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Amani Ballour, pediatra siria: "He visto morir a muchos niños"

La Amani Ballour en Guta, Siria.
La Amani Ballour en Guta, Siria. © National Geographic

Hace algunos meses fue evacuada de Siria y a comienzos de marzo estuvo en París para alertar sobre la situación en Idlib. Amani Ballour, pasó cinco años salvando la vida a los niños en el hospital subterráneo de la ciudad de Duma, durante el asedio que sufrió la localidad por parte del régimen de Damasco en la región de Guta Oriental.

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Su cabeza está un poco en Francia y un poco en Siria. La doctora Amani Ballour tiene las imágenes de la guerra en Siria en su memoria y en el tono de su voz. Sus palabras salen de su boca rápido, como si cada minuto contara, como si estuiera aún en el box de urgencias de un hospital.

Durante cinco años, esta pediatra se dedicó a salvar vidas en la región de Guta Oriental, en la periferia de Damasco, asediada por el Gobierno de Bashar al-Assad. Ella pasó más de 2.000 días entre bombas, heridos y niños que ya ni siquiera lloraban. 2.000 días en un silencio mortal, pero ahora necesita hablar.

Ballour fue evacuada de urgencia hacia Turquٌía hace algunos meses y está en una gira europea aprovechando la notoriedad que le ha dado el premio Wallenberg, que obtuvo en enero de este año en el Consejo Europeo (CE) por el documental "La cueva", inspirado en ella, del director sirio Feras Fayyad, que estuvo nominado a los premios Oscar del pasado 9 de febrero.

Poco antes de que Siria y Turquía acordaran una tregua, la doctora fue recibida por el ministro de Relaciones Exteriores francés, Jean-Yves Le Drian: "¡Debemos presionar a Rusia y al régimen de Bashar al-Assad! ¡Debemos detener los bombardeos!" dijo en una conferencia de prensa en París. 

"No sé nada de política, no es mi trabajo, soy médico. Y, desde este punto de vista, sé que la situación humanitaria es catastrófica en Siria. Falta todo", dijo Ballour .Con respecto a la situación en Idlib, descrita como "la mayor crisis del mundo" por la ONU, y la situación de los 2 millones de desplazados internos, Ballour dice que "los afortunados viven en tiendas de campaña. Pero un millón de ellos duerme al aire libre, sin cuidado ni comida. Los niños se mueren de frío. Es una pena dejarlos morir así", señaló Ballour.

Sigrid Dyekjaer, Kirstine Barfod, Amani Ballour y Alisar Hasan posan en la alfombra roja durante la llegada a la entrega 92 de los premios Oscar en Hollywood, Los Ángeles, California, EE. UU., el 9 de febrero de 2020.
Sigrid Dyekjaer, Kirstine Barfod, Amani Ballour y Alisar Hasan posan en la alfombra roja durante la llegada a la entrega 92 de los premios Oscar en Hollywood, Los Ángeles, California, EE. UU., el 9 de febrero de 2020. © Eric Gaillard / Reuters

"Falta de todo...No podía hacer nada por ellos"

Ballour tiene 33 años, y mucha sangre fría. Al inicio de la guerra en Siria, en 2012, se presentó como voluntaria en Guta oriental: "me hice médico para ayudar a quienes lo necesitan y por las ganas de salvar". Por esa vocación se quedó en el puesto durante los 5 años que duró el asedio de las Fuerzas de Bashar al-Assad contra la localidad, "el más largo sitio de la historia” según la Organización de Naciones Unidas (ONU). Con la excusa de la lucha contra los rebeldes y los terroristas, Damasco hizo sufrir la hambruna a su pueblo, una práctica que en 2018 fue calificada como “crimen contra la humanidad” por la ONU. 

