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Medicina y chamanismo conviven en el recóndito país de los nagas en Birmania

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Satpalaw Shaung (Myanmar) (AFP)

En el pequeño pueblo de Satpalaw Shaung, en pleno territorio de las tribus naga, Htan Pi, una trabajadora sanitaria, y su madre, la chamán local, combinan ciencia y tradición para atender a los enfermos de esta recóndita región de Birmania.

La familia lleva décadas curando a la gente de esta comunidad, cercana a la frontera con India, en territorio naga, un pueblo regido todavía por creencias animistas.

Htan Pi, de 24 años y capaz de administrar cuidados básicos, está ahora ayudando a introducir la medicina moderna en la comunidad junto a un grupo de voluntarios de una oenegé que recorren en moto esta zona de difícil acceso.

Sentada en el porche de la casa de bambú de su familia, que también sirve a veces de clínica, Htan Pi asegura que no compite con su madre, Jang Ngon, la chamán del pueblo.

"La gente primero acuden a mí y solo van a ver a mi madre si no mejoran", explica a la AFP.

Junto a ella, su madre recuerda el caso de hombre que sufría hinchazón en todo el cuerpo y al que los tratamientos en el hospital, situado a un día a pie de su casa, no le hacían ningún efecto.

"Tuvimos que hacer volver su alma desde la jungla, por eso sacrificamos un pollo y el paciente se puso mejor", explica la mujer, que cree tener unos 50 años, aunque no está segura.

La retirada de los colonizadores de esta región dejó a los naga divididos entre dos países, India y Birmania.

Los que viven en el lado birmano siguen relativamente aislados del resto del país, en una zona todavía muy poco desarrollada.

Desde Lahe, uno de los tres asentamientos naga de la región, hay que andar varios días a través de caminos escarpados y llenos de barro antes de llegar a la primera población.

También es casi imposible captar una señal de teléfono. Muy pocos pueblos tienen electricidad y solo uno tiene una clínica del gobierno.

- "Necesidades inmensas" -

"Las necesidad son inmensas (...) el gobierno no lo puede hacer solo", dice Kail, un diputado regional, que solo usa un nombre.

Por eso un grupo de sanitarios de la oenegé Medical Action Myanmar (MAM) recorren estas zonas remotas en moto, a pie o incluso en barca.

Cuando llegan a los pueblos, donde ponen en pie cada mes una clínica móvil, les esperan largas colas de gente y suelen trabajar hasta que cae la noche.

Además de las enfermedades corrientes, son frecuentes la tuberculosis y las lesiones porque mucha gente vive de la caza.

"Su estilo de vida es propenso a las lesiones", explica el doctor Zaw Min Lay, el responsable regional de la oenegé, mientras se limpia el barro de las gafas tras un viaje que le llevó por puentes destartalados, curvas peligrosas e incluso le obligó a cruzar un río con un bote de remos.

La oenegé se apoya en una red de voluntarios. En cada uno de los 275 pueblos de la zona, una persona ha recibido formación para administrar medicamentos, detectar la turberculosis y la malaria, muy frecuente.

Los pacientes dan un gota de sangre y reciben el resultado en solo 15 minutos, una manera de evitar muchas muertes por esta enfermedad.

La oenegé MAM también ofrece transporte hacia el hospital más cercano para los que necesitan cuidados de urgencia, evitando así los largos viajes a pie.

"No tenemos moto ni dinero para pagar una mototaxi", dice Mon, un granjero de 30 años del pueblo de Toe Lawt, aliviado tras dar negativo en un test de malaria.

A pesar de que los casos de malaria se redujeron enormemente en Birmania, en el país de los nagas todavía es frecuente a causa del "idioma, el transporte y la ausencia de telecomunicaciones", explica Zaw Min Lay.

Los voluntarios también han descubierto muchos casos de raquitismo, una enfermedad de los huesos provocada por falta de vitamina D que produce el sol, algo que sin embargo abunda en Birmania.

El hijo de seis años de Mon es uno de los 300 casos de raquitismo en la zona, un misterio que la oenegé está estudiando y podría resultar de una combinación de mala dieta, predisposición genética y falta de luz en esta zona de jungla.

En el pueblo de Satpalaw Shaung, la chamán, Jang Ngon, reconoce que la medicina moderna es mas fácil que practicar el chamanismo y sus sacrificios de pollos, cerdos e incluso bueyes.

"A la gente con estudios les digo que mejor se vayan a la clínica", explica.

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