Trauma y resiliencia: cómo vive Italia el encierro masivo por el coronavirus

La gente canta desde la ventana de su casa durante un 'flashmob' lanzado en Italia para unir a las personas y tratar de hacer frente a la emergencia del coronavirus, en el distrito de Pigneto, en Roma, Italia, el 14 de marzo de 2020.
La gente canta desde la ventana de su casa durante un 'flashmob' lanzado en Italia para unir a las personas y tratar de hacer frente a la emergencia del coronavirus, en el distrito de Pigneto, en Roma, Italia, el 14 de marzo de 2020. © Angelo Carconi / EFE / EPA
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En Italia ya han muerto más de 1.400 personas y cerca de 18.000 están enfermas por el Covid-19, mientras que cerca de 2.000 ya están curadas. En medio de la situación de emergencia, los italianos tienen que ingeniárselas para sobrevivir en medio del encierro.

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Antes que se ponga el sol, llega una increíble sesión de efectos especiales proporcionados por la misma realidad: de a miles se asoman a las ventanas de sus edificios y cantan al unísono, para no sentirse solos ante el toque de queda forzoso impuesto esta semana por el Gobierno italiano para frenar el coronavirus. 

Ya ha pasado en Siena, Nápoles, Turín y Roma. Escarmentados por la pandemia que los ha doblegado, es la necesidad febril de sentirse vivos que lleva a los habitantes de Italia a intentar escapar de una cotidianidad tan tétrica como irreal, casi como si fuera una película de terror. 

La mayoría de las conversaciones son a través de pantallas. Y no se habla de otra cosa. En la calle, reina la desconfianza. Cualquier amago de tos o estornudo atrae miradas. Muchos van con mascarillas cubrebocas, y se mantiene el metro de distancia mínima exigido por ley por las autoridades.

En la antaño caótica Roma, el silencio ensordece. Permite oír incluso los ladridos de los perros. Ya no hay turistas, los mismos que siguieron viniendo incluso en los momentos más álgidos del terrorismo en Europa. El tráfico ha desaparecido. Los funerales, suspendidos; los partidos de fútbol, aplazados. 

Una mujer con una máscara camina mientras el gobierno italiano continúa las medidas restrictivas de movimiento para combatir el brote de coronavirus, en Turín, Italia, 14 de marzo de 2020.
Una mujer con una máscara camina mientras el gobierno italiano continúa las medidas restrictivas de movimiento para combatir el brote de coronavirus, en Turín, Italia, 14 de marzo de 2020. © Massimo Pinca / Reuters

Toda tienda no indispensable para la supervivencia ha sido cerrada y así permanecerá hasta el 3 de abril, la fecha última de la cuarentena masiva, según ha dicho el Gobierno. Sólo farmacias y supermercados siguen trabajando a más no poder, ahora custodiadas por agentes de seguridad que regulan las entradas de los clientes.

Las colas son largas. Ante la incertidumbre, la gente sigue haciendo provisiones. Los productos desaparecen más rápido de lo que los empleados logren reponerlos. Algunos, como el gel desinfectante y el alcohol, siguen agotados ya desde hace días. 

Los enfermeros y los médicos, entre ellos los agotados que trabajan en primera línea en el norte del país, continúan pidiendo a la ciudadanía de quedarse en casa. Tanto que, en las redes, ha nacido el hashtag #StateACasa (#QuedateEnCasa). 

“Toda saldrá bien”, se lee en pegatinas que la gente deja en los coches o pegados en los muros. “Si todos respetan estas reglas, el país saldrá antes de la emergencia”, ha repetido el primer ministro italiano, Giuseppe Conte. 

