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Viña 2020, la edición del festival más político que se recuerda en Chile

Asistentes agitan carteles contra el Gobierno el 24 de febrero de 2020 en la segunda noche del Festival de Viña del Mar, Chile.
Asistentes agitan carteles contra el Gobierno el 24 de febrero de 2020 en la segunda noche del Festival de Viña del Mar, Chile. © Alberto Valdés / EFE

En el contexto del estallido social que se vive en Chile desde el 18 de octubre de 2019, la política desplazó a la música para convertirse en la verdadera protagonista del tradicional festival, que empezó el 23 de febrero y vio subirse a sus escenarios a artistas como Maroon 5, Ricky Martin y Mon Laferte.

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El Festival de Viña del Mar, celebrado cada verano en la ciudad costera y considerado el mayor festival de música del mundo latino, siempre ha sido utilizado como un termómetro para medir el ánimo político de los chilenos y se ha visto como un espacio público donde hacer catarsis a través del humor y la música.

Por eso no es de extrañar que este Festival de Viña del Mar de 2020, que llegó en medio de un país convulsionado por más de cuatro meses de revueltas desde el estallido social del 18 de octubre, haya sido evaluado como uno de los más políticos que se recuerdan y la edición en la que el certamen reconectó con la gente.

No en vano tuvo las mejores audiencias de los últimos 9 años y para algunos fue la edición “más significativa” de la última década. Las escaleras, llenas de público en una edición en que se batió el récord de venta de entradas (20.000 se agotaron en la primeras hora a la venta), se manifestó en muchas ocasiones cantando consignas contra el presidente Sebastián Piñera, saltando con todas sus fuerzas al grito de “el que no salte es paco (policía)” y mostrando numerosos carteles por el apruebo de una nueva Constitución o por demandas sociales, a pesar de la prohibición que rige desde esta edición de no introducir pancartas al recinto.

Muchos lo comparan al festival de 1988 que precedió al plebiscito para poner fin en las urnas a la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). En aquel momento, como ahora, el ambiente estaba  caldeado y los artistas que pasaron por el escenario no quisieron desaprovechar la gran plataforma. El Festival de Viña es una conversación común entre los chilenos cada mañana, y como era de esperar, por ahí se coló con fuerza la política.

Protestas dentro y fuera del Festival

La denuncia social no solo abundó dentro del Festival, sino también fuera. En las calles de Viña del Mar se vivieron fuertes jornadas de protestas que denunciaban el costo del evento frente a la falta de dinero para los servicios públicos, entre otros, y buscaban interrumpir la normalidad del encuentro musical para alertar sobre la situación de Chile. 

Las manifestaciones acabaron con un mítico hotel de la ciudad donde se alojan participantes del Festival, saqueos en tiendas importantes, varios autos incendiados y hasta vehículos nuevos lanzados desde el segundo piso de una concesionaria.

Viña ardía y los organizadores del Festival sabían que tenían que hacer que este formase parte de la protesta para sobrevivir durante la semana. “Sacamos adelante, probablemente, el Festival más difícil de la historia”, evaluó positivamente el subsecretario del Interior, Juan Francisco Galli, quien afirmó que hubo grupos “violentistas que intentaron sabotear” el evento. 

Tango Galli como el ministro del Interior, Gonzalo Blumel, acudieron de manera inusitada a las instalaciones durante la semana para verificar la seguridad del recinto.

Varios artistas apoyaron las protestas 

Sobre el escenario, el Festival fue un gran hervidero social donde lo político casi acabó desplazando en importancia a lo musical. Casi todos los que pasaron por el escenario hicieron clara referencia a lo que ocurría fuera del recinto, en las calles chilenas.

Uno de ellos, plato fuerte del Festival, fue el puertorriqueño Ricky Martin, que afirmó tras su actuación que “la lucha, la resistencia en paz y hermandad es un derecho de los pueblos que los gobiernos no van a impedir. No dudo que estos momentos de transformación que viven servirán para construir un Chile mejor”.

Por su parte, la actuación de la chilena Mon Laferte fue una de las más políticas que se recuerda en el Festival. Entre un público lleno de pañuelos verdes y morados pidiendo la legalización del aborto en el país, convocando a la huelga feminista del 8M, gritando consignas antigubernamentales y mostrando pancartas por una nueva Constitución, Laferte ofreció un magnífico espectáculo bien sazonado de reivindicaciones.

La cantante chilena Mon Laferte canta a sus seguidores en el Festival Viña del Mar el 24 de febrero de 2020.
La cantante chilena Mon Laferte canta a sus seguidores en el Festival Viña del Mar el 24 de febrero de 2020. © Alberto Valdés / EFE

Esa fue la primera noche en 61 años de festival en que actuaron solo mujeres y también fue la más política. La humorista Javiera Contador lanzó claras consignas a favor de una nueva Constitución que arrancaron calurosos aplausos del 'Monstruo', como es conocido el público del Festival por su ferocidad. La actuación musical de la cantante chilena Francisca Valenzuela tampoco se quedó atrás con una coreografía donde los bailarines actuaron con una mano tapando uno de sus ojos, en alusión a las más de 400 personas víctimas oculares desde las protestas.

El humor: el mejor transmisor del mensaje político

El espacio del humorista Stefan Kramer, uno de los más queridos por los chilenos, fue dedicado exclusivamente a relatar lo ocurrido en el país desde el 18 de octubre. Criticado por algunos, entre ellos el Gobierno y afines, no es posible verlo completo a través de Youtube.

"El Festival de Viña reflejó casi de manera perfecta el momento que vive Chile, pese a que la parrilla estaba definida antes del 18 de octubre, pero tanto la música como en el humor, especialmente en el humor, la gente de alguna manera necesitaba escuchar más cercanía con lo que ha pasado en el país", señala a France 24 el analista político Germán Silva.

"El gran triunfo fue el de Stefan Kramer, que se la jugó completamente, no hubo ninguna neutralidad (...) La gente estaba entusiasmada con eso y de alguna forma la encuesta Cadem publicada este lunes afirma que subió un 10% respecto de la última medición la validación que tiene la ciudadanía de las movilizaciones”, subraya.

La encuesta también indica que un 73% de los chilenos valora positivamente el show de Kramer, 66% el de Mon Laferte y que un 67% de ellos afirma seguir el Festival.

Para muchos, el Festival fue la mejor plataforma propagandística para la campaña por aprobar una nueva Constitución en el plebiscito del próximo abril.

"El presidente Piñera no logra repuntar, no logra salir de esa zona incómoda” de la baja popularidad. “Hubo muchos intentos, muchos, de parar manifestaciones, que no entraran antorchas, que no entraran pancartas” al Festival, continúa, pero “se vio en la galería que la gente está claramente enojada y molesta y que esto va a ir en aumento. El Festival de Viña reflejó completamente la realidad actual y ya nunca más va a volver a ser lo que fue”, concluye Silva.

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