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Preocupados por el coronavirus, los iraníes se encierran en sus casas

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Teherán (AFP)

Desmoralizadas tras varios días encerradas en su casa por temor al nuevo coronavirus, Shahpar Hashemi y su hija Parmis decidieron finalmente salir de compras en las calles inhabitualmente calmas de Teherán.

A pesar del temor a contagiarse, Hashemi y su hija de 13 años, que lleva puesta la única máscara que tienen, salieron a las calles de Teherán.

Según el último balance oficial el virus mató a 77 personas en el país y hay un total de 2.300 personas contaminadas.

Después de China, Irán es el país del mundo que tiene más muertos por el nuevo coronavirus.

Varias escuelas cerraron en todo el país en el marco de las medidas de las autoridades para frenar la propagación del virus.

"Es extremadamente duro para nosotros pero no podemos tomar un taxi o un autobús aunque me duelen los pies", dice Hashemi.

"Mi hija estaba deprimida en caso por eso la llevé de compras para que le mejore el ánimo". Los niños "ya no van a la escuela y tienen miedo del virus", asegura esta ama de casa de 45 años.

En el cruce de Vanak, uno de los más importantes de la capital, se ven menos coches y autobuses que normalmente. Desde hace varios días los grandes atascos que suele tener Teherán han desaparecido.

Con la caída de la circulación, también disminuyó la gran nube de humo que suele cubrir esta ciudad de ocho millones de habitantes.

"La enfermedad puso patas arriba nuestras vidas", explica a la AFP Pejman, un arquitecto de 39 años.

"Tenemos miedo. No hay máscaras ni líquido desinfectante. La gente los necesita pero no hay", asegura.

Las actividades comerciales también se están viendo afectadas. Los colegas de Pejman que se cree que están contaminados fueron obligados a quedarse en casa, explica el arquitecto.

"Tuvo un efecto nefasto en nuestra empresa. Ahora nos toman la temperatura cada mañana antes de entrar", explica Pejman.

- "Calles vacías" -

El freno de la economía también se siente en las calles.

Para pasar el tiempo los vendedores organizan juegos, los empleados limpian con esmero las puertas y las ventanas de los restaurantes vacíos y los taxistas esperan con paciencia a los clientes.

"Las calles están vacías", explica Jamchidi, un taxista. Junto a él varios colegas comen y bromean juntos.

"Mi trabajo es llevar a la gente allí donde tiene que ir pero nadie sale de casa", lamenta.

"Si esto continua igual, no tendremos dinero para comer. Ayer gané muy poco dinero y hasta ahora no tuvo ningún cliente", añade Jamchidi.

Hamid Bayot, que vende zumo de frutas en el cruce de Vanak, afirma que sus ventas han caído en 80% desde el anuncio oficial de los primeros casos de coronavirus, el 19 de febrero.

Y eso a pesar de las medidas sanitarias que tomaron los comerciantes para tranquilizar a sus clientes.

"Lo desinfectamos todo tres veces al día pero la gente tiene miedo y no compra nada", dice Hamid Bayot. "Si esto continúa vamos a quebrar y tendremos que cerrar nuestra tienda".

Para luchar contra el aburrimiento de los jóvenes iraníes, la cadena oficial de información, normalmente austera, emite estos días dibujos animados de la Pantera Rosa o un documental sobre el rodaje de "El renacido", una película estadounidense con Leonardo Dicaprio.

"Tenemos que quedarnos en casa y no hacer nada. No podemos ver a nuestros amigos y no estamos contentos", dice Parmis Hashemi, la niña de 13 años que lleva la máscara que le dio su madre.

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