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Siria: lo necesario para entender la guerra sin pausa

Unicef estima que 4,8 millones de niños sirios han nacido durante los nueve años de guerra. Foto tomada en Damasco, Siria, el 2 de noviembre de 2016.
Unicef estima que 4,8 millones de niños sirios han nacido durante los nueve años de guerra. Foto tomada en Damasco, Siria, el 2 de noviembre de 2016. © Bassam Khabieh / Reuters

En los nueve años continuos que se cumplen de la guerra en Siria, el ajedrez político y militar ha cambiado más de una vez, pero el factor común sigue siendo el mismo: las afectaciones contra la población civil.

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Aunque el cese al fuego que pactaron hace dos semanas Turquía y Rusia da un aliento de esperanza de que se desescale una de las peores guerras de los últimos tiempos en el mundo, el impacto del conflicto en Siria está lejos de reducirse. Por el contrario, las cifras de desplazados está alcanzando niveles “sin precedentes”, según la Comisión de Investigaciones que la ONU dedicó para Siria.

La peor crisis que vive el país en este momento es en la región del norte de Idlib, donde los enfrentamientos se recrudecieron desde diciembre de 2019 por la llegada de tropas turcas a apoyar al último bastión que tienen los rebeldes en el país, y tras la decisión de las fuerzas del gobierno sirio de recuperar esa zona a sangre y fuego con el respaldo de Rusia.

“La crisis en Idlib, donde más de 3 millones de personas están actualmente atascadas, se está convirtiendo en una catástrofe humanitaria, donde las familias huyen constantemente y los niños mueren congelados”, afirma la Comisión en su más reciente reporte.

Bombardeos y ataques por tierra, que no distinguen entre campos de refugiados y guarniciones militares, ocasionaron que casi 1 millón de personas abandonara la zona en los tres meses y medio que llevan las confrontaciones en la región.

Pero los nueve años de guerra que se cumplen en marzo de 2020, han dejado mucho más que lo que está pasando en Idlib. Uno de cada tres muertos en la guerra siria es un civil que no estaba involucrado directamente en los hostigamientos. Y esta cifra no es menor si se tiene en cuenta que en total el conflicto ha dejado 384.000 muertos desde 2011, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH), una de las ONG que más ha investigado sobre la guerra en ese país.

Además, Siria es el país con más desplazados en todo el mundo, pues 6 millones de personas han abandonado sus hogares para moverse a otra ciudad siria, mientras que 5 millones han huido del país. La cantidad de desplazados es más de la mitad del total de la población.

El éxodo en Siria, una profunda herida de la guerra

Lo paradójico de esta guerra es que muchos creen que empezó con un grafiti. “Es su turno, doctor”, fue una de las frases que pintaron adolescentes en la ciudad de Deraa en febrero de 2011, cuando la Primavera Árabe apenas iba por Túnez y Egipto. La referencia la hacían por el oftalmólogo Bashar al-Assad, quien asumió el liderazgo del gobierno sirio en el año 2000.

A varios de los jóvenes los torturaron y los enviaron a prisión, lo que desencadenó las marchas por todo el país en contra del gobierno. Y desde entonces, la tensión solo ha ido en aumento.

Protagonistas: una guerra plagada de ejércitos extranjeros

Las protestas en contra del Gobierno de Al-Assad se fueron convirtiendo poco a poco en una confrontación militar, cuando las fuerzas oficiales reprimieron las marchas y, en respuesta, los grupos rebeldes se armaron. Con el paso del tiempo, estos tomaron el control de varias ciudades del norte y del noroeste de Siria, incluyendo Idlib.

Pero el conflicto no solo se quedó entre esos actores. Aunque Turquía, Rusia y Estados Unidos no son los únicos, sí han jugado un papel fundamental en el recrudecimiento de la guerra. Los intereses turcos están relacionados directamente con la frontera que comparten con Siria y donde la población kurda quiere tener su región independiente de Rojava.

Turquía no solo se niega a conceder la autonomía sino que quiere que los kurdos desalojen 30 kilómetros de la frontera. Además, considera como terrorista al grupo de las Unidades de Protección Popular (YPG), por sus vínculos con las milicias del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que los turcos han combatido durante décadas.

