Saltar al contenido principal
Serie Mujeres

Mujeres que gritan, el potente eco de las movilizaciones feministas en Latinoamérica

En 2019, naciones latinoamericanas como Chile, Argentina, México, Brasil, Guatemala, El Salvador y Colombia se vistieron de verde y de mordado abanderando causas como el aborto legal y seguro, la eliminación de las violencias y el cierre de la brecha salarial.
En 2019, naciones latinoamericanas como Chile, Argentina, México, Brasil, Guatemala, El Salvador y Colombia se vistieron de verde y de mordado abanderando causas como el aborto legal y seguro, la eliminación de las violencias y el cierre de la brecha salarial. © France 24

Tres líderes y precursoras de movimientos en pro del aborto legal, la eliminación de las violencias de género, el cierre de la brecha salarial y la penalización del abuso, cuentan cómo es movilizarse por el feminismo en territorios marcados por el machismo.

Anuncios

Ellas gritan. Las tres lo hacen por la misma causa, aunque viven lejos y no se conocen. Javiera es socióloga, Laura es actriz y Gina es politóloga. La primera es chilena, la segunda es argentina y la tercera es colombiana. Todas se arrancaron la vergüenza. Escupieron la timidez. Se cansaron de callar. Vomitaron las denuncias. Masticaron las críticas. Saborearon las huelgas. Se movilizaron.

Lo hicieron en Santiago, en Buenos Aires, en Bogotá. En decenas de rincones latinoamericanos escucharon el eco de sus luchas. Aquellas batallas que, pese a ser amargas, no logran resecarles la garganta a la hora de condenar la violencia, de señalar a un violador, de visibilizar el sexismo.

Javiera Manzi, vocera de la Coordinadora Feminista 8M, en Santiago de Chile el 20 de febrero de 2020.
Javiera Manzi, vocera de la Coordinadora Feminista 8M, en Santiago de Chile el 20 de febrero de 2020. © France 24

Desde las ensordecedoras calles de la capital chilena alza su voz Javiera. Su apellido es Manzi y usa vestidos de franela. Debate. Cuestiona. Grita. Lo hace fuerte y sin temor como vocera de la tribuna en la que se convirtió la Coordinadora Feminista 8M, la agrupación de la que hace parte. Tiene 30 años y una mirada de guerrera. Aprieta los labios cuando la fotografían. Lo hace en una especie de ratificación de la fortaleza que la llevó a vencer el miedo.

De cabellera negra y aretes rojos, esta amante de la sociología, que nació en Santiago y vive con amigos en el pintoresco barrio Yungay, habla sin tapujos sobre la que, a su juicio, es la necesidad de repensar la vida como un acto político. En su puño izquierdo anuda su pañuelo verde como símbolo de resistencia. No usa lentes, pero ve la vida a través del amplificador espectro del feminismo.

Cuenta que, para ella, ser feminista y movilizarse como tal es ir un paso adelante en el urgente requerimiento de una transformación social que transversalice su causa con la de movimientos contra el racismo, la precarización laboral y el rescate de la memoria, esa en la que justamente las mujeres hicieron importantes aportes que ella siente que, a diario, son invisibilizados en todas las esferas.

Sabe que no es la única y eso es lo que más la motiva. Como ella, son miles las chilenas líderes y precursoras de grupos las que admiten que la mayoría de las mujeres han sufrido ataques de género y que, por eso, hace dos años en su país empezó a cobrar más vigor el feminismo como fuerza colectiva.

Recuerda con orgullo las marchas en las que participó en los últimos años y, con especial emoción, aquel día en el que, según sus propias palabras, pensaron en cien maneras distintas de hacer huelga. Con música. Con carteles. Con pintura. Con reflexiones legislativas. Con propuestas educativas. Con amor. Con voluntad. Con empuje. Con arte. Y no es para menos, pues se estima que al menos 800.000 mujeres marcharon en todo el territorio chileno en 2019 en la manifestación del 8 de marzo (#8M) en una muestra de emancipación del movimiento.

“En ese momento fue cuando se activó más la discusión para pensar colectivamente en un diagnóstico frente a las condiciones que hacen posible la violencia patriarcal que vivimos, pensar la necesidad del feminismo en los sindicatos, en la reflexión estudiantil, ambiental y de Derechos Humanos”, comenta frente al mural con la silueta de un tigre furioso ante el que habló con France 24 en la ciudad en la que nació, creció y aún vive.

