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Serie Mujeres

El eslabón más débil en la cadena de la desigualdad

Luego de salir desplazadas por la violencia y el narcotráfico, miles de mujeres de la región costera del Pacífico en Colombia llegan a las diferentes ciudades del país en busca de una nueva vida.
Luego de salir desplazadas por la violencia y el narcotráfico, miles de mujeres de la región costera del Pacífico en Colombia llegan a las diferentes ciudades del país en busca de una nueva vida. © France 24

Miles de mujeres de la región del Pacífico en Colombia son desplazadas por la violencia y el narcotráfico. Sin embargo, muchas de las que logran sobrevivir tratan de salir adelante uniéndose para trabajar y demostrar que tienen un lugar en la sociedad a pesar de la discriminación de la que han sido víctimas.

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El municipio de Tumaco pertenece al departamento de Nariño, ubicado en el sur de la costa Pacífica de Colombia. En el país se le conoce como “La perla del pacífico” debido a su riqueza natural, sus paisajes paradisíacos y sus playas que bordean el verde de sus praderas.

Los grupos al margen de la ley son conscientes de que San Andrés de Tumaco es un municipio rico, y también de que tiene una ubicación estratégica para el cultivo y el tráfico de estupefacientes. Por eso, desde la década de los 80 han hecho presencia en este territorio obligando a los campesinos afrocolombianos de la región a cambiar el cacao por la hoja de coca, o a huir de sus tierras si se niegan a hacerlo. Algunos optan por resistir en el territorio. Otros terminan en las filas de los grupos armados, y unos más pasan a engrosar la cifra de desplazados de uno de los países con mayor porcentaje de migrantes internos del mundo.

En los tres casos hay que ser valiente. En los tres casos el destino será difícil, y en los tres casos se puede perder la vida, sobre todo las mujeres quienes, además de verse expuestas a la violencia física y sexual en el marco del conflicto armado, muchas veces ven morir a sus esposos, padres, hermanos o hijos, antes de huir con lo poco que tengan a la mano.

Cuando salen de Tumaco su condición es la de una mujer negra, campesina, pobre, desplazada, víctima del conflicto armado y muchas veces de violencia sexual. Con esta pesada carga, miles de ellas llegan a las diferentes ciudades de Colombia en busca de una nueva vida.

Escena en el río Mira en Imbili, municipio de Tumaco, en el departamento colombiano de Nariño, cerca de la frontera con Ecuador, el 15 de abril de 2018.
Escena en el río Mira en Imbili, municipio de Tumaco, en el departamento colombiano de Nariño, cerca de la frontera con Ecuador, el 15 de abril de 2018. © Raúl Arboleda / AFP
"A las mujeres afro solo nos tenían para trabajos de servicio, prostitución u otros trabajos indignantes"

Rosa Ermis Banguera es una de esas mujeres tumaqueñas que salen desplazadas de su tierra en busca de un mejor porvenir. Banguera dejó su natal Tumaco tratando de alejarse de la violencia y la falta de oportunidades, y llegó a vivir a Bogotá, la capital colombiana, en 1981. “Pero cuando llegué, me encontré con un choque muy fuerte por culpa del racismo. Allí me di cuenta que a las mujeres afro solo nos tenían para trabajos de servicio, para la prostitución o para otros trabajos que nos quitaban la dignidad”, recuerda Rosa mientras camina por una calle del municipio de Soacha, Cundinamarca, al sur de Bogotá, que recibe miles de desplazados cada año.

En Colombia, la historia de Rosa Banguera se repite por millones, pues es el tercer país del continente americano con mayor porcentaje de población afrodescendiente después de Estados Unidos y Brasil con un 26 % según organizaciones nacionales e internacionales. Sin embargo, hay algo que hace de Banguera una mujer excepcional y es que ella decidió pasar de la discriminación al empoderamiento, y de ocupar uno de los lugares más difíciles en su sociedad, a convertirse en un agente de cambio que transforma la vida de otras mujeres como ella; de otras perlas del Pacífico.

“En mi caso no quise quedarme en la victimización, sino que decidí unirme con otras mujeres para compartir conocimientos y generar ingresos. Con ellas creamos la fundación femenina Perlas del Pacífico con la cual hoy después de varios años, hemos logrado salir adelante".

