"Se implementó un alto el fuego en Idlib y yo sigo aquí desplazado": migrante sirio

Los migrantes son transportados por los lugareños en un carro de caballos en medio del humo de una hierba en llamas hacia el cruce fronterizo Pazarkule de Turquía con Kastanies en Grecia, cerca de Edirne, Turquía, el 6 de marzo de 2020.
Los migrantes son transportados por los lugareños en un carro de caballos en medio del humo de una hierba en llamas hacia el cruce fronterizo Pazarkule de Turquía con Kastanies en Grecia, cerca de Edirne, Turquía, el 6 de marzo de 2020. © Marko Djurica, Reuters
Texto por: Andrea Rincón
7 min

Desde la medianoche del 6 de marzo, entró en vigor una tregua en la provincia de Idlib pactada entre el presidente turco Recep Tayyip Erdogan y su hómologo ruso, Vladimir Putin. El objetivo es reducir la violencia en el noroeste de Siria, duramente asolado por la guerra. Desde la barrera del despojo, los desplazados sirios miran con escepticismo esta frágil alto el fuego. 

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"¿Cómo me benefició esta tregua?" se pregunta Mohammad Shihab Al Deed, desplazado sirio de una zona rural de la asolada Alepo, que sobrevive en un precario campamento improvisado en Azaz, una ciudad ubicada al noroeste de Siria. De fondo tiendas de campaña blancas, con rezagos de polvo, se alzan sobre un terreno árido. Se ve una niña barriendo un piso sucio y desgastado y otros alrededor pasando el tiempo.

Mohammad, de pie, con los brazos cruzados frente a una cámara se responde. "Con respecto al acuerdo, este acuerdo entre Putin y Erdogan no es bueno porque somos desplazados de nuestros hogares. El régimen criminal entró en el corazón de nuestros hogares y tomó nuestras áreas. ¿Cuál es el beneficio para nosotros después de que fuimos desplazados y perdimos nuestros hogares, todo? Salimos de nuestras casas y nos quedamos en tiendas de campaña".

Sus gruesas cejas hacen ver sus facciones más duras. Abu Ali, habita con Mohammad en el mismo gélido terreno. Tuvo que huir de Idlib, el epicentro de un conflicto que, aunque lleve nueve años deformando una próspera provincia de Siria, parece eterno. Él no es más optimista que Mohammad: "Si la gente no regresó a su hogar, ¿qué significa la tregua? Bien, se implementó un alto el fuego, pero yo estoy aquí desplazado. Y tal vez no pueda volver a casa por 10 años o 15 años. ¿Cómo me beneficio de esta tregua?".

Putin y Erdogan estrecharon sus manos en una coferencia de prensa en Moscú, mientras anunciaban en conjunto un alto el fuego en Idlib, un territorio que no les pertenece, y que se cae a pedazos, porque desde que ellos decidieron intervenir en la guerra siria, -Rusia apoyando a Bashar Al-Assad en 2015 y Turquía para apoyar a los rebeldes en 2016-, el conflicto se dividió en fracciones más pequeñas, difusas pero con un potente poder destructor. 

Pero el daño ya está hecho. Prometieron trazar un corredor humanitario de seis kilómetros de ancho al norte y seis kilómetros al sur, a lo largo de la carretera M4, que conecta a la ciudad de Alepo con la localidad costera siria de Lataquia, que ha permanecido bloqueada durante años a raíz de los enfrentamientos. Desde que comenzó la más reciente ofensiva del Gobierno sirio, respaldado desde el aire por sus aliados rusos, para retomar el control de Idlib y el noroeste del país, controlado por facciones rebeldes, según la ONU casi un millón de personas han huido de sus hogares en Siria. 

Una grave crisis humanitaria, que explota en las narices de Europa y ante los ojos del mundo 

Todos tienen intereses en la guerra siria, pero ninguno de esos favorece a los ciudadanos despojados ni a quienes todavía habitan la región. A los más de cuatro millones de desplazados sirios, según la ONU, que cada vez más alimentan una diáspora que pocos países están dispuestos a recibir. El de Bashar al-Assad es el de retomar el control de todo su territorio. El de Turquía es regular la migración, ya que alrededor de 3,7 millones de sirios están actualmente refugiados en ese país. Y el de Rusia, el de mantener la cercanía con el Gobierno sirio para cuidar las estratégicas bases que tiene en el país. 

Por eso no es extraño que los sirios no crean en una tregua que en el primer día de entrada en vigor se vio interrumpida por estallidos en algunas zonas del norte del país. "Con respecto a la tregua y si el régimen la respetará o no, a juzgar por nuestra experiencia en los últimos 10 años, sabemos que el régimen primero avanzará y tomará nuevas áreas. Luego se detendrá, organizará una tregua, reformará sus aviones o sus tropas y relanzará de nuevo sus operaciones para lograr nuevas ganancias", respondió Adnan Imam, desplazado de Anadan, Alepo. 

Un niño sirio yace bajo una manta en un triciclo improvisado mientras los civiles huyen de la ciudad de Atareb en el campo occidental controlado por los rebeldes de la provincia de Alepo de Siria durante el bombardeo de las fuerzas gubernamentales el 11 de febrero de 2020
Un niño sirio yace bajo una manta en un triciclo improvisado mientras los civiles huyen de la ciudad de Atareb en el campo occidental controlado por los rebeldes de la provincia de Alepo de Siria durante el bombardeo de las fuerzas gubernamentales el 11 de febrero de 2020 © Aaref Watad / AFP

Umm Abuld Maki, una mujer que cargaba a su hija en brazos en medio de una calle desierta y polvorienta de Azas, dijo que "apoyamos al presidente Erdogan si con el alto al fuego podemos regresar a nuestros hogares, de lo contrario estamos en contra de todo". 

Pero ellos no tienen voz ni voto en una guerra que los atrapó y los despojó de todo lo que conocían y por lo que trabajaron. Una guerra que no buscaron. Ahora golpean a las puertas de Europa, en las fronteras de Turquía, Grecia, Italia, mientras la ONU confirma lo que los ojos advierten, que esta puede ser la peor crisis humanitaria en una guerra que ha expulsado a millones de sus hogares y matado a cientos de miles.

Con Reuters

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