESCO del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad en 2010. En una decisión sin precedentes, el Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO dijo que retiraba el carnaval "por la repetición recurrente de representaciones racistas y antisemitas" en el evento. © Nicolas Maeterlinck / AFP

Aunque el carnaval de Aalst (Alost), norte de Bélgica, es conocido por criticar y caricaturizar con crudeza a la clase política, las carrozas y representaciones "antisemitas" fueron el centro de la atención y de la furia de las autoridades europeas que alegan son incompatibles con los valores europeos.

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Es época de Carnaval. En Bélgica son conocidos los de la localidad de Binche (en el sur del país, en la región de Valonia), también el de Alost (en Flandes, en el norte del país). Este último, sin embargo, se ha hecho mucho más conocido recientemente por una cuestión muy diferente a la relacionada con la tradicional fiesta.

El pasado domingo 23 de febrero una de las comparsas que participaban en el Carnaval de Alost sembró la controversia: personas disfrazadas y muñecos que simulaban ser judíos vestidos de insectos. Muñecos vestidos con trajes de judíos jasídicos (o ultraortodoxos) con grandes sombreros, pelo largo en los costados (conocidos como peiot, en hebreo) con narices desproporcionadas, rodeados de diamantes y dinero. Estereotipos raciales que se utilizaron durante la persecución de los judíos antes y durante el Holocausto.

El año pasado también se vieron las mismas carrozas de carnaval con disfraces deshonrosos. Tras la controversia generada y las críticas de organizaciones civiles y judías, la UNESCO, que tenía incluido el Carnaval como bien inmaterial de la humanidad, lo retiró de su lista. Antes de que lo hiciera, el alcalde de la localidad de Alost prefirió irse, airado, porque consideraba la decisión como un atentado a la libertad de expresión y contra el caricaturismo relacionado con el carnaval.

En esta localidad, la principal fuerza política en el poder es el Partido Nacionalista Flamenco (N-VA), con un discurso a menudo antiimigración y muy nacionalista; la segunda fuerza es la extrema derecha, el Vlams Belang. Ambos suman más del 50% de los votantes. Bélgica tiene población judía, aunque el 46% de ella fue asesinada en los campos de exterminio y concentración nazis a partir de la invasión entre 1940-1941. 

Este año, sin embargo, las comparsas del Carnaval han mantenido su crítica a los judíos. La decisión de la UNESCO en 2019 de retirarlos de la lista de patrimonio inmaterial avivó la controversia. Algunas de las personas disfrazadas iban vestidos con uniformes nazis, brindando con los transeúntes y en que se podía leer "Unestapo", impreso en sus trajes, relacionando la decisión de la UNESCO con las prácticas de la policia del III Reich, la Gestapo.

"Tiene que acabarse, esto no puede tener lugar en Europa"

Tras el desfile, empezaron las críticas. "Bélgica, como democracia occidental debería darle vergüenza permitir una manifestación antisemita como esta", criticó el canciller israelí, Israel Katz. Sin embargo, el alcalde la ciudad (de poco más de 80.000 habitantes) aseguró que "no tiene ningún problema con las representaciones de judíos en el carnaval. No pueden ser cualificadas de antisemitas”, justificó. 

No obstante, no lo piensa así la primera ministra del país, Sophie Wilmès. "Bélgica es una democracia basada en las libertades fundamentales, de las que forma parte la libertad de expresión (…) pero esta libertad también tiene una base legal para proteger a las personas del racismo, del antisemitismo y otras discriminaciones", sentenció. 

También la Comisión Europea criticó el carnaval. El vicepresidente del Ejecutivo comunitario, Margaritis Schinas, tildó la fiesta de "vergüenza". "Tiene que acabarse, esto no puede tener lugar en Europa". El político griego, que también fue portavoz de la institución, ya había criticado este carnaval el año pasado. 

Así, las críticas se suceden en el país y el debate se ha mantenido sobre qué es y qué no es la libertad de expresión y si debería tener límites.

"La libertad para poder reírse es un bien preciado; pero nadie debe confundir esa libertad con la vuelta al escarnio público, a la humillación de las víctimas o a la profanación de tumbas", recuerdan en una carta en los medios principales del país varios profesores de una las principales universidades del país, la Universidad Libre de Bruselas.

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