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Marion Haerty, la reina de las nieves que quiere mover montañas

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Ordino (Andorra) (AFP)

De pequeña, Marion Haerty soñaba con seguir a su hermano sobre su tabla de snowboard. Hoy es la doble campeona del mundo de freeride, pero en el mundo todavía muy masculino de las cumbres nevadas, aún le queda por mover una montaña: llevar a más mujeres hacia la cima.

"Siempre me ha gustado romper límites". Ambiciosa y voluntariosa, la joven, de 28 años, baja las pendientes vertiginosas de todo el mundo (Suiza, Alaska, Japón ...) saltando y haciendo figuras entre salientes rocosos y grietas.

Pero su deporte es para ella primero un arte: "Lo que me gusta es este aspecto de creatividad con la naturaleza. Sobre mi tabla, me veo como un lápiz dibujando sobre una página blanca, sólo que en este caso es una pendiente virgen", explica.

Haerty sabe lo que es la montaña desde pequeña. Aunque nacida en Colmar (este de Francia), creció cerca de Grenoble, donde la llamada de las cumbres resuena más que el canto de las sirenas.

A sus 10 años se subió a su primera tabla. Rápidamente, un entrenador del club de Chamrousse se fija en ella. Después llegaron las competiciones, de boardercross (saltos y montículos en un 'snowpark') y de slopestyle (descenso acrobático).

- Saber decir no -

El fuera pista llega más tarde, vía una invitación recibida en 2015 por parte del Freeride World Tour (FWT), el organizador del campeonato del mundo. "El comienzo de una nueva historia", recuerda Marion con una sonrisa.

Acaba tercera ese año y, desde entonces, las victorias se suceden: campeona del mundo en 2017 y 2019, sigue en cabeza otra vez este año.

Si gana un tercer título, será la primera mujer en lograrlo en esta disciplina, igualando los récord de Sammy Luebke y Xavier de Le Rue entre los hombres. Una proeza en el universo de la montaña durante mucho tiempo reservado a los hombres.

Para Marion, encontrar su lugar en medio de los chicos no siempre ha sido fácil. Las bromas de los amigos cuando intenta una figura y cae, ser la única que dice no a una pendiente cuando todos los chicos quieren ir, eso sabe lo que es, y todavía hoy, "es difícil conseguir el reconocimiento de los suyos a nivel masculino".

"Porque no vamos a hacer las mismas cosas que ellos, que no tenemos siempre el mismo nivel, no vamos a tener las mismas felicitaciones a pesar del trabajo que invertimos y aunque asumamos los mismos riesgos que ellos", subraya la snowboarder.

La competición, los títulos, "ayudan a evolucionar. A comprometerme más, a tomar decisiones, respetar mis valores. Y ganar en confianza", añadió.

Pero, "todavía estamos en esta cultura donde el peligro no es para las mujeres. Cuando practicamos deportes extremos, nos hacen sentir de alguna forma que no respetamos esta 'carta femenina' impuesta por la sociedad".

- Premios iguales -

En el freeride, las mentalidades han tardado en evolucionar. Tras 12 años de existencia del campeonato del mundo, sólo este año los premios femeninos se han equiparado a los masculinos.

Una bonita victoria, a pesar de que aún falta mucho por hacer. En el circuito sólo son 16 mujeres frente a 32 hombres. "Me gustaría ver más chicas al inicio del campeonato del mundo", dice Haerty.

A pesar de todo, "la evolución es positiva. Antes no se destacaba tanto a las mujeres, no se las tomaba tan en serio".

Ahora, "nos damos cuenta que ser una mujer es también hacer deporte, tener cicatrices, ir a sudar en la montaña. Las mentalidades cambian poco a poco, pero firmemente", se felicita.

No obstante, pocas atletas femeninas llegan a vivir del freeride. "Manuela Mandl, campeona del mundo en 2018, tiene que trabajar en verano. Los hombres no tienen esa preocupación", se lamenta Marion.

Pero, poco a poco, "los patrocinadores empiezan a darse cuenta de que la Tierra no está sólo poblada por hombres y que hay un auténtico mercado femenino por conquistar en la montaña".

Y las propias mujeres van afirmándose como Haerty, que el pasado año realizó su primer cortometraje, "In situ". Además ya se han creado clubes de montaña 100% femeninos, como el Lead the Climb.

Pero, para Haerty, el cambio llegará también con las generaciones futuras. Cada mes dedica de forma altruista tiempo las niñas del club de Chamrousse. "Quiero decirles que no tienen que ponerse barreras. Que aspirando a la luna llegarán a las estrellas. Sólo hay que atreverse".

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