En el hospital de Guta, en parte subterráneo, y bautizado como "La cueva", la recién titulada doctora trabaja a salvo de las bombas en kilómetros de túneles húmedos, donde no hay ni medicamentos, comida ni infraestructura suficiente. "Los niños nos necesitaban pero nos faltaba de todo. No teníamos los remedios para curarlos. No podía hacer nada por ellos", recuerda con una importencia difícil de soportar.

"La cueva", el documental, es apenas una muestra de todo lo que sufrió esta mujer: “niños asfixiados por los escombros de sus casas, con amputaciones en sus extremidades, con heridas de obuses, o cuerpos violentados, operados sin anestesia sino simplemente con una música clásica de fondo. Y además de eso, están los traumas psicológicos de huérfanos que tiemblan cada vez que pasa un avión y el grito desgarrador de una madre que ve morir a su hijo. Y las bombas rusas, que siguen cayendo. La película de un hora y 45 minutos muestra todo lo más feo de una guerra. "La película es demasiado corta en comparación con el tiempo que pasé allí”, reflexiona.

Incluso siente que en esa cinta no sale lo peor de este conflicto, los bombardeos con gas sarín lanzados sobre Guta Oriental por las fuerzas gubernamentales en agosto de 2013. "No hubo sangre, ni heridos, pero los niños morían ahogados, sin que pudiéramos hacer nada". "Había tantos muertos, que llenaban el suelo del hospital y estábamos obligados a apilarlos”.

Las mujeres sirias desplazadas internamente y sus hijos se sientan en una tienda de campaña en un campo de desplazados ubicado cerca de Idlib, Siria, el 27 de febrero de 2020.
Las mujeres sirias desplazadas internamente y sus hijos se sientan en una tienda de campaña en un campo de desplazados ubicado cerca de Idlib, Siria, el 27 de febrero de 2020. © Umit Bektas / Reuters

El feminismo también en el corazón de la guerra en Siria

Su padre le pidió varias veces desertar, pero Amani Ballour se mantuvo firme. Ante las bombas pero también frente a los comentarios machistas que recibió al hacerse cargo del hospital entre 2016 y 2018. "En Siria todavía hay muchas personas que consideran que las mujeres tienen que quedarse en casa. Quería demostrar lo que una mujer puede hacer. Quería desafiar a estos hombres (...) Y algunos de los hombres que me criticaron vinieron a agradecerme al final por mi gestión del hospital, y esa es una verdadera victoria. Por eso sé que podemos cambiar las cosas", dice esperanzada.

Ballour se vio obligada a dejar Siria en 2018, luego de una gran ofensiva del ejército de Bashar al-Assad y los acuerdos de evacuación que siguieron. Ahora vive como refugiada en Gaziantep, Turquía. Allí creó la Fundación Al-Amal (esperanza, en árabe) para apoyar a los médicos y, en particular, a las mujeres líderes en zonas de conflicto. "Es esencial empoderar a las mujeres, darles la oportunidad de estudiar, trabajar y ganar dinero. Cuando se apoya a una mujer, se apoya a toda una comunidad".

Detrás de su frágil apariencia, su discreción, y su voz apagada, la doctora Ballour es una mujer fuerte que sigue soñando. Espera regresar a su país algún día, pero mientras tanto está pensando en convertirse en radióloga. La pediatría es para ella un recuerdo demasiado doloroso: "Ya no podía mirar a los niños a los ojos, ya no podía escuchar sus preguntas. ¿Qué puedes responder a un niño que te pregunta por qué perdió su mano en un bombardeo? No hay respuesta", explica Ballour. "He visto morir a muchos niños".

En nueve años, el conflicto sirio ha matado al menos a 380.000 personas. Entre ellos, más de 115.000 civiles, incluidos 22.000 niños y 13.612 mujeres. Y no ha terminado. Al menos 15 civiles, incluido un niño, fueron asesinados en Idlib por ataques aéreos rusos el jueves 5 de marzo, cuando la doctora Amani lanzó su grito de advertencia en Francia.

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