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Desembarco en Cuba con el coronavirus a bordo

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Mariel (Cuba) (AFP)

"Ha sido un alivio". El británico Steve está de mejor ánimo después de esperar una semana dentro de un crucero con cinco contagiados del COVID-19 a bordo para, por fin, tocar tierra este miércoles en La Habana.

Nadie quería recibirlos. Cuba, que a diferencia de muchos países del mundo y América Latina, hace gala de no haber cerrado sus fronteras, aceptó el riesgo, en una operación altamente destacada en sus redes sociales. Mientras, la enfermedad ya se cobró una vida en la isla.

Steve Dale, de 68 años, y su esposa Lynda (62) dejaron Reino Unido a fines de febrero a bordo del crucero MS Braemar de la británica Fred Olsen Cruise Lines.

Su viaje de 15 días por los paraísos del Caribe se convirtió en una condena, en mar infinito.

El 8 de marzo, al llegar a Cartagena, Colombia, una pasajera estadounidense dio positivo del nuevo coronavirus. Desembarcó allí. Y en la próxima escala, Curazao, ya eran cinco los ocupantes infectados. Se acabó la fiesta. Fueron aislados.

"Muchos no nos preocupamos con contagiarnos, debido a la rigurosa y continua limpieza que se hacía en el barco", cuenta Dale a la AFP, vía correo electrónico, minutos antes de dejar el buque.

El crucero empezó entonces una dura negociación para que algún país los recibiera. Mientras, los aislados en el barco, con 682 pasajeros y 381 tripulantes, superaron la cincuentena, incluido un doctor.

- Cuba a la vista -

En la isla la vida marcha a otro ritmo. Todavía hay música en La Habana Vieja y paseos en descapotables. Hay filas en los supermercados y los estornudos aún se responden con un "salud".

Golpeados ya por las sanciones económicas de Estados Unidos, Cuba necesita del turismo, su motor económico, que en 2018 le significó ingresos por 3.300 millones de dólares.

Confiada en su sistema de salud, que enfrenta carencias pero que ha combatido mundialmente severas epidemias como la del ébola en África, el país reacciona diferente.

Mientras las muertes por COVID-19 ya exceden las 8.700 en el mundo, la isla extrema los controles de ingreso, pero sin cuarentena ni suspensión de clases escolares, solo de actividades públicas. Casi todos los negocios privados siguen abiertos.

Cuba anunció este miércoles su primera muerte por coronavirus, un turista italiano de 61 años, asmático, que llegó a la isla hace unos días con la enfermedad.

En total van 10 casos confirmados. Sin cierre de fronteras, hubo más de 24.000 turistas el último fin de semana en Varadero.

"La cuarentena se da en la medida en que se complejiza la situación del país (...) Las medidas de cuarentena se aplican, a lo mejor en un segundo momento. Trabajamos para que no", considera Francisco Durán, director de Epidemiología del Ministerio de Salud.

Con un 20% de población anciana, grupo más vulnerable al virus, la isla también le pone fe al médico de la familia, un profesional asignado a cada barrio, que puede diagnosticar males a tiempo.

Bajo los rigores del embargo de Estados Unidos y con problemas de abastecimiento, se han dificultado a la isla el acceso a insumos como el jabón, y una sequía complica el abastecimiento de agua.

"Es un poco irónico que Cuba se ofreciera a ayudar mientras ninguno de los países de la Commonwealth Británica o Protectorados Británicos en la región no ofreció ninguna ayuda", considera Dale.

"Países cerrando fronteras. Cuba anclando barcos", dice la Cancillería. Si bien muchos ciudadanos celebran la ayuda ofrecida, otros tantos están preocupados.

"Qué estamos esperando para cerrar las fronteras (...). No podemos permitir que un turista venga a poner en riesgo mi vida", se queja un cibernauta en el portal Cubadebate.

- Hacia Reino Unido -

"Te quiero Cuba". Un cartel con esta frase es mostrado por miembros de la tripulación, en cubierta. Los acompañan profesionales cubanos enfundados en escafandras.

El desembarco ocurrió en el Puerto de Mariel, 45 km al oeste de La Habana, el miércoles por la mañana. Todo bajo estricta vigilancia policial.

Al tocar tierra, las ganas de irse invaden a los pasajeros. Un anciano, a bordo de una silla de ruedas eléctrica, lejos de subir al ómnibus que los llevaría al aeropuerto de La Habana, siguió recto, como quien quiere conducir a casa.

Cuatro aviones británicos llevarán a los pasajeros al Reino Unido. Aún no han especificado si el estado de salud de alguno le impedirá viajar.

La mayoría de tripulantes conducirá el barco de retorno. "Ha sido un alivio y estamos muy agradecidos con las autoridades cubanas y el pueblo cubano", comenta Dale.

Mariel, aquel puerto que en los años 80 fue el escenario de uno de los grandes éxodos cubanos, este miércoles permitió retornos, en un episodio más de esta novela trágica que golpea al mundo.

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