Un hombre observa desde el balcón de un apartamento con una pancarta que dice "Andrá Tutto Bene" - "todo estará bien", una frase que se ha convertido en un símbolo de esperanza en la crisis del coronavirus en Italia, mientras el gobierno italiano continúa las medidas restrictivas de movimiento para combatir el brote de coronavirus, en Milán, Italia, el 14 de marzo de 2020.
Un hombre observa desde el balcón de un apartamento con una pancarta que dice "Andrá Tutto Bene" - "todo estará bien", una frase que se ha convertido en un símbolo de esperanza en la crisis del coronavirus en Italia, mientras el gobierno italiano continúa las medidas restrictivas de movimiento para combatir el brote de coronavirus, en Milán, Italia, el 14 de marzo de 2020. © Daniele Mascolo / Reuters

En las vías y plazas, hay puestos de control de la policía. Controlan a los que están en la calle y les piden que firmen un documento en el que aseguran que están yendo a trabajar o tienen cuestiones médicas o de necesidad (por ejemplo, comprar comida) urgentes, los únicos motivos por los que se permite estar fuera de casa. 

El castigo son penas económicas y hasta la cárcel. Y algunos ya han sido sancionados. En Milán, diez personas fueron denunciadas por festejar la obtención de una licenciatura en un parque. En Agrigento (Sicilia), 48 personas fueron bloqueadas y multados por celebrar un funeral. En Novara, diez maestras fueron denunciadas mientras se reunían en una escuela. 

Inquietantes también fueron las imágenes de los motines en una treintena de cárceles italianas, que se produjeron el domingo y el lunes, tras que las autoridades decidieron suspender los encuentros de los presos con sus familiares.

Las especulaciones de bioterrorismo y los daños económicos a causa del Covid-19

El desconcierto de la población también ha generado todo tipo de especulaciones y razonamientos. “Esto es bio-terrorismo. Alguien nos lo está haciendo pagar. ¿Quién producirá la vacuna?”, argumentaba una azafata de una aerolínea europea que ha cerrado sus vuelos a Italia. “Qué situación. Parece una pesadilla”, comentaba Francesca, una vecina del barrio romano de Monteverde.

Las ayudas a Italia de China, que esta semana envío plasma, fármacos y nueve técnicos, han sido vistos con buenos ojos por los italianos, mientras que la falta de ayuda de los socios de la Unión Europea ha irritado a Roma.

No en vano. Varios países europeos incluso han restringido las conexiones aéreas con Italia, mientras que Eslovenia, país que comparte una frontera terrestre con la bota itálica, incluso ha puesto obstáculos para la entrada de vehículos procedentes de su país vecino. 

Las personas cantan desde la ventana de su casa durante un 'flashmob' lanzado en Italia para unir a las personas y tratar de hacer frente a la emergencia del coronavirus, en el distrito de Pigneto, en Roma, Italia, el 14 de marzo de 2020.
Las personas cantan desde la ventana de su casa durante un 'flashmob' lanzado en Italia para unir a las personas y tratar de hacer frente a la emergencia del coronavirus, en el distrito de Pigneto, en Roma, Italia, el 14 de marzo de 2020. © Angelo Carconi / EFE / EPA

“Finalmente, el Banco Central Europeo (BCE) ha aceptado dar mayor flexibilidad fiscal a Italia”, titulaban numerosos diarios italianos, tras que las autoridades europeas aceptara el plan de 25.000 millones de euros para enfrentarse a la emergencia (desde la posible parálisis de la cadena industrial a la drástica caída del turismo).

El daño económico podría ser incalculable, y amenaza con arrastrar a la ya alta deuda pública del país. Cafés, restaurantes, museos, cines teatros, gimnasios, escuelas, universidades, peluquerías, discotecas, salones recreativos, y centros de estética, permanecerán cerrados hasta comienzos del próximo mes. 

Toda información sobre el coronavirus ha mantenido pendiente a los ciudadanos que, eso sí, todavía pueden adquirir la prensa italiana en los kioscos, pues los distribuidores y vendedores de diarios no han sido aún incluidos entre las tiendas obligadas a cerrar. 

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