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Demasiada transparencia sobre el virus en Corea del Sur puede afectar la vida privada

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Seúl (AFP)

La gran transparencia existente en Corea del sur sobre los pacientes infectados por el nuevo coronavirus permite una lucha eficaz contra el epidemia, pero plantea delicadas cuestiones sobre la estigmatización y el respeto a la vida privada.

Corea del Sur ha confirmado 7.513 casos y es el segundo país con más contagiados detrás de China, cuna del virus, aunque el número de nuevos casos ha declinado en los últimos días.

Ello ha sido posible según las autoridades gracias a los masivos tests, unos 210.000, llevados a cabo en el país a quienes pudieron estar expuestos.

En todo Corea del Sur las autoridades locales ha emitido alertas a quienes viven o trabajan en lugares donde ya se han producido nuevos casos.

Algunos mensajes alertan sobre los lugares que fueron visitados por las personas antes de que éstas fueran diagnosticadas enfermas.

Más información está disponible en los sitios electrónicos de los municipios, con riesgo de intrusión en la vida de los particulares, y datos sobre sus domicilios o el de sus trabajos, lo que permite en algunos casos identificarlos individualmente.

- Intrusión en la vida privada -

Las consecuencias de todo ello suelen ser incómodas en algunos casos, o brutales en otros, por lo que la Comisión nacional de derechos humanos las califica de "violaciones de derechos humanos".

Dos pacientes afectados por el coronavirus han sido acusados de mantener relaciones extramaritales después de que los registros de sus respectivos viajes coincidieran.

Una empleada de Samsung Electronics, controlada positiva, dijo haber recibido comentarios llenos de odio después de que la municipalidad revelara que su novio es miembro de Shincheonji, la controvertida secta religiosa vinculada con más de la mitad de los casos en el país.

"Esto es muy duro psicológicamente, más que el dolor físico" escribió la empleada en su cuenta Facebook.

Michael Hurt, un sociólogo de la Universidad nacional de Corea de las Artes, asegura que aunque las alertas dan la impresión a la población de que las autoridades hacen su trabajo con la epidemia, al mismo tiempo pueden de forma involuntaria facilitar "la estigmatización de zonas" al considerarlas "infectadas o peligrosas".

Ello afecta a las compañías que han sido identificadas por haber recibido visitas de personas infectadas.

"Lo estoy pasando muy mal, ya no tenemos clientes después de que una alerta incluyera nuestra dirección" dice a la AFP el dueño de un restaurante de Seúl.

"Comprendo que estas alertas son necesarias, pero al mismo tiempo mi negocio ha quedado virtualmente destruido", afirma.

- 'Delicado equilibrio' -

Corea del sur tiene un sistema médico avanzado, libertad de prensa y una tradición de transparencia del sector público.

Incluso una funcionaria del ministerio de Salud ha sido objeto de críticas en línea tras haber contraído la enfermedad.

El municipio de Sejong -- donde está basado el ministerio-- reveló que la empleada fue a unas clases de gimnasia que daba un instructor infectado por el virus, dando de paso diversos detalles sobre sus actividades diarias.

Muchos comentarios en línea la han calificado de "irresponsable" por acudir al gimnasio durante la epidemia, pero otros se han centrado más bien en sus pausas para almorzar, consideradas demasiado largas para una funcionaria.

Hay un "delicado equilibrio" entre riesgo, información y privacidad, asegura Jason Farley, profesor en la Escuela de enfermería de la Universidad John Hopkins.

Las informaciones sobre los lugares y las fechas donde se hallaban las personas contaminadas, suelen ser suficientes, asegura el profesor a la AFP. Pero proporcionar más detalles puede conducir "a estigmatizaciones, discriminaciones y, en algunos casos, amenazas contra personas que están afectadas por el COVID-19.

"Este tipo de actitud es inaceptable y debe ser evitado", agrega.

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