Relata que la Coordinadora Feminista, que también lidera la convocatoria de la manifestación de este domingo (8 de marzo), surgió en el contexto de la preparación de la movilización convocada para la misma fecha en 2018 y que, lo que comenzó como una iniciativa local, ya cuenta con una red plurinacional.

En la víspera del Día de San Valentín, Javiera y las chicas de la Coordinadora reclamaron más derechos en lugar de flores y corazones por parte de los enamorados. Con un recorrido desde la Plaza de Armas hasta la Plaza de la Dignidad, rechazaron los patrones machistas, pidieron amor real, amor en vida, no lágrimas sobre sus tumbas. Cinco días después, el 19 de febrero, se reunieron en un gran “Pañuelazo” con el que encendieron los motores para el trayecto que esperan cumplir este #8M.

La onda de la voz de Javiera parece unirse en una suerte de eco surcontinental con la de Laura Azcurra, una conocida actriz argentina de 39 años a la que la apasiona el flamenco, la irrita la desigualdad y la impulsa el feminismo.

Siempre está haciendo algo, es una curiosa nata. Actúa. Graba. Lleva a su hijo, Marco, a la escuela. Se ocupa de las tareas del hogar. Va a talleres de mosaiquismo, canto, metafísica y consiente a las plantas que tiene en su terraza. Se describe como una obrera del arte y, aunque lo suyo es estar en escena, ya que nació y creció en medio de las tablas, las luces y los guiones propios del cautivador mundo del teatro, ella no solo actúa, sino que también sabe lo que es, literalmente, tomar acción.

Nació en una familia feminista y afirma que las mujeres ya despertaron y que ya no hay marcha atrás, que en la vigilia en la que participó en junio de 2018 mientras esperaba, junto a decenas de argentinas más, conocer el resultado de la votación de los diputados sobre la legalización del aborto es la movilización que más la ha marcado.

“Estamos probando cuál es nuestra forma, que -claramente- no es desde la violencia y la opresión. A veces es difícil pensar en otra forma cuando eso fue lo que aprendimos y vivimos por tanto tiempo. Como diría la gran Rita Segato “que la mujer del futuro no sea el hombre que estamos dejando atrás”, dice sobre las movilizaciones en las que participa, las cuales piensa como una manera de cambiar los paradigmas convencionales.

La inspiran Simone de Beauvoir, Rosa Luxemburgo, Angela Davis, Rita Segato y la también argentina Luciana Peker. Tiene dos gatas y una pareja de tortugas. Habla en inclusivo y desconfía de las preguntas personales. Pero, una vez conoce sus fines, se abre a responder sin restricciones. Ama la maternidad. La asume como una permanente prueba de humildad, no como una renuncia a sus sueños de mujer. Le gustan los lentes con vidrios en forma de corazón. Prefiere la pañoleta verde amarrada al cuello. Se va lanza en ristre contra los acosadores. Vive a su manera y lucha porque muchas puedan hacer lo mismo, sin riesgos, en libertad.

La actriz y lídere feminista argentina Laura Azcurra.
La actriz y lídere feminista argentina Laura Azcurra. © Cortesía

Corridos los primeros meses de 2018, se juntó con más de 200 colegas más para apostarle a la creación del colectivo Actrices Argentinas, uno de los pioneros en el respaldo de la exigencia del aborto como derecho.

A sus ojos, lo común debe ser prioridad. Lo colectivo, lo más potente. Y, los derechos, lo más sangrado. Desnaturalizar lo repudiable. Gritar cuando es necesario. No ocultar los abusos. Son apenas algunas de las premisas que volvió bandera.

En internet, su nombre figura relacionado en los reportes del caso de abuso denunciado por la también actriz Thelma Fardin contra Juan Darthés. Y es porque ella no admite silencios cómplices. Ella y Javiera crecieron separadas por la Cordillera de los Andes, pero unidas por la misma razón. La primera, incluso, viajó al país de la segunda para reflexionar junto a la Red de Actrices Chilenas.

Unas se inspiraron en las otras. Pero todas se apoyan entre ellas. Se movilizan cada vez que pueden y reconocen que algunas veces las llaman feminazis, lo cual ya no les importa. Entre las críticas y la sumisión, prefirieron la primera opción.

La activista feminista Gina Borré en una movilización artística en Bogotá, Colombia.
La activista feminista Gina Borré en una movilización artística en Bogotá, Colombia. © Cortesía

Mucho más al norte, en el centro de Colombia, una politóloga de 31 años llamada Gina Borré explora las movilizaciones feministas desde el ángulo de los Derechos Humanos. Lleva el mismo pañuelo que Javiera y Laura, Sale a la calle con banderas verdes y asegura que “sin perreo no hay revolución”. Para ella no bastan las marchas. Por eso, desde Dos Latinas, la plataforma que fundó junto a una mexicana, le apuesta a la ética e incluso a la moda para militar por el que cree puede ser un mundo diferente.