Los kurdos ya habían sido perseguidos por el gobierno de al-Assad antes de la guerra. Pero cuando comenzaron las confrontaciones, las fuerzas oficiales perdieron territorios y concentraron sus operaciones en combatir a los rebeldes. Las milicias kurdas aprovecharon el cambio militar y posteriormente forjaron alianzas con Estados Unidos bajo el compromiso de que les ayudarían a combatir al Estado Islámico, que también estaba en Siria. A su vez, los kurdos de Siria se fueron uniendo bajo una coalición a la que llamaron Fuerzas Democráticas Sirias (SDF, por sus siglas en inglés).

Turquía también buscó aliados y comenzó a respaldar a los rebeldes, entre otras razones, para enfrentarse a los kurdos. Otro de los países más relevantes en la guerra siria es Rusia, pues ha respaldado al gobierno de al-Assad con armas y militares para que este recupere todo el poder que ha perdido. Mientras que el gobierno sirio advierte que la guerra solo se acabará cuando controle hasta el último rincón del país.

Mapa de la nueva situación del norte de Siria en la frontera con Turquía tras el acuerdo alcanzado entre Ankara y Moscú.
Mapa de la nueva situación del norte de Siria en la frontera con Turquía tras el acuerdo alcanzado entre Ankara y Moscú. France24

Turquía por EE. UU., un cambio que reconfiguró el mapa militar

El tradicional apoyo de los estadounidenses a las milicias kurdas cambió en octubre del 2019 y con esto se desestabilizó una vez más la puja por el control territorial en Siria.

En un intento por desescalar el conflicto, Estados Unidos pactó con los turcos la creación de centros conjuntos de operación y la formación de la “zona segura” en la frontera que tanto ha querido Turquía. Pero los gobiernos no lograron ponerse de acuerdo en si la salida de los kurdos iba a ser inmediata o escalonada.

Fue así como Donald Trump y Recep Tayyip Erdogan continuaron las conversaciones, hasta que en una llamada telefónica acordaron que las fuerzas turcas entrarían al noreste de Siria, mientras que los militares estadounidenses se retirarían, como lo documentó la ONU. En efecto, las tropas de Estados Unidos salieron de Siria el 6 de octubre y comenzaron a desplazarse hacia Irak.

Turquía, por su parte, envió ejército a por lo menos cuatro puntos de la frontera siria y comenzó a atacar por aire y tierra a los kurdos. Una vez más, los civiles padecieron las consecuencias armadas pues, según la ONU, en un solo día se desplazaron más de 100.000 personas. La Unión Europea y la Liga de los Estados Árabes le pidieron a Turquía que frenara su intervención, pero las tropas de Erdogan continuaron en el territorio

Esto reconfiguró las posiciones militares pues los kurdos se aliaron con su antiguo contrincante al-Assad y, con su complacencia, las fuerzas del gobierno y los rusos comenzaron a atacar a Idlib. Su objetivo es recuperar el último territorio que está bajo control de los rebeldes, a los que Turquía apoya.

La pelea por las nuevas posiciones en el territorio disparó el número de desplazados y llevó a que Turquía abriera las puertas de su frontera con la Unión Europea, a través de Grecia, para presionar por un respaldo en Siria. Actualmente, Idlib vive un cese al fuego que pactaron los gobiernos turco y ruso el pasado 5 marzo. Esto representa una pausa de aliento en una confrontación que ha alcanzado altos niveles de violencia contra los civiles.

Los extremos inhumanos de la guerra

En nueve años, los enfrentamientos en Siria se degradaron al punto que todos los actores armados están acusados de haber cometido crímenes de guerra y de lesa humanidad. Desde la ONU hasta organizaciones de derechos humanos dicen que el gobierno sirio usó múltiples veces las armas químicas que tiene en su poder, como el gas sarín que mata por asfixia y las bombas de cloro. Los hechos más denunciados ocurrieron en 2013 y 2017, aunque no son los únicos, como lo rastreó la ONG estadounidense Arms Control Association.

Por su parte, el gobierno sirio sostiene que Estados Unidos usó fósforo blanco contra los civiles y que en su guerra contra el Estado Islámico (EI) bombardeó hospitales en la ciudad de Raqa, a pesar de que el Derecho Internacional Humanitario lo prohíbe. La ONU también señala a los militares estadounidenses por destruir mezquitas y atacar sin distinguir entre civiles y grupos armados.

El organismo internacional también denuncia que el EI vendió a niñas y mujeres del grupo étnico de los yazidíes después de volveras esclavas, mientras que el OSDH estima que ese grupo irregular tiene presos a por lo menos 3.200 civiles. Los militares turcos también habrían capturado de manera irregular a civiles en Idlib, y estarían estarían robando implementos de agricultura y tanques de agua, según las denuncias conocidas por el OSDH.

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