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¿Qué países mueven el ajedrez político de la crisis migratoria en Turquía?

Soldados griegos patrullan en Kastanies, cerca de la frontera con Turquía el 8 de marzo.
Soldados griegos patrullan en Kastanies, cerca de la frontera con Turquía el 8 de marzo. © Florion Goga / Reuters

Mientras el gobierno turco usa a los migrantes para presionar política y militarmente; Grecia hace todo lo posible para rechazarlos y la Unión Europea habla de apoyar a las víctimas en Siria, pero también de aumentar las barreras para que no lleguen a su territorio.

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Turquía es la llave de entrada a Europa para miles de migrantes sirios y africanos, y la Unión Europea lo sabe. De hecho, desde 2016 hizo un acuerdo con el gobierno turco para que ellos atendieran a los refugiados en su suelo, evitaran que los africanos cruzaran el mar Egeo y llegaran a Grecia. 

La situación había sido relativamente estable para los europeos, pues el pacto redujo en un 90% la cantidad de personas que cruzaban la frontera e influyó para que Turquía se convirtiera en el país del mundo con más refugiados sirios, con 3,6 millones; en comparación del país que le sigue, que es Líbano con 915.000. 

Pero la guerra en Siria y el repunte de los ataques en la región del norte Idlib desde diciembre de 2019 marcaron un giro. Ahora, Turquía usa la presión de los migrantes abriendo sus fronteras con Grecia para que Europa lo respalde en las confrontaciones que sostiene contra el gobierno sirio de Bashar al-Asad y su aliado, Rusia.

En este ajedrez político, los migrantes quedan en el centro, pues luego de que cientos intentaran pasar a Grecia, Turquía le ordenó a su guardia costera que no los dejara regresar. Aunque luego cerró sus fronteras marítimas. Así es cómo mueven sus fichas los tres actores de peso en la frontera greco-turca. 

La ruta usual de los migrantes que llegan de Siria es pasar de Turquía a Grecia, para luego subir por los Balcanes hasta los países de Europa Occidental.
La ruta usual de los migrantes que llegan de Siria es pasar de Turquía a Grecia, para luego subir por los Balcanes hasta los países de Europa Occidental. © France 24

Turquía usa a los refugiados para presionar política y militarmente

La ubicación geográfica de este país ha sido clave para que Europa lo haga uno de sus socios más importantes a la hora de manejar las oleadas de migrantes que vienen desde África y Medio Oriente. Así se evidenció en 2015, cuando más de un millón de personas pidió asilo político en países europeos.

La reacción inicial de la Unión Europea (UE), especialmente de Alemania y Suecia, fue recibir a los migrantes. Pero luego, la misma Angela Merkel firmó un acuerdo con las autoridades turcas para que todo aquel que llegara a Grecia sin documentos fuera devuelto a Turquía. A cambio, el gobierno de este país recibiría seis millones de euros para atender a los migrantes.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, mantuvo el acuerdo hasta que 33 de sus soldados murieron tras un ataque aéreo de las tropas sirias, el 27 de febrero de 2020 en Idlib. La región es clave en la guerra en ese país porque es el último bastión que tienen los rebeldes, a los que Turquía apoya, y las fuerzas de al-Asad y Rusia intentan retomarla desde diciembre de 2019. 

Aunque inicialmente el ataque no parece conectado con el pacto de migrantes que tienen Turquía y la UE, en la coyuntura de las confrontaciones Erdogan reforzó sus quejas de que los seis millones de euros del acuerdo han tardado en llegar. 

La referencia no es casual. Turquía está usando la actual crisis migratoria para buscar un respaldo militar en Siria. Erdogan le ha pedido infructuosamente a la Unión Europea y a la OTAN que lo apoyen y como no ha recibido respuesta, los acusa de ayudar al terrorismo y a las milicias kurdas, otro de los actores de ese conflicto

Es por eso que dos días después del ataque en Idlib, el gobierno turco aumentó la presión contra Europa abriendo sus fronteras con Grecia para que los migrantes cruzaran, en contra del pacto del 2016. Los cálculos sobre los desplazados en el límite binacional van desde 13.000 hasta 50.000, según la Organización Internacional para las Migraciones y el Ministerio del Interior de Turquía, respectivamente. 