Rosa invitó a un equipo periodístico de France 24 a conocer las instalaciones de su fundación, la cual, lejos de parecer un centro de beneficencia, tiene la imagen de una planta de producción. Prendas de vestir cotidianas y también de alta costura, accesorios tejidos a mano con técnicas ancestrales afrocolombianas, lencería para el hogar de todos los tipos, artesanías fabricadas con material reciclado, reutilizado o recuperado y hasta una panadería que fabrica mantecadas, galletas, panes y leche a base de soya.

Máquinas de coser que no paran de producir diferentes tipos de manufacturas y detrás de ellas mujeres felices. Es difícil imaginar todo lo que vivieron antes de llegar hasta aquí. Hoy parecen empresarias. Empresarias negras, indígenas y campesinas que, a pesar de no haber pasado por una universidad, hoy generan el sustento de sus familias.

Rosa Ermis Banguera dejó Tumaco, Colombia, y llegó a la capital Bogotá en 1981, donde lidera la fundación Perlas del Pacífico, donde mujeres afrodescendientes trabajan en manufactura y otros oficios para salir adelante.
Rosa Ermis Banguera dejó Tumaco, Colombia, y llegó a la capital Bogotá en 1981, donde lidera la fundación Perlas del Pacífico, donde mujeres afrodescendientes trabajan en manufactura y otros oficios para salir adelante. © France 24

Organizaciones internacionales proponen que la calidad de vida en una sociedad se mida según quienes más sufren la desigualdad, principalmente las mujeres

Y es que Perlas del Pacifico es exactamente eso, una familia. La gerente de proyectos de la organización es Magaly Banguera, la hija de Rosa. Y ella da cuenta del legado que quedará para las generaciones futuras. "Aquí impartimos diferentes tipos de talleres porque nuestras mujeres tienen todo tipo de capacidades. La mayoría son víctimas del conflicto armado y por eso no han tenido la oportunidad de ir a la universidad. Muchas veces nos dan a entender que la población desplazada solo viene con problemáticas. Pero mi mamá ha querido demostrar que estas mujeres sí vienen con problemáticas, pero también con capacidades. Porque el hecho de que tú tengas que salir de tu territorio no te quita tus capacidades. Entonces aquí tenemos taller de panadería, modistería, lencería, bordados peinados afro e incluso música y danza”.

Siendo muchas de ellas mujeres de mar y río, son conscientes de la necesidad de cuidar la biodiversidad. Por eso el cuidado del medio ambiente es un objetivo transversal en las actividades de la organización. Laura Fernández de Castro llegó a Perlas del Pacífico hace 7 años, y ahora es instructora de patronaje y confección. "Estos bolsos son hechos con CD's y un tejido tradicional afrocolombiano que nos ayuda también a perpetuar estas tradiciones. Estos otros, por ejemplo, son hechos con tapas de latas. En nuestros trabajos ningún retazo de tela es desperdiciado ni ningún material interno", dice Fernández.

Organizaciones internacionales como Sysma Mujeres proponen que, así como la fuerza de un puente se mide por su punto más débil, la calidad de vida en una sociedad debería medirse de acuerdo a quienes más sufren la desigualdad. Estudios de ONU Mujeres demuestran que las más discriminadas son aquellas que además de ser mujeres, son pobres, racializadas y víctimas del conflicto armado.

A pesar de sus logros, el entorno sigue siendo hostil para Rosa Banguera quien, debido a su liderazgo, ha sido víctima de nuevas amenazas como muchos otros líderes sociales en Colombia. Sin embargo, se niega a seguir huyendo pues se siente responsable de un colectivo que ha encontrado en la unión la manera más eficaz de hacer frente a una sociedad en la que millones de mujeres como ella, pobres, afro o indígenas y víctimas del conflicto armado, son el eslabón más débil en la cadena de la desigualdad.

En 2020, Rosa está nominada al Premio a la Mujer Cafam por el municipio de Cundinamarca. Se trata de un importante reconocimiento nacional que entrega una caja de compensación familiar del país. Gane o no, Rosa seguirá trabajando, pues para ella el mayor reconocimiento es la independencia, la solvencia y la paz de más mujeres que acoge en su fundación.

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