A Gigi, como le dicen, no la angustia reconocer que ser feminista está tan estigmatizado que, por desconocimiento, muchas veces la atacan. Se emociona cuando le preguntan cuál fue la movilización que la marcó. Cuenta que fue en Barcelona, el 8 de marzo de 2017. Sí, también en el marco de la conmemoración anual del “Día de la Mujer”, ese en el que, desde 1911, miles de mujeres reciben rosas, uno de esos clichés que, como activista, también cuestiona.

“Pareciera que nuestras demandas solo fueran importantes el 8 de marzo y el 25 de noviembre. Las movilizaciones siempre han existido, lo que soñamos es que se paralice el país y que entiendan que, sin nosotras, el sistema colapsa. No seremos nunca ciudadanas plenas sino podemos decidir y gobernar sobre nuestrxs cuerpos. Las maternidades deberán ser deseadas o no. Nuestrxs cuerpos son nuestro primer lugar de conquista, autonomía y resistencia”, cuenta desde la capital colombiana luego de asistir a una cita médica y tomar su acostumbrado café matutino, el cual, por cierto, también respalda una iniciativa creada por mujeres.

Uno de sus lemas es “Parar para avanzar”. Aunque la juzguen. Aunque le cueste. Dice que la paz es feminista. Que todas son las mujeres son poderosas y que, para hacerse escuchar, sacará su cacerola las veces que sean necesarias, así como lo hizo el 25 de noviembre de 2019 en el marco de las movilizaciones contra varias de las medidas del Gobierno del mandatario colombiano, Iván Duque, a las que se sumaron decenas de “viejas verdes” como ella.

Y es que las pañoletas que llevan Javiera, Laura y Gina son apenas tres verdosas gotas del río en el que se convirtió el feminismo entre los latinos. Sí, porque si algo tienen claro es que para ser feminista no es necesario ser mujer.

El caudal de esta causa, que ahora también une a cientos de hombres y transexuales, fluye con o sin respaldo. Con o sin represión. Con o sin aplausos. Y defiende el argumento de que no hace falta tener útero para respaldar las causas de mujeres.

Sobre ello, analistas como Beatriz Silva, académica de la Escuela de Sociología y experta en movimientos sociales en perspectiva histórica de la Universidad Católica de Maule, en Chile, asegura que el movimiento feminista, a través de Las Tesis y el performance ‘Un violador en tu camino’, logró fortalecerse y hacer una conjugación de las causas de las mujeres mediante una narrativa original.

“Estamos ante un cambio generacional acompañado por la narrativa de una demanda mundial que permite la articulación de movilizaciones contra el abuso de poder y la cultura patriarcal”, dice Silva. Milena Vélez, una socióloga colombiana para la que el feminismo debe dejar de ser una suerte de “mala palabra” y movilizarse salir de la lista de acciones juzgadas, coincide con ella.

“Teniendo en cuenta que, si bien las protestas de mujeres se remontan a las luchas por el derecho al sufragio, que comenzaron en 1848, y que concluyeron cien años después con la aprobación global de la petición a través del artículo 21 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, los últimos cinco años marcaron una especie de “despertar del milenio” en el cual la nueva generación aprovecha las redes sociales como plataformas de convocatoria”, señala Vélez.

Muestras de lo que comentan Silva y Vélez son las movilizaciones de causas feministas a través de hashtags como #NiUnaMás, #MiraCómoMePongo, #AbortoLegal y #VivasNosQueremos.

Durante el último lustro, varias causas feministas han movilizado al continente americano.
Durante el último lustro, varias causas feministas han movilizado al continente americano. © France 24

Confiadas en la sororidad de sus palabras y en el valor de sus protestas, Javiera, Laura y Gina prometen seguir en pie de lucha, continuar con las movilizaciones. Desde distintos campos de territorio y pensamiento, las tres se niegan a sepultar el cuerpo de una más de sus hermanas, amigas o vecinas. Tienen una tesis clara. Prefieren gritar a morir sin que el poder las escuche, sin que les garanticen poder ganar igual que los hombres, abortar sin arriesgarse a morir y andar sin el temor a encontrarse un violador en el camino, porque, para ellas, el Estado sigue siendo un cruel macho opresor.

Boletines de noticiasSuscríbase para recibir los boletines de France 24

Página no encontrada

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.