Grecia sigue con sus funciones de "escudo" mientras Erdogan cierra la frontera marítima

Grecia rechaza a los migrantes a toda costa

Grecia es un puente para los migrantes por su cercanía con Turquía y por ser parte de la Unión Europea, lo que lo hace estar justo en el medio de las presiones políticas. Cuando se firmó el pacto de migración en 2016, varios países de la Unión Europea enviaron de vuelta al territorio heleno a los refugiados para que ellos los devolvieran a Turquía. 

El problema es que las regulaciones del retorno no son del todo claras y muchos desplazados se han quedado estancados en Grecia. Además, la Regulación de Dublín que creó la UE señala que el primer país donde los refugiados registren sus huellas es el que los debe atender. “Esto ha llevado a que miles de personas vivan en condiciones deplorables en centros de recepción congestionados”, según el Consejo Noruego para los Refugiados (NRC, por sus siglas en inglés).

La situación se tensionó mucho más ahora que Turquía abrió sus puertas, al punto que las autoridades griegas han reaccionado de manera violenta en contra de quienes intentan atravesar la frontera. En una semana, un soldado le disparó a varias personas que intentaban cruzar a pie, la guardia costera rompió los motores e hizo agujeros en varias barcas que llegaron por el mar Egeo, y el gobierno heleno permitió las patrullas de ciudadanos que golpearon a los migrantes. 

Esto es solo una muestra de la xenofobia que aumenta en medio de la crisis migratoria. En la isla de Lesbos, por ejemplo, han incendiado centros de acogida, han apedreado a los vehículos de policía que transportan solicitantes de asilo e incluso han agredido a periodistas y miembros de ONGs

El gobierno no solo calla frente a estas reacciones, sino que varias de sus posturas oficiales coinciden con ese rechazo. El primer ministro heleno, Kyriakos Mitsotakis, anunció que suspendía el derecho a pedir asilo durante un mes y el ministro de Migración, Notis Mittarachi, sostuvo que su nación “no es un país libre para todos” a pesar de que luego anunció la creación de dos albergues. 

El doble juego de la Unión Europea

El discurso de la organización europea se enfoca en el respaldo de los gobiernos que la conforman, mientras que sube las barreras para evitar que lleguen más inmigrantes a su territorio. 

Por un lado, la jefa de la Comisión de la UE, Ursula von der Leyen, expresó su “preocupación” por el flujo de migrantes hacia Grecia y Bulgaria, por lo que se mostró dispuesta a enviar más personal de la Agencia Europea de Fronteras y Costas (Frontex). Incluso, la UE citó a un consejo extraordinario de ministros de Exteriores para “discutir la evolución de la situación”. 

Por otro lado, la respuesta a las peticiones militares de Turquía es más ambigua. La Unión Europea no habla de un respaldo militar sino que habla de las víctimas en Siria. De hecho, convocó a una cuarta versión de la Conferencia de Bruselas en junio, para respaldar los esfuerzos políticos de la ONU en ese país y recaudar más dinero con fines humanitarios. 

Y a la par que habla de ayudar a las víctimas, la UE mantiene las alianzas para que otros países atiendan a los refugiados. Parecido a lo que pactó con Turquía, los europeos tienen un acuerdo con las fuerzas de seguridad en Nigeria para que puedan “controlar mejor los flujos migratorios y combatir la migración irregular”, entre otros objetivos. Italia hace algo similar al pagarle a los guardias costeros de Libia para que desde allí impidan la salida de desplazados.

Las barreras contra los migrantes no solo son externas. Al interior de la Unión Europea, su política de libre circulación se ha visto truncada y todo para evitar que lleguen los desplazados de Medio Oriente y África. A raíz de la crisis migratoria de 2015, Suecia hace chequeos en los límites con Dinamarca. Y ahora Austria podría implementar algo similar según el canciller Sebastian Kurz, quien critica el “juego” político de Turquía con los migrantes al mismo tiempo que resalta la importancia de los límites fronterizos para que “2015 no vuelva a suceder”.

 

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