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Pescando en la relación post-Brexit entre la Unión Europea y Reino Unido

El primer ministro británico, Boris Johnson, observa el horizonte desde el barco pesquero Opportunis IV durante una visita a Peterhead, en Escocia el 6 de septiembre de 2019.
El primer ministro británico, Boris Johnson, observa el horizonte desde el barco pesquero Opportunis IV durante una visita a Peterhead, en Escocia el 6 de septiembre de 2019. © Duncan Mcglynn / AFP

Las negociaciones para establecer una relación comercial entre Londres y la Unión Europea después del divorcio iniciaron tímidamente en Bruselas. El Gobierno británico espera que estas finalicen en diciembre de 2020, lo que los expertos han vaticinado de "imposible". En la ambiciosa agenda fijada están los derechos de pesca, fundamentales para las dos partes y en los que ninguna quiere ceder.

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Al ser el Reino Unido una isla, tiene una historia de fuerte conexión con el mar que permitió su crecimiento y expansión comercial con todos los rincones del mundo. Hoy esa industria no es ni una sombra de lo que fue en el pasado, responsable de solo un 0,05 por ciento del PBI. Además, el país ha perdido la mitad de sus barcos desde 1995.

Muchos responsabilizan ese colapso y la pobreza de las comunidades costeras a la Política Pesquera Común de la Unión Europea, que abrió las aguas territoriales británicas a barcos de otros países de esa comunidad. Actualmente, el 60 por ciento de lo que se pesca en aguas británicas es extraído por buques extranjeros. 

Zonas económicas exclusivas del Reino Unido y de los Estados costeros vecinos
Zonas económicas exclusivas del Reino Unido y de los Estados costeros vecinos © Institute for Government

Creada en 1970, la Política Pesquera Común para los estados miembros de la UE, establece cuotas de la cantidad de peces que pueden ser extraídos y además determina tamaños de peces y de malla, así como métodos de pesca.

El director de la Federación Nacional de Organizaciones de Pescadores, Barrie Deas, explica el impacto: "La cuota de bacalao del Reino Unido en el Canal de la Mancha es del 9 por ciento. La cuota francesa es del 84 por ciento. Esa distorsión, de la cual esta es la más extrema, ha tenido un grave impacto negativo en las comunidades costeras del Reino Unido".  

Ejemplos como estos, en esa pequeña parte de la economía, se han convertido en uno de los símbolos más potentes de la campaña pro-Brexit con su mensaje de 'take back control' (retomar el control). Deas explica que "la Política Pesquera Común es ampliamente vista como una relación de explotación asimétrica que mantiene al Reino Unido en una posición estructuralmente desventajosa. Esta ha sido una narración muy potente antes, durante y después del referendo de 2016".

Pero no todos en el Reino Unido comparten este análisis del impacto de la Política Pesquera Común. El investigador del Institute for Government y experto en pesca, Alex Stojanovic, sostiene que "la participación del Reino Unido en la captura de pesca general de la UE aumentó entre 2004 y 2014. En 2004, el RU tenía la cuarta captura más grande de cualquier país de la UE con 652.000 toneladas. En 2014 había crecido a 752.000 toneladas y era la segunda captura más grande de cualquier país en el UE. Por lo tanto, esto no impide el crecimiento de la industria".

Escocia, territorio pesquero

Puede ser difícil para Gran Bretaña mantener un frente unido durante las negociaciones dado que la industria de la pesca está dividida. En Escocia, que votó en contra del Brexit en el referendo de 2016, este sector sobrevive por sus exportaciones a la UE. El 53 por ciento del total nacional de esta industria está concentrada en este país y representa el 3,6 por ciento de todas las exportaciones escocesas a la UE.

Ronnie Graham, de la Asociación de Pescadores de Clyde, resalta esas divisiones: "La flota del Reino Unido quiere tener derechos exclusivos de pesca en nuestras aguas y mantener a la UE completamente fuera. Pero todavía vendemos una enorme proporción de nuestras capturas a la UE.  Esto parece ser un arreglo insostenible. Simplemente no puedo ver a los franceses ni a ningún otro Estado miembro que nos permita desembarcar nuestras capturas en sus puertos, pero que les impida pescar en nuestras aguas. Como empresa escocesa, nos sentimos muy molestos por los problemas y las cuestiones planteadas por Brexit", explicó a este medio.

En la búsqueda de un pez gordo

Las negociaciones entre el Reino Unido y la Unión Europea para establecer un nuevo acuerdo comercial post-Brexit comenzaron sin avances. Era predecible. Los expertos predijeron que la complejidad vendría en esta etapa.

Algunas asociaciones de pescadores temen que si no hay acuerdo con esta comunidad van a perder ese mercado, de más de 500 millones de consumidores, para sus productos.

 

Tanto Londres como Bruselas han identificado los derechos pesqueros como parte fundamental de la negociación. Recientemente la ministra francesa para Europa, Amélie de Montchalin, advirtió que políticos en el continente no pueden restringir los derechos de los pescadores europeos "que han invertido durante toda su vida para comprar un barco y luego crear una industria completa…por una razón que no eligieron".

 

La sombra del 'no acuerdo' sigue persiguiendo las negociaciones. El primer ministro británico Boris Johnson, advirtió que, si para junio no ha habido avances significativos, se levantará de la mesa. Esta amenaza puede presentar dificultades. En caso de una salida sin acuerdo, la industria en el Reino Unido podría sufrir por la falta de acceso al mercado común.

Alex Stojanovic prevé una situación donde "los camiones que lleguen a Francia con peces capturados por decenas de pequeñas embarcaciones deberán proporcionar decenas de documentos de origen y de salud, uno para cada embarcación y cada captura. Los comerciantes tendrán que encontrar inspectores locales del Reino Unido en horas de trabajo para verificar el origen de los mariscos y veterinarios para certificar su calidad. Se ha hecho poca planificación en el Reino Unido para hacer que todo eso sea posible".

El 'fish and chips' (pescado y papas) es conocido internacionalmente como el plato típico del Reino Unido. Seguramente en las negociaciones venideras, esa tradición se querrá mantener.

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